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Sep
21

Reseña de TROUBLE WITH THE CURVE

Texto: Sergio Burstein

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En estos momentos, Kristen Stewart y Clint Eastwood tienen algo en común: sus dos nuevos trabajos serán apreciados no sólo bajo la luz de méritos propios, sino también bajo la de la controversia que ha rodeado a las conductas recientes de los aludidos.

Claro que, en el caso del segundo, no se trata de haberse acostado (¿o sólo besado?) con un director mientras era la pareja de uno de los actores más codiciados del mundo, sino de haber mantenido una larga conversación pública con una silla vacía durante la Convención Republicana para tratar de probar un punto político, como se puede leer aquí.

Lo ocurrido no debería generar demasiada sorpresa, porque Eastwood siempre ha estado del lado de ese partido, aunque mucha de su obra reciente como director ha mostrado aspectos humanistas y de tolerancia que brillan por su ausencia en las propuestas actuales de la derecha  estadounidense.

Por suerte para quienes no comulgamos con los deseos de Romney, la nueva película de Eastwood, "Trouble With the Curve", mantiene la línea apolítica pero cercana a los sentimientos humanos que han distinguido a su obra tardía, hasta el punto de que podría haber sido firmada por el veterano como director (no es una afirmación muy aventurada, ya que tuvo al mando a Robert Lorenz, quien ha sido socio de producción de Eastwood por un buen tiempo).

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Obviamente, Lorenz no es Eastwood ni tiene tanta experiencia en el puesto (es la primera vez que dirige un largo, mientras que el segundo ha dirigido ya en 32 ocasiones), y eso se nota sobre todo en el aspecto visual, que a pesar de su corrección, no goza de la minuciosa planificación clásica presente en la obra del otro. Lo que sí sorprende son los excelentes resultados obtenidos en el área de la actuación, lo que por otro no debería sorprender si se considera la calidad de los intérpretes elegidos, empezando por Amy Adams y, por supuesto, el gran Eastwood.

"Trouble" puede venderse de algún modo como una cinta sobre beisbol, y hacerlo no sería totalmente erróneo, porque hay mucho en ella para complacer al fan del deporte. Pero en realidad es una cinta incluso menos enfocada en la práctica deportiva que "Moneyball", el título de Bennett Miller con Brad Pitt, y que se centra en la relación entre un padre y una hija que tienen varias deudas emocionales pendientes.

Gus Lobel (Eastwood) es un buscador de talentos de los Atlanta Braves que debe viajar a Carolina del Norte para permitir que el equipo para el que trabaja contrate al adolescente apropiado para su nueva temporada. Por su parte, Mickey (Adams) es una exitosa abogada que acaba de ser incorporada como socia de una poderosa firma legal, lo que constituye un enorme logro, debio a su corta edad y a que es una mujer.

Pero las cosas no van bien en el primer bando, como lo muestra una impresionante escena de introducción en la que, luego de soñar con un caballo, Gus es mostrado como un tipo con dificultades para orinar y, sobre todo, para ver, una cualidad que resulta obviamente esencial en su profesión. Estos momentos dan cuenta del valor de Eastwood para meterse en un papel que, más que nunca, lo obliga a asumir las condiciones de su propia edad, aunque el personaje mantiene ese estilo gruñón y cínico que resulta tan común en sus caracterizaciones.

Trouble3Sea como sea, no cabe duda de que Eastwood se encuentra interpretando un papel (en primer lugar, porque él mismo se encuentra en mucho mejor estado que Gus, como lo contaremos en la cobertura de la conferencia de prensa que publicaremos pronto), y que ese papel le permite explorar ciertas cuestiones familiares con la estrecha colaboración de una Adams que impacta tanto con su talento con su belleza (aunque en un momento dado Gus le diga a su personaje que "deje de meter su nariz puntiaguda en sus asuntos", lo que resulta pertinente y cómico en vista de los rasgos naturales de la actriz).

Y es que Mickey se ve forzada a viajar hasta Carolina del Norte para acompañar a Gus, presionada por el pedido de Pete, un amigo de su padre que es interpretado por el siempre eficaz John Goodman, lo que pone en riesgo su nuevo trabajo, aunque le permite reestablecer una conexión que se encuentra seriamente afectada por circunstancias que se irán desarrollando de manera paulatina y, por supuesto, conocer a Johnny Flanagan, un joven y sensible cazatalentos encarnado por el también competente Justin Timberlake.

 A pesar de sus detalles distintivos, "Trouble" incurre ocasionalmente en esos clichés que se ven ya venir cuando se revisa la trama, y hay algunas situaciones cerca del desenlace que resultan demasiado fortuitas. Pero ésta parece ser de algún modo una regla de las cintas relacionadas a deportes, como lo prueba el hecho de que pasa algo semejante en "Backwards", un estreno independiente sobre remo olímpico que sale en salas el mismo fin de semana.

De todos modos, el nivel de interacción entre Eastwood y Adams es siempre verosímil y digno de verse, y a pesar de que el personaje de Timberlake parece caído del cielo y colocado convenientemente en la historia para llamar la atención de cierto público, la química que establece con la pelirroja no resulta inconsistente.

Y hay otros detalles que resultan interesantes aunque rompan el punto de vista establecido, porque si bien ésta es sin duda una película hecha por devotos del beisbol, incluye escenas que parecen cuestionar la arrogancia de algunos de los jóvenes jugadores anglosajones y darle en cambio preferencia a los deportistas modestos y latinos que anhelan incorporarse al profesionalismo.

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