Reseñas de cine

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Oct
12

Reseña de ARGO

Escrito por Sergio Burstein

Texto: Sergio Burstein

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A menos que Ben Affleck se encuentre secreta e inexplicablemente metido en asuntos propios de servicios de inteligencia, el hecho de que “Argo” se estrene en un momento que le brinda una vigencia muy particular tiene que ser una casualidad. Pero es así, ya que recrea un caso histórico que recuerda en más de un modo el reciente ataque a la embajada estadounidense en Libia que acabó con la vida del embajador de este país en la nación árabe, y que se relaciona de algún modo con la revelación de una película de ínfima calidad que ataca despiadadamente al profeta Mohama.

De hecho, la primera escena de “Argo”, en la que una furiosa turba iraní rodea, ataca y se posesiona de una embajada estadounidense en suelo árabe, parece ser un anticipo de las escenas mostradas a través de los medios de comunicación en relación al ataque de Benghazi, que según algunos informes nuevos, habría tenido que ver con Al Qaeda. Pero lo cierto es que Affleck no parece haber querido trazar un vínculo directo entre el radicalismo musulmán de fines de los ’70 y el terrorismo actual, ya que se preocupa en dejar en claro que las acciones que presenta en su cinta tuvieron un sustento más fuerte que el de la polémica película “Innocence of Muslims”, porque apuntaban a un reclamo a todas luces justo: que Estados Unidos devolviera a su lugar de origen al Sha de Irán, un ex gobernante acusado de abusos de derechos humanos.

Claro que “Argo” no es una oda a favor de los musulmanes ni mucho menos, porque se centra en un supuesto acto de heroísmo protagonizado por el agente real de la CIA Tony Mendez, quien, por supuesto, es interpretado por Affleck, un actor y director con un firme manejo del lenguaje cinematográfico y una evidente afición por la espectacularidad propia del gran cine hollywoodense (aunque haya demostrado bastante versatilidad en sus trabajos como realizador, que incluían ya antes de esto a “Gone Baby Gone” y “The Town” –donde él mismo hacía de un delincuente-).

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Aunque el narrador inicial de la cinta describe varios antecedentes históricos que no deben pasarse por alto, porque hablan del modo en que Estados Unidos sacó a un presidente benévolo de Irán para colocar a un tirano (lo que explicaría de algún modo lo que ocurrió después), una vez que nos encontramos metidos en el proceso del rescate, se nos coloca inevitablemente en una historia de ‘nosotros contra ellos’ que puede verse a veces atenuada por las declaraciones de los secuestradores de que “la lucha no es contra los cuidadanos estadounidenses”, pero que encuentra por otro lado a Mendez como un sujeto de moral inamovible que, a pesar de tener completamente descuidado a su pequeño hijo debido al trabajo y de poseer inclinaciones alcóholicas, está abocado en cuerpo y alma al bienestar de sus compatriotas, lo que le brinda un aire estoico probablemente exagerado (a fin de cuentas, ¿no es representante de la misma CIA que fue parte del problema?).

Lo bueno es que todos estos reparos -que, a fin de cuentas, pueden depender de inclinaciones ideológicas, pero demuestran también algunas ligerezas en el guión escrito por Chris Terrio- quedan relegados cuando el espectador se zambulle de lleno en la parte media del filme, que deja en esos momentos de ser un recuento fidedigno de hechos del pasado para transformarse en un trepidante ‘thriller’ convicentemente rodado en un Estanbul que finge ser Teherán (con varias tomas registradas en Los Angeles). Y es entonces cuando Affleck saca a relucir sus mejores cualidades como realizador, colocando al espectador al borde del asiento a través de un relato que se va haciendo más y más apremiante (como lo adelanta ya el trailer, Mendez tiene sólo 72 horas para el rescate), y que se encuentra respaldado por el brillante trabajo de fotografía del mexicano Rodrigo Prieto, quien ha colaborado varias veces con Alejandro González Iñárritu y posee sin duda el ojo adecuado para darle a sus trabajos un sesgo propio del buen cine policial estadounidense de los 70, fundamentado por cineastas como Sidney Lumet y William Friedkin.

Además, en un interesante giro que, al igual que lo ocurrido con “Innocence of Muslims”, mezcla la fantasía del cine con la dureza de la vida real, “Argo” encuentra a Mendez fraguando su misión a través de una estrategia insólita: hacerse pasar por el productor canadiense de una inexistente película de ciencia-ficción que se filmará supuestamente en el Oriente Medio, y lograr que seis diplomáticos que se encuentran escondidos en la embajada canadiense de Teherán crucen los tres inexpugnables puestos de control que les permitirían escapar del país como si fueran parte del equipo de realización de la misma cinta.

Arg3Esto crea un juego de metalenguaje que, fuera de las implicancias políticas de la historia, puede entusiasmar a los cinéfilos, sobre todo si se toma en cuenta que llega respaldado por impecables actuaciones deAlan Arkin (“Little Miss Sunshine”), John Goodman (“Trouble With the Curve”) y Bryan Cranston (“Breaking Bad”). Los dos primeros interpretan a unos productores de Hollywood especialmente simpáticos, divertidos y experimentados, y aunque resulta difícil sacarse de encima la imagen de quienes son en realidad, esto no es aquí un gran problema, ya que se encuentran encarnando justamente a personajes del mismo medio al que pertenecen.

No faltan tampoco las referencias al género fantástico, ya que la idea de la estrategia de rescate le llega a Mendez mientras ve en la televisión una escena de “Battle of the Planet of the Apes”, y debido a la necesidad -literalmente de vida o muerte- de que el inexistente proyecto fílmico luzca lo más realista posible ante los ojos de las autoridades iraníes, los encargados de ponerlo en práctica tienen que crear una infraestructura plenamente verosímil, lo que los lleva, entre otras cosas, a conseguir un guión de verdad y dibujar una serie de storyboards que remiten vagamante a “Star Wars”, pero que dan también cuenta de la supuesta necesidad de filmar en los territorios que deben visitar para el desarrollo de la misión.

Lo más impresionante, por supuesto, es que la trama se basa en un suceso real, que permaneció en secreto hasta ser desclasificado por el gobierno de Clinton en 1997, pero que fue contado poco después en al menos en un par de libros, uno de ellos escrito por el propio Mendez. Aunque no se dispara una sola bala, no todo lo que se ve se refleja con fidelidad la verdad, sobre todo en la escena culminante, en la que Affleck y Terrio admiten haberse tomado más de una licencia; pero el hecho de que mucho de lo que se cuenta haya pasado en realidad da cuenta de un caso fascinante, a pesar de que algunos están reclamando que el papel de ayuda de los canadienses no está representado en toda su dimensión. Y habría que ver lo que piensan los iraníes de esta versión.

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