Reseña de CLOUD ATLAS
Texto: Sergio Burstein

Erigida sobre la base de seis historias paralelas que se desarrollan en diferentes épocas, lugares y realidades y que inicialmente no parecen tener en común más que el empleo de los mismos actores para interpretar papeles diferentes, “Cloud Atlas” es una impresionante y a veces confusa reflexión sobre la condición humana que, en medio de sus innumerables ramificaciones, resulta mucho más entretenida de lo que podría esperarse, y que termina teniendo sentido dentro de la filmografía de sus directores, Andy y Lana Wachowski (“The Matrix”), quienes se unieron a Tom Tywker (“Run Lola Run”) para llevar a buen puerto la maratónica labor.
Esta es una cinta de la que no se puede esperar gratificación inmediata, sobre todo cuando se sabe que se basa en una novela de 500 páginas del autor británico David Mitchell que era supuestamente imposible de filmar, y que antes de ser llevada a la pantalla contaba ya con tantos adeptos como detractores, debido a lo que algunos consideraban saludables ambiciones y otros vanas pretensiones.

Puesta sobre la pantalla, la laberíntica aventura impacta siempre por su tono visual, y aunque no es siempre comprensible (sobre todo si se ve sin subtítulos, porque hay muchos diálogos en un inglés casi indescifrable), mantiene un aspecto de gran producción hollywoodense capaz de comunicarse con las grandes audiencias.
Y es que su discurso es mucho más experimental en la estructura narrativa no lineal que en los relatos que contiene, que en el fondo son bastante sencillos y apuntan en términos generales a la relación existente entre los seres humanos cuando se trata de buscar el amor y la libertad (a fin de cuentas, el eslogan del filme es “todo está conectado”).
En cierto nivel, la película trata sobre contar historias, como lo prueba la escena de apertura, en la que un viejo campesino (una de las tantas encarnaciones de Tom Hanks) hace exactamente eso ante una audiencia desconocida que se descubrirá en la secuencia de cierre, luego de casi tres horas de espera.

Inmediatamente después, a través de escenas breves, se empiezan a sentar las bases de las diferentes historias: la de una mujer clonada del año 2144 que vive una vida de completa sumisión sin saberlo; la de un artista gay de los '30 que decide trabajar con un compositor genial pero enfermo; la de un joven de 1849 cuyo apoyo a la esclavitud se pondrá a prueba en una travesía oceánica; la de una periodista de los '70 que investiga irregularidades en un reactor nuclear; la de un editor literario del 2012 que termina involuntariamente en un asilo; y, por supuesto, la del campesino ya citado, que vive en el 2346 y establece una curiosa relación con una visitante proveniente de una zona privilegiada (una de las muchas interpretaciones de Halle Berry).
Descritos de esta manera, los relatos podrían parecer retazos de una nueva versión fílmica de “Twilight Zone”; y si bien el elemento fantástico y fantasioso está muchas veces presente, las artimañas aquí son más ingeniosas, a pesar de que las insinuaciones sobre la reencarnación puedan ser cuestionables y algunos de los mensajes se plasmen de manera bastante elemental (hay, por ejemplo, una latina que se convierte en heroína al golpear a un villano luego de que éste la llama “wetback”, y la impronta anticorporativa de una de las aventuras tiene un tinte convenientemente Occupy).
El salto constante entre una y otra historia da una impresión de dificultad que no es en realidad tan exagerada, puesto que, de manera individual, cada una de los relatos progresa por lo general de modo cronológico, en medio de flashbacks ocasionales.
Además, el sentido del espectáculo cinematográfico al que nos acostumbraron los Wachowski en su saga más famosa (y que desvirtuaron en su decepcionante versión fílmica de “Speed Racer”) regresa en toda su gloria, apoyado por los más de 100 millones de dólares (¡!) que configuraron supuestamente el presupuesto, conseguido a través de medios independientes.
Este retorno se observa no sólo durante el segmento futurista, que los encuentra en plan muy “Matrix”, sino también en los demás, que tienen siempre momentos de persecución, de suspenso y de acción, ya sea en naves voladoras, en embarcaciones marítimas, en praderas naturales o en los todavía efectivos automóviles de nuestra era.
Los dos hermanos y Tykwer tuvieron también el tino y la precisión necesaria para que los relatos alcanzaran puntos importantes al mismo tiempo, lo que incrementa la tensión dramática y da cuenta de una minuciosa planificación que cualquier cinéfilo debería admirar. Los logros cinematográficos de “Cloud Atlas” en lo que respecta a la puesta en escena son indudables, y deberían garantizarle a la cinta una participación generosa en la carrera por los Oscar.
Pero no sabemos si debemos decir lo mismo de las actuaciones, ya que si bien los más de diez intérpretes que se desdoblan para caracterizar a muchos personajes diferentes (algunos se encargan hasta de seis) merecen indudablemente reconocimiento por el esfuerzo y el eclecticismo mostrados, ninguno de ellos resulta realmente memorable de manera individual debido a la necesaria brevedad de sus roles.
Si hubiera que elegir, nos quedaríamos con las interpretaciones de la deslumbrante Donna Bae como la esclava futurista y la del divertidísimo Jim Broadent como el editor en aprietos, aunque sería injusto quitarle a Hanks los méritos relacionados a la disponibilidad que tuvo para someterse a toda clase de atuendos, pelucas y prótesis. Al menos, él es quien supera siempre con dignidad el reto, mientras que otros llegan a verse ridículos debido al excesivo maquillaje que se les coloca para distinguir a sus personificaciones y cambiarles incluso el género sexual, aunque tratar de descubrir a la celebridad tras la máscara se convierte en un ejercicio entretenido.
En todo caso, no hay que olvidar que, como lo contamos ya aquí, Lana Wachowski fue hasta hace poco Larry, por lo que el proceso transgenérico de la ficción representada podría ser una alusión a su propia conversión de la vida real... y poseer por ello un trasfondo de valor adicional.














Comentarios
Y lo del maquillaje que mencionas a mí me gustó, porque hay veces que no sabes qué actor es e intentas averiguarlo
Me pareció una maravilla, la verdad.
Suscripción de noticias RSS para comentarios de esta entrada.