Reseñas de cine

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Dic
13

Reseña de AHI VA EL DIABLO (HERE COMES THE DEVIL en EE.UU.)

Escrito por Sergio Burstein

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Pese a que algunos conocedores citan ya una lista generosa de títulos, es poco lo que sabemos y, por supuesto, lo que hemos visto del cine de terror latinoamericano reciente, a diferencia de lo que ocurre con su contraparte española, que en medio de su gran influencia y de sus diálogos en español, se ha convertido en un fenómeno con particularidades propias.

Es por eso que los amantes del género que viven en Los Angeles y en Nueva York deben sentirse agradecidos por el estreno comercial de hoy de "Ahí va el diablo" (también disponible en Video On Demand), que se desarrolla en Tijuana con un reparto completamente mexicano pero que, curiosamente, fue hecha por un director argentino-español: Adrián García Bogliano.

Como lo sabrán todos los que lo conozcan de algún modo -al menos dos de sus trabajos estaban ya en Netflix-, el estilo de García Bogliano tiene poco que ver con el arte preciosista de, digamos, un Guillermo del Toro, y mucho con las propuestas estéticas y narrativas de la serie B. Esto le ha generado quizás tantos detractores como admiradores, aunque haya tenido en cambio mucho éxito en los eventos de género (de hecho, "Ahí va el diablo" recibió 5 premios en el Fantastic Fest del 2012).

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En ese sentido, cuando se aprecia su obra, no puede esperarse un lenguaje visual deslumbrante ni una línea narrativa absolutamente coherente. Pero no cabe duda de que esta nueva cinta, lograda sobre la base de financiamiento estadounidense, es claramente superior a las que ha hecho antes, no sólo porque muestra mucho más cuidado en la producción, sino porque tiene la gran virtud de otorgarle un giro original al muy manoseado tema de la posesión satánica, que ha sido usado y abusado por la industria estadounidense.

Pese a la locación que emplea, "Ahí va el diablo" se encuentra muy lejos de ser una suerte de "Miss Bala" con elementos de horror (algo que, de hecho, no nos molestaría ver). El asunto de la narcoviolencia se deja completamente de lado para contar la historia de una pareja que, durante un viaje de placer, se enfrenta primero a la desaparición de sus dos hijos menores en un cerro aledaño y, una vez que estos regresan, a los evidentes y cada vez más alarmantes cambios de conducta que muestran, como probable consecuencia de una agresión sexual.

La presencia del sexo es muy marcada en todo el filme, desde la escena misma de introducción, que muestra a dos lesbianas en pleno acto amatorio, minutos antes de que una de ellas sea salvajemente atacada por un asesino en serie. Esta apertura lleva a suponer que lo que se vendrá es un 'slasher' más o menos convencional, cuando en realidad, la trama salta de inmediato a sus personajes principales para asumir la inesperada ruta del drama familiar.

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Pero eso no la lleva a apartarse de lo carnal y a relacionarlo de algún modo con el terror: temprano en la historia, una preadolescente se enfrenta a su primera menstruación y deja inadvertidamente a la vista de un tipo potencialmente peligroso su primera prenda manchada, y poco después, mientras sus dos hijos se van de paseo al cerro, Félix y Sol (muy bien interpretados por Francisco Barreiro y Laura Caro) aprovechan la ocasión para tener un 'rapidín' en el auto.

Las dos circunstancias se ligan irremediablemente a los males que se presentarán luego, lo que podría revelar tanto una tendencia conservadora por parte de García Bogliano -quien escribó también el guión- como una simple referencia a ciertos parámetros del género, presentes también en el ominoso empleado de la gasolinera que le cuenta a la aterrada Sol leyendas poco gratificantes sobre espíritus malignos que habitarían la montaña en la que sus hijos acaban de perderse.

Siguiendo esa tendencia, y en medio de sus bienvenidos detalles psicológicos, "Ahí va el diablo" asume a veces una ruta sensacionalista que desconcertará probablemente a quienes esperen algo más "serio", lo que se suma a algunas acciones poco verosímiles de los protagonistas y a una estética que, en medio de su saludable empleo de la geografía de Baja California y a su rechazo de efectos visuales baratos, recurre frecuentemente a esos zooms intempestivos que tanto distinguían al horror 'indie' de los '70.

Se trata, en suma, de una propuesta atípica para lo que se espera actualmente de un género que, pese a los innumerables vaivenes sufridos, todavía tiene mucho que ofrecer, y cuyas mayores esperanzas parecen encontrarse actualmente en manos de realizadores ajenos a las convenciones y a la falta de riesgo que atraviesa el terror cuando se lo deja a cargo de Hollywood.