Reseñas de cine

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Feb
15

Reseña de NO

Escrito por Sergio Burstein

Texto: Sergio Burstein

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Las dictaduras militares que se dieron en Sudamérica a lo largo de los ’70 han sido el objeto de atención de varias producciones fílmicas de la zona, realizadas naturalmente luego del regreso a la democracia. Aunque Argentina -donde acabó antes el mandato de los uniformados- fue de algún modo precursora en el manejo del asunto gracias a “La historia oficial”, que se llevó incluso el Oscar a Mejor Película Extranjera en 1986, Chile empezó a relatar su propia experiencia una vez que Augusto Pinochet salió del poder.

Lo interesante de "No", que se estrena hoy de manera limitada en Nueva York y en las salas Landmark y Sundance Sunset de Los Ángeles, es que recrea justamente el proceso que terminó con la salida de Pinochet, quien tuvo que abandonar su puesto luego de ser derrotado en un plebiscito realizado en 1988. Y lo hace, además, con el uso de una estética visual que intenta permanentemente ubicar al espectador en el momento de los hechos, aunque esto la lleve a tomar una decisión técnica que desafía los condicionamientos actuales de la audiencia.

no_pelicula-posterEn una época en la que todo el mundo está acostumbrado al IMAX, a la 3D y a la HR, "No" (que competirá en una semana por el Oscar a Mejor Película Extranjera) ha sido hecha con una cámara U-matic de 1983, lo que quiere decir, en otras palabras, que luce incluso en las salas como si hubiera sido grabada en uno de esos formatos antiguos de video que nadie emplea ya.

No se puede negar que la estrategia resulta inicialmente una distracción, y que provocará quizás en algunos protestas al pensar que la sala de cine les está dando gato por liebre al proyectar un video de mala calidad; pero, una vez que el espectador se mete en la historia -lo que, francamente, ocurre muy pronto-, la baja resolución deja no solamente de ser un problema, sino que adquiere sentido en el contexto narrativo que se maneja.

Fuera de que el director Pablo Larraín ha dicho que una de las razones menos aparentes para hacerlo así fue protestar "contra la homogeneidad de la alta resolución", la intención principal de este recurso es trasladar a quien lo ve al corazón de una campaña que se desarrolló básicamente a través de la televisión, por lo que resultaba natural no sólo recurrir a los comerciales reales, sino reproducir esa estética estética (que todavía permanece en la mente de muchos latinos) en el resto de la historia.

En "No", Gael García Bernal -quien no necesita mayor presentación- hace de René Saavedra, un exiliado chileno que regresa a su país invitado por una oposición que intenta por todos los medios posibles un cambio de gobierno. Sus habilidades en el campo de la publicidad lo vuelven candidato ideal de un proyecto que, como lo ven muchos de sus adeptos, necesita adoptar una postura distinta a la del resentimiento que ha marcado todos los intentos anteriores.

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Esto no quiere decir que René tenga el camino fácil, porque en medio de las reuniones iniciales, descubre que hay muchos militantes que se sienten literalmente ofendidos por el hecho de que pretenda basarse la campaña en la alegría y no en el evidente sufrimiento de ellos mismos, las víctimas de la situación y los miles de desaparecidos del gobierno. Por ese lado, y pese a que la situación tiene como resultado algunos momentos involuntariamente divertidos, el guión escrito por Pedro Peirano (sobre la base de un monólogo del conocido escritor Antonio Eskármeta) evita hacer proselitismo, otorgándole en cambio a las discusiones un carácter de observación que no llega a ser distante por la constante intrusión de la cámara en mano.

Por su lado, García Bernal, que ha desempeñado ya con mucha dignidad varios roles de impronta política (como el Sebastián de "También la lluvia" y, por supuesto, el joven Che Guevara de "Diarios de motocicleta"), asume la interpretación de René con una mezcla de sutilidad y de ambigüedad que le quita definición, disgustando probablemente de paso a quienes esperaban que se tratara de un personaje con "un compromiso" más grande; pero lo cierto es que, más allá de que este sujeto sea el compendio de varios publicistas reales, el resultado histórico de la campaña parece haber terminado dándole la razón a su postura optimista y desenfadada. Además, el mexicano -que es un excelente actor-sale bastante bien librado del reto del acento chileno, que no es nada fácil de imitar.

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"No" está lejos de ser una comedia, pero, a diferencia de las también notables obras anteriores del realizador, que eran incluso trágicas, posee varios momentos ligeros, provenientes no sólo del desarrollo del guión, sino de la realidad misma, ya que muchos de los comerciales de ambas campañas buscaron intencionalmente un tono divertido para convencer a los votantes.

Este el cuarto largometraje de Larraín y el tercero que habla de la dictadura en su país; si quieren ver los dos primeros sobre el tema y tienen acceso a Netflix, pueden hacerlo allí. El primero, "Tony Manero", se situaba en medio del proceso militar; el segundo, "Post Mortem", estaba ubicado en su parte media, y éste le da cierre a un periodo que el cineasta considera obviamente nefasto.

Pero Larraín asegura que el término de "trilogía" le fue colocado por la prensa, porque esto surgió del modo en que surgió sin pensarlo demasiado. Sea como sea, el logrado cierre del tema en "No" le da ahora la oportunidad de cambiar por completo de horizonte. Habrá que ver si lo hace.

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