Reseñas de cine

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Mar
15

Reseña de THE INCREDIBLE BURT WONDERSTONE

Escrito por Sergio Burstein

Texto: Sergio Burstein

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En la primera escena de The Incredible Burt Wonderstone, un niño que es cruelmente atacado por los matones de su escuela e ignorado por una madre que requiere de dos trabajos para mantenerlo encuentra súbitamente consuelo en un juego de magia que es su único regalo de cumpleaños.

El chico, interpretado por Mason Cook (“Spy Kids: All the Time in the World”), traba inesperadamente amistad con Anton, un compañero de clases que es incluso más ‘nerd’ que él, y cuya caracterización se encuentra en manos del desconocido pero convincente Luke Vanet. La cómica pero a la vez tierna relación entre los dos  lleva a imaginar los resultados que hubiera tenido la historia si se hubiera mantenido siempre con los pequeños.

Pero, en lugar de hacerlo, el guión de Jonathan Goldstein y John Francis Daley, dirigido por Don Scardino (“30 Rock”), da un salto de muchos años para mostrar a Burt y a Anton de adultos, cuando se han convertido ya en magos profesionales y aceptan la propuesta de un magnate de Las Vegas (muy bien interpretado por James Gandolfini, de “The Sopranos”) para ser el acto central de su conocido y fastuoso hotel. En la escena siguiente, 10 años después, ambos están completamente metidos en una rutina cargada de escenografías aparatosas y de coreografías cursis que los ha vuelto millonarios y exitosos, pero que les ha arrebatado a cambio el alma (figurativamente, claro, porque esto no va por el lado del fantástico).

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La premisa del filme promete mucho, pero el atropello con el que se lleva a cabo el paso temporal entre los entusiastas llenos de ilusiones y los sujetos que se pelean todo el día no permite realmente entender lo que ha ocurrido psicológicamente con ellos, pese a que sus interpretaciones son encomendadas a actores tan capaces como Steve Carell (“Crazy, Stupid, Love”) y Steve Buscemi (“The Big Lebowski”).

Más por imposición del guión que por evolución de los personajes, lo único que puede sacar a Burt y Anton de la medianía agobiante en la que se encuentran es un verdadero reto, y éste llega bajo la forma de Steve Gray, un artista de origen callejero que, más que realizar actos de magia, protagoniza sesiones públicas de barbarie en las que se daña intencionalmente para despertar el morbo de los transeúntes y, por ende, un éxito cada vez mayor.

Gray es interpretado por Jim Carrey, un actor que para muchos resulta poco menos que insoportable, pero que a nosotros siempre nos ha caído bien, pese a sus numerosos disfuerzos. Aquí, Carrey emplea sus excesos de manera más medida, pese a que el personaje es evidentemente un tipo desquiciado, y tiene además la oportunidad de lucir un estado físico absolutamente impresionante para un tipo que ya  pasó la barrera de los 50.

Gray está inspirado en las tácticas radicales de los muy reales Chriss Angel y David Blaine, lo que constituye un detalle interesante; pero el problema es que, al estar desprovisto de una personalidad compleja, termina convertido en un objeto más de utilería, en un obstáculo que parece más un elemento físico que uno de carne y hueso.

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Tampoco tiene gran sentido dramático la presencia de Jane, una  trabajadora del equipo de Wonderstone que se convierte de pronto en asistente del mago. La dama que la encarna, Olivia Wilde (“Tron: Legacy”), es sin duda bellísima y muy simpática; pero si los pinitos escénicos de Jane son entretenidos por la torpeza con que los enfrenta, el desarrollo del personaje es absolutamente predecible, y lo convierte en una simple excusa para el romance.

La mejor carta de salvación es Alan Arkin, el actor que se dio a conocer internacionalmente con “Little Miss Sunshine” y que estuvo hace poco en la muy celebrada “Argo”. El veterano tiene una presencia tan imponente que le bastan dos minutos para deslumbrar (los que lo muestran como el mago Rance Holloway en la cinta de video contenida en el juego de magia del Burt niño); y reaparece luego, cuando el protagonista lo encuentra en un asilo para artistas ancianos de Las Vegas que no tuvieron éxito (otro escenario con un gran potencial).

Lamentablemente, el proceso de expiación de Burt resulta inverosímil, ya que es difícil de creer que un canalla de su clase pueda cambiar positivamente de la noche a la mañana (y eso es casi literalmente lo que ocurre aquí, revelando el empleo descarnado de una fórmula). Es una pena, cuando se considera que, hasta cerca de la mitad de su metraje, la película es capaz de despertar risas verdaderas y hasta cierto entusiasmo. A fin de cuentas, se piense lo que se piense en Hollywood, hacer una gran comedia no es un simple truco de magia.