Reseñas de cine

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May
10

Reseña de AFTERSHOCK

Escrito por Sergio Burstein

Texto: Sergio Burstein

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Aftershock, que se estrena hoy, es el nuevo trabajo como productor de Eli Roth, un estadounidense que se hizo mundialmente conocido como director de “Hostel”, cinta cargada de ‘gore’ que parece tener tantos admiradores como detractores y que, además de inaugurar una fructífera saga, fue responsable de la imposición del término 'torture porn'.

Por ese lado, el espectador que acuda a ver “Aftershock” debe ya estar prevenido de que ésta no será una película apacible ni ligera, sino una que promete enormes estallidos de violencia. Pero no sabrá necesariamente que se trata de una obra esencialmente latina, tanto por su equipo de realización como por sus locaciones y una buena parte de su elenco; y, además, de una obra con cierto aspecto de crítica social que no se espera necesariamente en productos de este tipo.

La cinta se encuentra dirigida y co-escrita (al lado de Roth) por Nicolás López, un chileno que antes de esto había hecho una cantidad impresionante de largometrajes en su país en un tiempo récord, y que, curiosamente, sólo había filmado comedias. Suena muy raro, claro, pero ver “Aftershock” es darse cuenta de que éste no es un trabajo que dependa únicamente de la sensibilidad truculenta de Roth, sino que, en toda su primera parte, posee un estilo realmente divertido.

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La historia empieza con la llegada de Gringo (Roth) -un turista estadounidense que sólo busca diversión- a la ciudad de Santiago, donde traba amistad con Pollo (Nicolás Martínez), un nativo de la ciudad que es muy carismático, pero también muy arrogante, debido a la inmensa fortuna que tiene (se le ve incluso regalando billetes). Pese a esta abundancia de medios, está claro que Pollo no tiene ni la pinta ni el tacto para seducir a las mujeres por lo que vale como persona; se dedica sobre todo a gastarle bromas pesadas a su mejor amigo, Ariel (Ariel Levy), quien tiene incluso menos habilidades sociales que él y se encuentra enfermizamente obsesionado con su ex.

Pero, como es lógico, el dinero le abre muchas puertas a Pollo y a sus compañeros, sobre todo las de los ultramodernos y estruendosos clubes nocturnos de la capital en los que retumba la música comercial y plástica que se puede escuchar en las grandes urbes del mundo entero, y donde bailan sin tregua algunas de las muchachas más bellas que Gringo haya visto, estimuladas a veces por el ya cosmopolita éxtasis.

Debido a la clara pertenencia del grupo masculino a las filas de lo ”nerd”, estas escenas se orientan a describir de modo jocoso las aventuras y desventuras que atraviesan sus integrantes; pero su aspecto decididamente ligero se ve infiltrado aquí y allá por comentarios sobre la desigualdad social que los rodea, que ellos mismos fomentan y que se agudizará más adelante.

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Cuando conocen finalmente a un ramillete de linduras internacionales (las hermanas estadounidenses Monica y Kylie y la rusa Irina), la suerte de los amigos con las mujeres promete cambiar, sobre todo cuando ellas aceptan su invitación para visitar Valparaíso, un balneario cuyas calles tienen un aspecto más tradicional, pero cuyas discotecas lucen exactamente igual y difunden los mismos sonidos infames que las de Santiago.

Es allí donde todo se va al diablo, porque el grupo se encuentra en plena fiesta justamente en el momento en el que se produce el estremecedor terremoto que azotó las costas chilenas el sábado 27 de febrero del 2010 en la madrugada. Lo que sigue entra de lleno en la escuela de Roth, con exhibiciones absolutamente gráficas de los daños físicos que sufren muchas de las víctimas ante el desastre, incluyendo de un modo u otro (y de manera cada vez más grave) a los protagonistas.

Afortunadamente, en medio del generoso “gore” que empieza a inundar la pantalla, López ha establecido ya la presencia de figuras humanas y realistas, lo que hace que sintamos algo por ellas, incluso en lo que respecta a aquellas cuyas conductas nos parecían lamentables. No hay ningún personaje admirable ni magníficamente desarrollado, pero el hecho de que hayamos pasado tanto rato con ellos hace al menos que los compadezcamos, sobre todo cuando muestran gestos de solaridad más primarios que heroicos.

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Y si las reglas básicas de la dramatugia dicen que los obstáculos engrandecen el drama, la película los tiene a montones, normalmente justificados, sobre todo en lo referente a un movimiento sísmico auténtico que tuvo varias réplicas (es de ahí de donde viene el título de “Aftershock”), las mismas que provocaron más de un derrumbe adicional y, en el plano de esta historia, más daños físicos para los personajes principales.

Pero aquí hay más niveles, porque si bien la Naturaleza es la que desencadena la tragedia y la que la reaviva esporádicamente, la peor enemiga de todos termina siendo la condición humana. Fuera del recurso de los reos peligrosos escapados, que parece demasiado, también se producen problemas (y bajas) ante el contacto con una población de bajos recursos que se encuentra asustada y proclive al rechazo debido al caldo de cultivo de diferencias sociales que mencionamos más arriba (como debe ser, esta parte de los diálogos es en español).

Sentimos al escribir esto que estamos dándole quizás un aire demasiado intelectual a un filme que muchos calificaron de “exploitation” sin haberlo siquiera visto y que, a no dudarlo, será desestimado de plano por otros debido a su marcada violencia; pero sentimos también que “Aftershock” ha generado en nosotros inquietudes que no vienen de la mano con producciones inferiores del género, lo que tendría que llevarnos a decir que se trata de un aporte creativo, original y polémico al género de terror con impronta latina. ¿Qué más se puede pedir del miedo sobre la pantalla?

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