Reseñas de cine

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Abr
05

Reseña de RUBBER

Escrito por Sergio Burstein

Texto: Sergio Burstein

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Si esta película se llega a estrenar en Latinoamérica, se llamará “La rueda asesina” o una estupidez por el estilo. Pero el título no sería tan descabellado, al menos a primera vista.

Veamos: en las primeras escenas del filme, una llanta (o neumático de carro, si la quieren llamar así) se desplaza con esfuerzo propio a lo largo de un desierto, aniquilando con sus poderes mentales todo lo que se pone a su paso: empieza con latas vacías y conejitos, y arremete pronto contra los humanos que la han despreciado o maltratado, sin ser conscientes de ello.

Si se toma sólo en cuenta lo dicho, se pensará que “Rubber” es una cinta de terror muy mala, de bajo presupuesto y con nulas aspiraciones artísticas. Pero sólo lo segundo se cumple; dudamos que sus desconocidos -pero excelentes- actores hayan podido cobrar una fortuna por lo que hicieron.

rubber3El filme no cuenta sólo con una fotografía evocativa e inspirada, sino que alterna los cada vez más numerosos crímenes de la llanta con un relato que podría haber estado fácilmente presente en un título de  Buñuel: el que es protagonizado por una multitud que, armada de  binoculares, se ha convertido en la audiencia de las acciones perpetradas por la encauchada protagonista, bajo el designio de una entidad desconocida.

En realidad, “Rubber” no comienza con el neumático en plan asesino, sino con un sheriff (Stephen Spinella) que mira de frente a la cámara mientras elabora un monólogo en el que se incluyen referencias a “E.T., The Extraterrestrial”, “Love Story”, “JFK” y “The Texas Chainsaw Massacre”.

Según el misterioso policía, todas estas cintas presentan situaciones inexplicables, que son únicamente guiadas por la sinrazón. Esa parece ser la excusa y la base teórica de una película que no intenta nunca explicar el origen de esta llanta antropomorfa o de la audiencia que la observa.

Lo bueno es que la audiencia “real”, es decir, la que asista a las salas para ver la película, sí tiene razones de sobra para disfrutarla, siempre y cuando no esté demasiado condicionada por el cine comercial con el que se nos bombardea (y del que este trabajo se burla).

“Rubber” es tremendamente divertida, pero no es sólo una comedia absurda o una parodia de las películas de monstruos; aunque no da necesariamente miedo, tiene mucho del cine de terror e incluso del subgénero ‘gore’. Las víctimas de la rueda sufren literalmente un estallido en sus cabezas, a la usanza de la gran “Scanners”, de David Cronenberg; y, en una brillante escena, la desesperada degustación de un pavo por la multitud hambrienta termina siendo filmada como si se tratara de una horda de zombis devorando a algún incauto, en evidente tributo a George A. Romero.

Hay incluso una secuencia que sí genera suspenso y temor, en la que se muestra a la llanta aproximándose peligrosamente a una muchacha (Roxane Mesquida) que, simplemente por lo bonita que es, no merece ser asesinada.

Esta escena está filmada con un tratamiento visual que remite a los primeros trabajos de Steven Spielberg (sobre todo “Duel”), lo que explica la referencia a su obra en los momentos de apertura.

Aunque está filmado en inglés, “Rubber” es el segundo largometraje dirigido, escrito, fotografiado, musicalizado y editado por Quentin Dupieux, un artista francés de múltiples talentos que es quizás más conocido por su trabajo sonoro como Mr. Oizo.

rubber6Dupieux echa mano a sus virtudes instrumentales, pero no abusa de ellas; la llanta tiene varios momentos silenciosos, casi introspectivos, en los que se recurre sólo a los ruidos naturales, y que se rompen ocasionalmente con una banda sonora apasionada pero medida.

Una buena parte de la comedia llega a través de los disparatados e ingeniosos diálogos de la injustificada audiencia; pero la rueda se lleva realmente el protagonismo y las risas mayores sin tener que abrir la boca (una boca que, por otro lado, no tiene, aunque la vemos tomando agua de un pozo).

Lo mejor es, quizás, el final, que resulta tan hilarante como sorpresivo. Parece que habrá secuela, y empezamos a contar las horas para verla.

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