Reseñas de cine

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Ago
08

Reseña de ELYSIUM

Escrito por Sergio Burstein

Texto: Sergio Burstein

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A semejanza de lo que pasa con la comedia, cuando está bien hecha, la ciencia-ficción puede convertirse en una eficiente herramienta de crítica social y política. A fin de cuentas, hasta la saga de "Star Wars", con toda su superficialidad, se refería esencialmente a la lucha entre unos revolucionarios armados y un imperio opresor.

Pero hay algunos que se toman el trabajo más en serio, como es el caso del sudafricano Neill Blomkamp, quien estrenó hace cuatro años "District 9", una de las mejores cintas del género en los últimos tiempos y una que, además, trastocaba las claves de la típica invasión extraterrestre para esbozar apuntes críticos sobre el racismo y la xenofobia.

En la nueva y brillante "Elysium", que se estrena este viernes, Blomkamp ha llevado el comentario a otro nivel. Básicamente, la trama se desarrolla en un futuro (el del año 2154) en el que los ricos se han ido a vivir a una lujosa estación espacial, aunque siguen explotando a los pobres, que permanecen en un planeta Tierra extremadamente contaminado, sobrepoblado y convertido en una barriada gigantesca.

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Cuando nos sitúa dentro y alrededor de Elysium -la nave privilegiada-, Blomkamp explota el lado más espectacular de la faena, mediante una impresionante combinación de efectos digitales y lujosas locaciones reales; y en los momentos en que centra su atención en la ciudad de Los Angeles, aprovecha con creces la oportunidad de aludir al fenómeno de la masiva población latina que ya existe por ahí, así como a las duras situaciones que atraviesan los inmigrantes en el mundo actual.

Uno de los aspectos más interesantes de la cinta se encuentra en la referencia y la exageración de hechos del presente, que podrían ser acusados de sensacionalistas si es que no formaran parte de una película cuyas tendencias ficticias son tan evidentes como sus paralelismos.

De ese modo, en lugar de ver a mexicanos tratando de atravesar el desierto para entrar a Estados Unidos, los encontramos en una embarcación espacial pirata (en cuya cubierta se lee la palabra 'Versamex') que pretende aterrizar en Elysium; y no faltan tampoco los servicios de Homeland Security, encomendados esta vez a impacibles androides, encargados de capturar a los "ilegales" que llegan hasta esta suerte de tierra prometida.

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Los aspirantes a inmigrantes no lo hacen sólo para buscar una vida mejor, porque -aquí entra el lado fantasioso- las mansiones de Elysium poseen cápsulas científicas ultra avanzadas, capaces de curar cualquier enfermedad, que le son naturalmente negadas a los miserables que se pudren en la Tierra. Es ahí donde hace acto de presencia Max, el protagonista de la historia, que ha crecido en "el barrio" y necesita justamente una de estas máquinas para recuperarse de un ataque radiactivo sufrido en la fábrica donde se le explota, y que acabará con él en cinco días.

Como pueden imaginarse, Max (interpretado por Matt Damon) no es latino, lo que no tiene mucho sentido en el contexto del relato y nos quita de paso la oportunidad de contar con una estrella del medio hispano como protagonista en una superproducción de este tipo. Pero se trata sin duda de una concesión razonable y entendible en términos de presupuesto, ya que el ambicioso proyecto -cuyos costos llegaron a los 90 millones- necesitaba sin duda de un astro hollywoodense para obtener la luz verde.

Y si bien es a veces poco creíble el mal manejo del español por parte de Max (a fin de cuentas, el personaje se crió desde pequeño entre latinos que hablaban la lengua, como se aprecia en los numerosos flashbacks), la eficacia de Damon como héroe de acción duro pero vulnerable resulta innegable, incluso cuando se lo cubre con una especie de armadura que debe haber resultado una tortura para el actor.

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Como lo hemos señalado ya, Blomkamp combina acertadamente las alusiones sociopolíticas con detalles que corresponden plenamente a los cánones de la ciencia-ficción, por lo que esta "armadura" está destinada a mantener activo a un Max que se encuentra supuestamente agonizante, así como para darle poderes sobrehumanos, lo que se presta más adelante para una impresionante serie de combates mano a mano (en medio de su apego al género, esto tiene mucha más acción que "District 9").

No se trata tampoco de que no se le dé lugar al talento de los latinos; además de los numerosos roles secundarios que aparecen por ahí y del hecho de que las escenas de L.A. se filmaron en realidad en las zonas más miserables del DF (es decir, las de Iztapalapa), hay varios hispanos que ocupan papeles estelares, incluyendo al mexicano Diego Luna ("Y tu mamá también"), quien interpreta a Julio, el mejor amigo de Max, y a Alice Braga ("Ciudad de Dios"), quien hace de Frey, una joven enfermera que fue muy amiga del mismo protagonista cuando ambos eran niños.

Para ser sinceros, a pesar de su participación activa en el filme, Luna pasa por él sin pena ni gloria, porque su personaje se encuentra poco desarrollado. Le va mejor a Braga, que asume con convicción el trabajo de madre soltera con una hija enferma, y que no tiene que apelar a los desnudos de "Lower City" (de los que no nos quejamos) para complacer al espectador.

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Pero, fuera de Damon, lo cierto es que quienes se llevan las palmas en el plano histriónico son otros. Ahí está, por ejemplo, Jodie Foster, perfecta en su gélido y pérfido papel de la Secretaria de Defensa Delacourt; y, por supuesto, el gran Sharlto Copley, protagonista de "District 9", a quien seguimos sin entenderle un carajo, pero que asume ahora la encarnación del despiadado sicario Kruger con un nivel de villanía que supera ampliamente las palabras.

Sin embargo, quien más nos sorprendió fue Wagner Moura, el actor brasilero que vimos antes como protagonista de "Elite Squad", y que se pone en la piel del inolvidable "coyote" espacial Sniper con la solvencia y el encanto necesarios como para ser mucho más que un émulo de Han Solo.

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