Reseñas de cine

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Dic
24

Reseña de THE WOLF OF WALL STREET

Escrito por Sergio Burstein

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En su vigésimo tercera película como director, Martin Scorsese demuestra que, si bien el título más reciente de su cantera que ha sido realmente aclamado es una historia en 3D para niños ("Hugo", del 2011), no ha perdido el talento para la construcción de esos relatos criminales de alto vuelo y de tinte muy adulto que fueron los que lo transformaron en un maestro del cine, y que tuvieron su apogeo en una de sus obras más reconocidas, "Goodfellas" (1990).

En realidad, "The Wolf of Wall Street", que nos parece una de las mejores películas del año, es mucho menos violenta en términos gráficos que cualquiera de las producciones sobre la mafia de su realizador, ya que no tiene ningún enfrentamiento armado y la única pelea que muestra no resulta cruenta. Su indudable agresividad se encuentra por otro lado: el de la exhibición constante -y sumamente explícita- del abuso de las drogas y del sexo, de un modo nunca antes visto en el cine de Scorsese.

Pero lo mas novedoso aquí es el tono dramático, porque aunque se sabe que el cineasta neoyorquino nunca ha sido esquivo al humor, ésta es su primera comedia propiamente dicha desde "King of New York" y, para nosotros, su creación más hilarante. Se trata de una circunstancia que no debería sorprender cuando se considera que uno de los personajes principales es interpretado por Jonah Hill, de "Superbad" y "This Is the End", pero que llama la atención cuando se ve lo increíblemente bien que le sienta al protagonista Leonardo DiCaprio, poco acostumbrado a papeles de este tipo y, sin embargo, encargado de una 'performance' digna de cualquier premio a la actuación.

WWS posterProvisto de un carisma y de un ímpetu que no han resultado del todo evidentes en sus labores del pasado -con el perdón de los fans de "Titanic"-, DiCaprio se convierte en la versión cinematográfica de Jordan Belfort, un corredor de bolsa que fue descubierto por el FBI tras una serie de engaños financieros y que escribió luego un libro en el que se encuentra basado el guión de este filme, firmado por Terence Winter ("The Sopranos").

Pero está claro que esto es más que una transcripción de un texto autobiográfico, no sólo porque Winter se tomó sus propias libertades al adaptarlo a la pantalla, sino porque, tal y como lo ha hecho en algunas de sus cintas pasadas, Scorsese le extendió un generoso permiso de improvisación a todos sus actores, entre los que figura también un inolvidable Matthew McConaughey.

Esta técnica, que algunos podrían considerar como rasgo distintivo de la factoría Apatow, es probablemente responsable en gran medida del enorme nivel de energía que se siente en toda la película, y que hace que, en lugar de lucir como el trabajo de un director de 71 años, "The Wolf" se sienta como el esfuerzo de un creador mucho más joven, aunque el dominio técnico que se exhibe es algo que sólo puede obtenerse con muchos anos de experiencia (y, claro, con el aporte de un director de fotografía tan brillante como el mexicano Rodrigo Prieto, quien debuta con Scorsese, pero ha trabajado ya con cineastas de la talla de Ang Lee, Oliver Stone, Alejandro González Iñárritu y Pedro Almodóvar).

Pese a su cuidado formal -no faltan, por ejemplo, esos emblemáticos travellings que se mueven entre personas reunidas, en este caso, los empleados de Stratton Oakmont, la firma de Belfort-, "The Wolf" tiene un aspecto altamente desenfrenado que se muestra desde una de sus tomas iniciales, la que encuadra a un trasero femenino en el aire mientras el protagonista inhala una línea de cocaína previamente colocada en tan inusual recipiente. Y ésta es sólo una de las sustancias que se consumen en la cinta, porque las drogas duras parecen ser parte del credo de estos individuos, pese a que resulte a veces difícil de creer que pudieran trabajar y hacer tanto dinero en estados semejantes.

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"The Wolf" no es una "película de drogas" y, por lo tanto, sus comentarios mayores son sobre los excesos y la avaricia monetaria; pero tiene al menos una escena absolutamente antológica para la escuela del descontrol en la que DiCaprio y Hill -en uno de los papeles más moralmente reprobables de su carrera- sufren las consecuencias de una sobredosis de Quaaludes supuestamente expirados, y que se convierte en la mayor fuente de risas de todo el filme, sin que ello le quite realismo ni dureza (no aparecen por ahí unicornios volando, si entienden lo que queremos decir).

En términos prácticos, tal y como ocurrió con "Scarface", es probable que algunos espectadores se vean tentados a imitar las conductas descarriadas de estos personajes, que pueden ser vistas bajo una perspectiva de glamour; pero los cineastas no son profesores de escuela y, francamente, lo que se ve aquí no provoca necesariamente ser emulado, sobre todo cuando se muestran sus poco grata consecuencias.

En un mundo razonable, esta cinta debería tener serias posibilidades de triunfo en el Oscar, pese a la ambigüedad citada; y, sin embargo, al cierre de esta nota, todo el mundo había leído ya la noticia en la que se decía que el sábado pasado, durante una proyección privada para los miembros de la Academia, un guionista mayor se acercó a Scorsese y a DiCaprio para gritar: "¡Qué vergüenza! ¡Esto es asqueroso!", mientras que Hope Holiday, una actriz de 75 años edad, definió al filme como "tres horas de tortura" en su cuenta de Facebook (sí, tiene una).

Usando el comentario que hemos leído en algún lugar de la Internet, si el buen Scorsese -que sigue siendo unas de las mayores leyendas vivientes del cine- ha logrado desatar una reacción así en los viejos conservadores de dicha institución, algo bueno debe haber hecho. Pero no lleven a los niños a esta madriguera, eso sí.

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