Reseñas de cine

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Abr
26

Reseña de BLUE RUIN

Escrito por Sergio Burstein

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"La venganza nunca es buena, mata el alma y la envenena", dice un viejo refrán en español. Es probablemente cierto, pero, en todo caso, si es manejada con talento y creatividad como tema central de una película, puede dar como resultado algo tan impactante y logrado como "Blue Ruin", un filme que se estrenó ayer en salas limitadas de Estados Unidos y que se encuentra también disponible en Video on Demand (VOD).

Esta es una obra que tiene momentos muy violentos, lo que la ha vuelto una favorita de los amantes del fantástico que la han visto durante su paso previo por los festivales, aunque hay mucho más fondo y redención en esta historia que, digamos, en un título de terror desatado como "I Spit On Your Grave"; y eso hace que lo que se ve posea un significado más profundo que el simple 'ojo por ojo' que se presenta en esta clase de trabajos, sobre todo al final, cuando se da vida a una resolución impredecible que tiene incluso aires poéticos (eso es, en medio del baño de sangre que la rodea).

"Blue Ruin" es también una cinta que se va desarrollando de modo paciente, porque sus primeros minutos resultan intencionalmente confusos para el espectador, ya que nos presenta a un personaje de aspecto desaliñado que vive en la calle y cuyos motivos de acción no están claramente explicados. Sin embargo, una vez que los detalles empiezan a llegar con naturalidad, dejamos de sentir que estamos ante un filme de arte oscuro para meternos de lleno en una producción 'indie' de suspenso creciente y de particular originalidad.

blue-ruin-posterEn este caso, una vez que el desamparado al que nos referimos regresa a la casa familiar, ya afeitado y cambiado, descubrimos que no se trata del típico justiciero que se ve en el cine, sino de un hombre nervioso y un tanto mayor que no se hubiera metido en lo que se ha metido de no ser por el brutal asesinato de sus dos padres, varios años atrás. Dwight (así se llama el protagonista) acaba de despachar al otro mundo a Wade Cleland, el tipo que fue juzgado por el crimen y que acababa de salir de prisión, por lo que piensa que los familiares de éste llamarán a la policía, que él mismo será arrestado y que el círculo se cerrará para siempre. Por supuesto, está completamente equivocado.

Y es que sucede no sólo que los familiares de Wade han optado por no llamar a la policía -lo que indica que, como ha sido su caso, han decidido tomar la justicia en sus propias manos, y que son capaces de dañar a la hermana de Dwight y a sus hijos-, sino que quien se pensaba que era el asesino original quizás no lo sea, porque puede estar encubriendo a otro miembro de los Cleland. Así escrito, puede sonar confuso, pero en la pantalla, tiene todo el sentido del mundo, y además de incrementar la intriga (porque la espiral de violencia parece ya imparable), sirve para generar dilemas morales y para hablar sobre lazos y responsabilidades familiares de una manera completamente distinta a la que suele manejarse en el Hollywood tradicional.

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Como lo hemos dicho, "Blue Ruin" no está exenta de violencia, y si bien no cae nunca en demasiados excesos gráficos ni es una representante fiel del 'gore', golpea con dureza a la audiencia debido a su impronta realista. Está muy claro que, en medio de su cruenta temática, su director y guionista Jeremy Saulnier no evita sólo glorificar la venganza, sino que se empeña en mostrar las consecuencias de esta clase de conductas. En un momento dado, luego de que una bala destroza la cara de uno de sus atacantes, un espantado Dwight le pregunta a su compañero del momento, Ben (Devin Ratray), por qué ha pasado algo así, y éste le responde: "Eso es lo que hacen las balas". No lo ayuda tampoco a calmarse el hecho de que, como ser humano común y corriente que es, comete innumerables errores en medio de su empresa.

En el plano de la producción, "Blue Ruin" es un asunto realmente íntimo, ya que Saulnier no solamente regresó a su Virginia natal para hacer esto, sino que filmó la escena más fuerte y decisiva en la casa de sus padres, les pidió prestado su viejo Pontiac Bonneville para convertirlo en la morada de Dwight, e hizo que el protagonista fuera Macon Blair, su mejor amigo, un excelente actor al que conoce desde hace más de 25 años. De hecho, ambos colaboraron anteriormente en el primer largometraje dirigido por Saulnier, "Murder Party" (2007), que sí era abiertamente de terror, ya que se trataba de una comedia de 'gore'.

Fuera de sus méritos evidentes, entre los que se cuenta la eficacia de su historia y el cuidado de la puesta en escena -el director de fotografía fue el mismo Saulnier, quien maneja una estética tan ruda como inspirada-, "Blue Ruins" está siendo señalada por los analistas como una auténtica proeza de la autofinanciación y del buen empleo de recursos, porque se filmó únicamente con 425 mil dólares, conseguidos a través de una esforzada -y muy exitosa- campaña de Kickstarter. En muchos sentidos, éste es el camino a seguir.

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