Reseñas de cine

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Abr
01

Reseña de FURIOUS 7

Escrito por Sergio Burstein

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Aunque Paul Walker no hubiera fallecido en un estrepitoso accidente automovilístico, “Furious 7” hubiera atraído a una cantidad increíble de espectadores, como lo hará sin duda en los próximos días, debido a la incontenible fama de una saga que le ha dado siempre en la yema del gusto a los amantes de ese cine de acción comercial que no escatima en costos de producción mientras deja mucho que dejar en el plano de la historia y de los personajes. La buena noticia es que, sin desentonar en absoluto con el resto de la serie, esta nueva entrega es probablemente la más impresionante de todas, así como una que no decepcionará las expectativas.

A estas alturas, nadie va a ver una película de “Fast & Furious” para encontrar buenas actuaciones ni realismo; de hecho, como ya se ha comentado en varias ocasiones, las entregas que mejor han funcionado han sido las que han llevado al extremo el sentido del exceso y de la improbabilidad para asumir un aspecto de cómic que, eso sí, sólo puede funcionar cuando se coloca en manos de cineastas realmente competentes, como es el caso de James Wan, quien antes de dirigir esto, había hecho lo mismo con “Saw” (la primera), “Insidious” (la 1 y la 2) y “The Conjuring”.

Pese a que todos los títulos recién mencionados pertenecen al género de terror, Wan dejó muy claro en ellos su interés por las puestas en escena particularmente cuidadas; y no hay que olvidar que ya había tenido una efectiva incursión en el rubro de la acción gracias a “Death Sentence” (2007), un ‘thriller’ de venganza con Kevin Bacon que presagiaba de algún modo -y en una escala inmensamente menor- lo que se ve ahora en “Furious 7”, un filme en el que hay que dejar cualquier atisbo intelectual en la puerta para poder disfrutar sin problemas de lo que termina siendo una montaña rusa perfectamente planeada que, en desmedro de su excesiva longitud, posee más de un quiebre interesante en el camino.

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Claro que, en medio de tantas carreras, carros que vuelan y explosiones, la que más sufre es la historia, hasta el punto de que no se nos viene a la mente de inmediato la trama y nos vemos obligados a recurrir a las notas de producción para recordar que, antes de todos los enredos innecesarios en los que incurre el guión de Chris Morgan (un veterano de la saga), las cosas empiezan con los integrantes del equipo habitual mientras tratan de retomar sus vidas normales en los Estados Unidos, hasta que sus esfuerzos se ven interrumpidos de manera especialmente contundente por un nuevo villano, Deckard Shaw (Jason Statham), quien pretende vengar la muerte de su hermano Owen, ocasionada por los mismos héroes en el capítulo anterior, es decir, "Fast & Furious 6".

Lo que este tipo no sospecha es que, más allá de ser héroes, estos tipos parecen ser ahora unos superhéroes sin poderes especiales evidentes, pero aparentemente indestructibles, sobre en el caso de Dominic Toretto (Vin Diesel), quien se enfrenta en más de un duelo (tanto motorizado como cuerpo a cuerpo) con Shaw, el mismo que, gracias a todos los dioses, es interpretado por Jason Statham (“Crank”, “The Transporter”), lo que lo transforma automáticamente en el mejor “malo” de toda la saga, así como en uno inmensamente superior al de Owen (que si bien fue representado por otro buen actor, Luke Evans, no dio nunca la talla). Sería de mal gusto adelantar mucho, pero espérense a saltar de gozo en sus asientos durante la escena en la que los dos oponentes deciden probar quién es el más valiente al lanzar sus respectivos coches en camino directo a una colisión frontal.

“Furious 7” es una película descaradamente comercial y de personajes planos, sí, pero también una en la que las escenas de acción sorprenden constantemente por su audacia, su originalidad y el modo en que están filmadas, permitiendo que lo inverosímil adquiera sentido ante nuestros ojos, al menos hasta que estos se cansan ante el interminable efluvio de persecuciones, peleas y explosiones (y eso que la función de prensa a la que acudimos, como todas las que se verán en las salas comerciales de Estados Unidos, fue en formato de 2D, mientras que la cinta se exhibirá únicamente en 3D en los mercados internacionales, lo que en su caso nos parece un exceso debido a la súper abundancia de efectos visuales). En medio de sus numerosas locaciones -aparecen por ahí República Dominicana, Tokio y, por supuesto, Los Angeles-, vale la pena destacar lo que sucede una vez que los trámites se trasladan a Abu Dhabi, más precisamente, a un rascacielos en el que la única salida para los protagonistas es un coche de lujo y un gran ventanal hacia el vacío.

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Pese a la temprana muerte de Walker, que se produjo a la mitad del rodaje, los productores de la película se han encargado con una eficacia digna de todo elogio de mantener a su personaje en el segundo rol principal, como ha ocurrido siempre en la serie, con la ayuda de la participación de sus hermanos Caleb y Cody, de varios extras y de un número indeterminado de recursos digitales. Increíblemente, la estrategia -que hubiera resultado probablemente imposible hace algunos años- funciona, porque si bien las escenas más cercanas al final revelan a un Brian inexplicablemente distante, no hay saltos realmente abruptos de narrativa ni se dejan muchos cabos sueltos, como sería razonable esperar en un caso así.

Lo más importante para los fans es que, con retoques tecnológicos o sin ellos, Walker tiene una salida particularmente decorosa, iniciada también en el área de la invulnerabilidad a través de una escena que lo encuentra atrapado en un camión a punto de desbarrancarse (y que podría ser la mejor de su carrera en términos de acción), pero concluida de manera bastante humana con un retiro inusitadamente elegante que evita cualquier referencia al espeluznante final que se le presentó en la vida real. De todos modos, es imposible observar los momentos del filme en los que se libra constantemente de las situaciones más peligrosas sin sentir una extraña sensación de cruel ironía, así como una implícita advertencia de que todo esto puede ser muy divertido cuando se ve en la pantalla, pero que no se debe intentar nunca en el mundo real, por más carreras ilegales que se sigan produciendo.

En ese sentido, “Furious 7” es una nueva celebración de la velocidad y de la adrenalina, pero una que, con sus evidentes excesos, deja en claro que de lo que se trata aquí es de simular un juego completamente ficticio sin mayores atisbos de realismo. Sea como sea, nos hubiera gustado que el guión hubiera intentado al menos cierta complejidad en el desarrollo de la trama y de los personajes, porque, con todo lo que apreciamos el carisma de Vin Disel y la discreta simpatía de Walker, seguimos sin identificarnos con los aventureros de fantasía que representan. Y si bien Wan obtiene calificaciones sobresalientes en todas las secuencias en movimiento, no logra evitar que los interludios entre éstas luzcan como si hubieran sido extraídos de un lujosísimo comercial televisivo, incluso cuando se refieren a situaciones supuestamente dramáticas…. aunque nos permite enterarnos de que Toretto sólo toma Corona.

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