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May
14

Reseña de MAD MAX: FURY ROAD

Escrito por Sergio Burstein

Mad Max resena 1

Por razones naturales, los ‘remakes’, ‘reboots’, ‘spin-offs’ o como diablos quieran llamar a esos títulos cinematográficos y televisivos que recrean, reinician o se inspiran en trabajos populares del pasado provocan siempre desconfianza entre los fans de los originales. Y si bien la nueva versión de “Mad Max”, que lleva el apéndice de “Fury Road”, tenía desde el principio el enorme beneficio de contar con la dirección y el guión del creador original, así como con un reparto de lujo, había todavía razones para dudar de que terminara llegando a buen puerto.

A fin de cuentas, George Miller, el cineasta aludido, no se había encargado de un título de esta saga desde hace tres décadas, cuando estrenó “Beyond Thunderdome”, una tercera entrega que, como lo dicta el consenso general, fue no sólo la más débil de la serie, sino también la menos agresiva, lo que representa una verdadera contradicción con el espíritu saludablemente salvaje de estas historias. Además, aunque sus obras más recientes -como “Babe” y “Happy Feet”- habían sido sumamente logradas, pertenecían a un terreno muy distinto, el de los productos familiares, por lo que resultaba razonable imaginar que había perdido por completo la garra necesaria para un proyecto de esta clase.

Pero no hay que angustiarse, ya que, sin alcanzar el impacto precursor del debut de 1979, “Road Fury” es un filme absolutamente excitante e incuestionablemente memorable en el que -digámoslo de una vez- el protagonista no tiene casi nada que decir y goza de un escaso desarrollo, pero cuyos demás elementos se encuentran magistralmente colocados, empezando por una puesta escena fabulosa de la que no creíamos capaz al Miller actual, de 70 años, y siguiendo por unas persecuciones automovilísticas extraordinariamente filmadas que te harán brincar de tu asiento y que, para nosotros, lucen más intensas y más realistas que las de la saga de “Fast and Furious”, pese a que le pertenecen a los terrenos de la ciencia-ficción.

Mad Max resena 2

Miller ha dicho que considera a esta película más como una secuela que otra cosa, pero el paso de los años y el cambio de actor requerían de unos antecedentes mayores a los ocasionales ‘flashbacks’ que se emplean. Sin embargo, no estamos diciendo tampoco de que el personaje central nos deje completamente decepcionados. De hecho, ante la negativa de Mel Gibson para retomar el personaje debido al indudable paso del tiempo (Miller ha intentado hacer esto desde hace veinte años), se contrató a Tom Hardy, el excelente actor inglés que pasara un tanto desapercibido como el villano Bane en “The Dark Knight Rises”, pero que tuviera anteriormente un desempeño monumental como el criminal de alta peligrosidad de “Bronson”, y que asumiera un aspecto mucho más humano en la reciente “Locke”. Lo de Hardy como Max es mucho menos vistoso, pero su simple presencia le da dignidad al representado, gracias a una ‘performance’ contenida pero a la vez expresiva que nos recuerda en más de un momento a Harrison Ford en sus años mozos.

Claro que el nuevo guerrero de la carretera no puede competir con la soberbia Charlize Theron y su Furiosa, una señora de armas tomar que se mete en su inmenso camión y emprende la búsqueda de un paraíso perdido (“El Lugar Verde") mientras es perseguida por unos fieros combatientes (los War Boys) que obedecen las órdenes del monarca Immortan Joe (Hugh Keays-Byrne), cuyo harem de esposas esclavizadas ha encontrado refugio en el vehículo de la prófuga. Theron es tan deslumbrante que luce fantástica incluso en medio de la suciedad imperante -y a pesar de que su personaje recurre a un brazo mecánico para suplir el que le falta por razones misteriosas-; y cuando le toca enfrentarse cuerpo a cuerpo con Max, quien ha sido tomado prisionero por el mismo Immortan Joe y escapa igualmente de él, las cosas se ponen difíciles para el antihéroe, quien, a la usanza de la época, tampoco se muestra demasiado simpático con quienes lo rodean.

Desde antes que la cinta estuviera terminada, Miller ha venido proclamando que su historia era clamorosamente sencilla y que lo que se iba a ver en realidad era una larga y única persecución; la declaración sonaba llamativa, pero hacía también temer que la simpleza le quitara peso al conjunto. Afortunadamente, ocurre todo lo contrario, ya que la ausencia de saltos entre incontables locaciones y la concisión del relato evitan no sólo confusiones, sino que permiten que los contados momentos emocionales sean particularmente efectivos sin necesidad de caer en cursilerías de ningún tipo.

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Hay detalles un tanto ridículos, sí, como el War Boy que toca permanentemente acordes ‘metaleros’ en una guitarra eléctrica en medio de las batallas; pero la intención por ahí es justamente ésa, ya que logra ofrecer humor sin afectar la seriedad de los más personajes, incluyendo al de Immortan Joe, un “malo” de lujo (su intérprete ya pasó la barrera de los 60 años y aparecía en la primera “Mad Max”) que aparece rodeado de una corte fascinante y llena de figuras estrambóticas, como si se tratara de una versión humana de los entornos monstruosos de “Star Wars”. Además, pese a que estamos supuestamente ante una de esas típicas “películas para hombres”, la participación femenina es notable, no sólo en lo que corresponde a Theron, sino también a sus acompañantes, que aparecen primero como simples atractivos visuales de escasas ropas, pero sacan luego a relucir sus dotes para la resistencia; y, posteriormente, se suman a la causa unas fieras mujeres mayores en motocicletas.

Todos estos matices inusuales le otorgan un sabor especial a una producción que merece verse simplemente por sus escenas de acción, las mismas que, aparte de sus vistosas coreografías y de sus coches majestuosos, se encuentran retratadas con una fotografía que no por preciosista -remite a una novela gráfica de lo más artística-deja de lado lo rudo, hasta el punto de que uno llega a sentir el polvo en los ojos, ya que, evidentemente, esto se desarrolla en el desierto (se filmó básicamente en el de Namibia). A no ser que nos llegue de pronto el Apocalipsis, “Fury Road” debería convertirse en todo un clásico del género, y además, en uno que de esos raros títulos que ponen la carne de gallina mientras nos sacuden con sus trepidantes imágenes y nos devuelven la fe en el buen cine de entretenimiento.

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