Reseñas de cine

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Ago
14

Reseña de STRAIGHT OUTTA COMPTON

Escrito por Sergio Burstein

Straight Outta Compton resena 1

En momentos en los que la brutalidad policiaca parece haberse convertido en pan de todos los días dentro de los Estados Unidos, algo como “Straight Outta Compton” tiene un significado mucho mayor que el del típico ‘biopic’ musical, pese a que se trata en esencia de una película de época sobre un fenómeno que se produjo hace cerca de tres décadas y que, en medio de su vibrante puesta en escena y sus numerosos atractivos musicales para cualquiera que no odie el hip-hop, no profundiza realmente como lo hubiéramos querido en algunos de los aspectos más controvertidos y dignos de anális de sus protagonistas.

Las bases se encuentran ahí, porque no estamos ante una cinta hecha sin cuidado y de un modo facilista que la haga lucir como una pieza televisiva, sino ante un esfuerzo de largos años en el que el reparto, las recreaciones de conciertos y grabaciones, las locaciones auténticas y diversas instancias del guión (escrito por Jonathan Herman y Andrea Berloff) se unen para lograr un producto que, al menos en su primera parte, antes de caer en omisiones significativas y en una resolución bastante melodramática, destila realismo e impacta por las razones adecuadas, sobre todo en lo que respecta a la indignación causada por las escenas en las que se describe con escalofriante autenticidad el accionar racista y represivo del LAPD.

Y es que esto no es un simple relato sobre unos muchachos que decidieron hacer un grupo musical y que, tras alcanzar la fama, terminaron separándose por motivos de ego y de dinero, sino la historia de cinco afroamericanos provenientes de uno de los barrios más pobres y violentos de Los Angeles cuyos intentos creativos se encontraron íntimamente ligados a un entorno permanentemente hostil, en el que las drogas duras, las desigualdades sociales, las pandillas y el acoso de la policía -incluso cuando no había razón alguna para ello- eran pan de todos los días.

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Habría que ser muy insensible para ver esta cinta y no entender de algún modo el resentimiento de unos jóvenes que crecieron no sólo en un lugar donde salir simplemente a la calle era ponerse en riesgo de ser amenazados por delincuentes locales o insultados y hasta arrestados por los uniformados, y que, incluso cuando se hallaban en zonas más tranquilas, fueron víctimas indefensas de la misma policía, como lo prueba la secuencia en la que ellos mismos son prácticamente asaltados por dos de estos individuos con placas (uno de ellos de su raza) por el simple hecho de estar en un lugar “equivocado” (Torrance) debido a motivos de trabajo (la grabación de su primer álbum, que llevó el mismo nombre que la película).

Por supuesto, la cinta no está libre de momentos musicales que llegan hasta nosotros con una contundencia digna de admiración, gracias a la combinación de fragmentos de las canciones originales y voces grabadas por los actores. Por ese lado, hay que destacar la labor de O’Shea Jackson Jr., hijo de Ice Cube -uno de los integrantes más celebrados del grupo-, quien hace de su padre y contaba con la insuperable ventaja del parecido físico, pero que asume con impresionante precisión el fraseo típico de su personaje cuando se le deja hacer lo suyo, dando cuenta de un gran potencial histriónico.

El hecho de que “Straight Outta Compton” le preste tanta atención a detalles visuales y artísticos le debe sin duda mucho a los aportes de varios integrantes del equipo que trabajó detrás de cámaras, empezando por el director afroamericano F. Gary Gray, quien había comandado antes producciones cinematográficas de la talla de “Friday” y “The Italian Job”, pero también varios videos musicales de Ice Cube y Dr. Dre, y siguiendo con una lista de productores encabezada por Ice Cube, Dr. Dre (un ex N.W.A. esencial) y Tomica Woods-Wright (viuda de Eazy-E, el otro miembro realmente visible del grupo, quien es encarnado con particular eficacia por Jason Mitchell). Sin embargo, la intromisión de los aludidos es probablemente la causa principal de los problemas.

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Para nosotros, la falta mayor de la cinta se encuentra en la representación de Dre, quien da siempre la impresión de ser un tipo apacible y hasta conciliador, respaldado por el desempeño sensible de Corey Hawkins (“Non-Stop”, “The Walking Dead”) y colocado en una posición de vulnerabilidad emocional ante el espectador debido al asesinato incomprensible de su hermano menor.

Pero lo cierto es que esta caracterización deja completamente de lado un incidente injustificable y obviamente representativo de su personalidad que ni siquiera se menciona: el que lo llevó a golpear brutalmente a la presentadora televisiva Dee Barnes en medio de un club por el simple hecho de que ésta había entrevistado en su programa a Cube luego de que el mismo MC saliera de N.W.A. en términos poco amistosos.

En ese sentido, sentimos que el retrato de Cube se encuentra más cercano a la verdad, ya que no se eliminan sus explosiones de violencia, como es el caso de los destrozos que causó en la oficina de un ejecutivo que no le quería pagar el dinero que le debía, aunque, en su caso, se evita por completo la polémica relacionada al contenido de unas letras de su autoría que fueron acusadas por varios analistas de incluir proclamas racistas, misóginas y homofóbicas. No se trataba necesariamente de hacer un ‘mea culpa’, sino de considerar al menos los hechos, que forman parte de la mitología del ‘gangsta rap’ y que sus representantes explicaron de diversas maneras en su momento.

Las carencias de la película no pueden explicarse tampoco ante la restricciones de tiempo, porque ésta dura casi dos horas y media; y a pesar de que se trata de dos horas y media que nunca aburren y que nos mantienen constantemente en vilo, las mismas terminan sintiéndose incompletas para cualquiera que conozca la historia entera de N.W.A., algo que no es realmente difícil de lograr si se cuenta con un acceso mínimo a la Internet. Claro que, cuando se trata de un mensaje específico, no podríamos estar más de acuerdo: fuck tha police.

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