Reseñas de cine

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Feb
11

Reseña de DEADPOOL

Escrito por Sergio Burstein

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Surgida de un cómic particularmente oscuro (tanto en términos de su temática como en su popularidad menor cuando se lo compara con otras obras de Marvel), “Deadpool" es una de las películas de superhéroes más agresivas y entretenidas que se hayan hecho, lo que amerita su visión inmediata, pese a que no cuenta necesariamente con el aspecto revolucionario que le han querido endilgar algunos (si hay que encontrar uno, el mérito le correspondería a la primera “Kick-Ass”, del 2010).

Claro que, al ser una cinta de Marvel, “Deadpool” contó con un presupuesto mucho mayor que la otra producción citada, lo que redunda de un modo u otro en que resulte mucho más espectacular que ella y se encuentre mejor filmada; y si se quiere insistir en el término “revolucionario”, se puede aludir al hecho incuestionable de que es la primera película de un estudio mayor dentro de su género que se hizo pensando en una audiencia adulta y con la seguridad de obtener una clasificación R. Esta es una buena noticia para quienes preferimos que nuestras historias derivadas de las páginas con viñetas obtengan versiones realmente intensas, aunque será probablemente cuestionado por los espectadores incautos que no soporten los estallidos de violencia y acudan a ver esto con la idea equivocada.

Hay otra razón que impide que “Deadpool” se sienta como algo completamente original; y no, nos referimos a las discretas semejanzas que su trama puede tener con la de “Darkman” -la gran fantasía filmada por Sam Raimi en 1990-, sino a su empleo del humor como estrategia principal para diferenciarse de las propuestas mucho más solemnes de las películas de Warner Bros. que se basan en los personajes de DC Comics. Ese humor alcanzó a nuestro concepto un nivel innecesario en “Avengers: Age of Ultron”, aunque resultó más pertinente en algo como “Ant-Man”, de origen más ligero. La diferencia aquí es que, tal y como se ha demostrado desde la campaña promocional, la comicidad de “Deadpool” es mucho más propia de algo como “The Hangover” que de una producción emparentada a Disney.

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En realidad, cuanto más pensamos en ella, nos damos cuenta de que “Deadpool” emplea algunos elementos típicos de la narrativa presente en las cintas de Marvel para aplicarlas a una estética propia de DC, ya que su puesta en escena ruda, de imágenes granuladas y de tonos opacos, contradice la colorida norma habitual de las producciones basadas en creaciones de Stan Lee, quien, dicho sea de paso, tiene su ‘cameo’ de rigor, pero esta vez como empleado del ‘stripclub' en el que trabaja la novia del protagonista.

Y es que en fondo, tal y como se ha intentado también demostrar en la campaña publicitaria debido a que se trata de un lanzamiento cercano al Día de San Valentín, ésta es una historia de amor en la que los sentimientos de la pareja principal (y única) se desprenden del cinismo que llena los demás ámbitos del relato, aunque la chica en este caso es una puta (no una virginal Mary Jane) y el chico es un mercenario que ha quedado severamente desfigurado por acción de los villanos, es decir, dos estrellas más dignas de una obra de Quentin Tarantino o de Robert Rodríguez que de la compañía que parió a “Spider-Man”.

Todo lo dicho podría llevar a pensar que “Deadpool” es un producto comercial fríamente calculado para ofrecer una imagen de rebeldía y de irreverencia en la que no creen realmente sus productores; y aunque es probable que haya algo de cierto en la afirmación, lo interesante en este caso es que el resultado no se siente impostado, sino vital, refrescante y emocionante, gracias a una puesta en escena de la que no se sabía qué esperar, ya que procede de Tim Miller, un director debutante en el universo de los largometrajes, pero -nos enteramos ahora- con una amplia experiencia en el rubro de los efectos especiales. Miller le da no sólo un ‘look’ muy particular a este trabajo, sino que logra que sus escenas de acción sean fluidas y se entienden (algo que no siempre ocurre en el género).

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Incluso en el plano de la historia, que es clamorosamente sencilla pese a uno que otro ‘flashback’ más o menos gratuito, los guionistas Rhett Reese y Paul Wernick (“Zombieland”) se las arreglan para introducir momentos de creatividad hilarante haciendo que su protagonista rompa frecuentemente la cuarta pared, recurriendo al metalenguaje para elaborar varias bromas logradas y planteando diversas alusiones culturales que le brindan un mayor sentido de entretenimiento a lo que cuentan (las intromisiones de canciones ochenteras nos recuerdan a veces la estrategia de “Guardians of the Galaxy”, pero hay un chiste relacionado a la película “127 Hours” que resulta tan cruel como impresionante).

Sin embargo, el filme no sería tan placentero (en el caso de que se tenga una sensibilidad como la nuestra, por supuesto) de no ser por su actor protagónico, Ryan Reynolds, un intérprete al que no se ha considerado nunca entre los mejores debido a la fama de galán romántico que labró en sus incursiones hollywoodenses más comerciales y que, además de todo, decepcionó a muchos de los ‘fanboys’ con su participación en “Green Lantern” (un filme que, sinceramente, nos pareció mucho menos terrible de lo que indica su nefasta reputación).

Pero el que vea cine de manera frecuente sabe ya que el ex esposo de Scarlett Johansson (habría que detestarlo más bien por eso) ha tenido desempeños absolutamente brillantes en títulos ‘indie’ como “Buried” y “The Voices”; y el paso de los años parece haberle dado la experiencia necesaria para interpretar a un personaje que, pese a contar con esa clase de seguridad en sí mismo que podría encontrarse justamente en un galán, es un cínico de corazón, juega con la ambigüedad de géneros y elimina a sus oponentes mostrando un gusto que sólo puede corresponder a un sujeto seriamente trastornado (ya entenderán los motivos al saber lo que le ha pasado al pobre Wade Wilson, alias Deadpool).

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Reynold no comparte sólo la pantalla con la encantadora Morena Baccarin (“Serenity”), quien hace de su novia Vanessa y, gracias a sus genes brasileros, ostenta un aspecto sumamente exótico que la diferencia de otras féminas de esta escuela, sino que lo hace también con el simpático T.J. Miller (“Cloverfield”), quien se pone en la piel de su mejor amigo Weasel. Pero las escenas de acción en las que participa se ven mejor servidas cuando lo tienen al lado del honesto Colossus (una creación digital con la voz de Stefan Kapičić) y de la rebelde Negasonic Teenage Warhead (Brianna Hildebrand), dos personajes del universo de los X-Men que aderezan algunas de las peleas más fieras, sobre todo cuando éstas tienen al frente a Angel Dust, una implacable luchadora que le brinda a Gina Carano su primer papel de nivel desde “Haywire” (2011).

Lo único que falla de algún modo por aquí es el villano principal, Ajax, encarnado por el ‘rapero’ británico Ed Skrein, quien no convence del todo. Y aunque ése sería un problema mayor en el caso de una cinta centrada en un héroe realmente benévolo -digamos, el Capitán América-, Deadpool posee los atisbos de maldad suficientes (o de picardía, si prefieren verlo así) para compensar la falta y mantener a flote una aventura desatada que promete causar conmoción en la taquilla... sin necesidad de los niños que se vean impedidos de entrar solos a la sala.

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