Reseñas de cine

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May
20

Reseña de THE NICE GUYS

Escrito por Sergio Burstein

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Los primeros afiches de “The Nice Guys” no se veían necesariamente prometedores, porque lucían como la promoción de una de esas comedias de parejas disparejas que no siempre dan en el blanco. Pero los rostros de sus participantes insinuaban ya que podíamos estar ante algo relevante, porque se trataba de Russell Crowe y Ryan Gosling, es decir, dos tipos de distintas generaciones que no suelen aceptar encargos menores.

Y luego estaba, claro, el nombre de su director y coguionista, Shane Black, que podrá no ser de dominio público, pero cuyo dueño se dio a conocer como el escritor de la primera “Lethal Weapon” (1987) y dirigió recientemente la nada despreciable “Iron Man 3”. Por supuesto, “The Nice Guys” se acerca mucho más a la primera que a la segunda, aunque tiene su propia personalidad, amparada por su ambientación histórica y geográfica, el ingenio de su narrativa, el talento combinado de dos grandes estrellas de Hollywood y una puesta en escena que parece funcional hasta que sorprende con la creatividad de sus encuadres.

Pese a que fue filmada mayormente en la Atlanta actual, la cinta se desarrolla en la ciudad de Los Angeles de fines de los ‘70 y luce realmente como si así fuera, incluso cuando recrea la nube de polución que flotaba aparentemente en el cielo debido a la falta de regulaciones ambientales. Es allí donde conocemos a Jackson Healy, un sujeto de lo más rudo que se gana la vida pegándole a otros y que, en medio de uno de sus trabajitos, entra en contacto con Holland March, un detective privado poco eficaz que fuma como chino en quiebra y bebe como cosaco.

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En realidad, el contacto es bastante fuerte, sobre todo para March, quien sufre una lesión en uno de sus brazos como parte de la estrategia de Healy para convencerlo de que abandone un caso relacionado a la búsqueda de una muchacha perdida, Amelia (Margaret Qualley). En medio de su aspecto entretenido, la escena es especialmente fuerte y dolorosa, como anticipo de lo que se verá en una cinta que se burla permanentemente de las convenciones actuales de género para obtener resultados que no se sienten siempre completamente satisfactorios por los constantes cambios de tono, pero que no dejan de sorprender y que nos trasladan de manera especialmente vívida a un universo cuya intención claramente ‘retro’ ostenta una sensibilidad propia, sin necesidad de recurrir a enormes explosiones ni a efectos digitales.

Como era de esperarse, Healy y March se reencontrarán luego en circunstancias supuestamente mejores y se verán obligados a unir fuerzas por razones detalladas en la trama, lo que sucede justamente en la escena del baño (con Holland sentado en el excusado tratando de apuntarle a un Healy indiferente) que forma parte esencial del tráiler de manera equivocada, sobre todo porque es lo más abiertamente gracioso del filme y vende quizás una idea tergiversada del estilo general. No es lo único que va por ahí, claro; por extensión, el mismo Gosling es el proveedor mayor de comicidad y estupideces, aunque lo haga a veces con una contención inusual en entregas abocadas a la simple risa.

Claro que el hombre tiene razones de peso para estar de ese modo: su esposa murió trágicamente y lo dejó con una hija de 13 años, Holly (Angourie Rice), quien parece ser la persona más madura de los dos (mientras que su intérprete es una revelación impresionante). La inclusión de Holly es también una decisión rara, porque si bien parece ser una de esas estrategias que se emplearían en un título familiar para ganarse a la audiencia, se usa en un relato evidentemente para adultos, hasta el punto de que la niña se ve no sólo expuesta al humo que brota de los innumerables cigarrillos fumados por su padre, sino que termina también involucrada en una conversación sobre sexo anal con una actriz de la industria porno.

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Por ese lado, Black no le teme nunca a la posibilidad de causar incomodidad en el espectador; lo que cuenta no se libera nunca de un sentido de ligereza que, sí, es afín a la comedia, pese a que hay imágenes particularmente gráficas en los momentos de violencia y una buena cuota de desnudez femenina, empezando por la introducción, en la que se ve en todo su esplendor -pero simultáneamente en medio de una situación sumamente trágica- a Misty Mountains (Murielle Telio), la voluptuosa estrella del porno cuya muerte es parte de la investigación. En medio de todo, las circunstancias que se presentan y los destinos de algunos personajes tienen frecuentemente una carga ominosa que trasciende el humor negro.

Para hacer sinceros, hubo momentos supuestamente cómicos que no nos hicieron mucha gracia; pero ésa parece ser la intención de un Black empeñado en desconcertar al espectador y jugar con esa ambigüedad moral que se evita como la peste en las producciones hollywoodenses actuales, ya que, más allá de la niña, ninguno de los personajes genera simpatía inmediata, lo que convierte al título de la película en una broma (una broma que, por otro lado, llega respaldada por la reputación agresiva de Russell en su vida cotidiana).

Mientras tanto, las acciones se mueven en medio de un Sur de California verosímil y a la vez mítico, con atisbos de locaciones emblemáticas como Tower Records, el letrero del gato Felix de Chevrolet y un cartel publicitario de “Jaws 2”' que sirven más de fondo que de exhibicionismo banal, aunque la escena de un grupo de protesta estudiantil apunta mucho más directamente al chiste. Además, los actores citados no son los únicos que destacan, porque además de la participación fugaz de una notable dama del cine últimamente venida a menos, hay una serie de villanos bien desarrollados entre los que destaca John Boy (Matt Bomer), un pistolero implacable y francamente intimidante que se involucra en algunos momentos de acción cuya creatividad visual da cuenta del talento del director para la implementación de esta clase de escenas.