Reseñas de cine

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Nov
04

Reseña de DOCTOR STRANGE

Escrito por Sergio Burstein

Doctor Strange 1

Pese a que crecimos tanto con las historietas de DC como con las de Marvel, fueron las segundas las que terminaron dejando un impacto más grande en nuestras vidas, debido sobre todo a la huella marcada por personajes como Spider-Man y The Hulk, surgidos ambos de la creatividad de Stan Lee. Pero lo cierto es que, directa o directamente, este mismo señor estuvo involucrado en muchos más proyectos de los que conocíamos.

Y no estamos hablando de sus invenciones más celebradas, entre las que se encuentran también Iron Man, Thor y los X-Men, sino de una figura como la que se pone al frente de la película “Doctor Strange”, y que sin ser completamente desconocida para nosotros, no despertó nunca la atención suficiente en nuestras cabezas como para buscar y leer uno de sus cómics, a no ser que nos falle la memoria. Pero después de ver lo que acabamos de ver en la pantalla, las cosas han cambiado; y está bien que así sea.

Sucede que, a pesar de ser la enésima cinta de superhéroes que ha desfilado ante nuestros ojos -y en desmedro de nuestra supuesta predilección por los filmes de tendencia más artística-, esta adaptación prueba la existencia de un ser de ficción lo suficientemente original, carismático y complejo como para merecer su inclusión en el cartel cinematográfico ‘marveliano’ y, de paso, aportar algo novedoso en el mismo esquema a causa de sus propios poderes, cuyo origen en este caso es directamente mental.

Doctor Strange 2

No hay que pensar que estamos ante la primera obra del género hecha por un gran estudio que recurre a la contemplación en lugar de la acción, claro, porque esto tiene todas las escenas espectaculares que se pueden esperar de una megaproducción de su tipo; sin embargo, resulta saludable la implementación de una premisa en la que, para superar sus problemas, el protagonista tiene que recurrir a un cambio radical de su forma de pensar, y en la que ese mismo cambio es el que le proporciona justamente las facultades que lo transforman en un sujeto inusual.

Al principio de la historia, Stephen Strange (Benedict Cumberbatch) es un afamado neurocirujano cuyos grandes méritos para salvar vidas en inminente peligro se ven contrastados por su increíble arrogancia; pero luego de sufrir un estrepitoso accidente a bordo de su lujoso Lamborghini, que es presentado con la intensidad y la brevedad necesarias, las manos del médico (es decir, sus instrumentos esenciales de trabajo) terminan inutilizadas, lo que provoca en su propietario una severa crisis emocional.

Empeñado inicialmente en usar los avances de una ciencia que conoce al derecho y al revés con el fin de lograr una rehabilitación aparentemente imposible, Strange pudo haber seguido una ruta más convencional en esta clase de relatos, encontrando la solución en sus experimentos; pero la respuesta le llega desde un espacio inesperado.

Doctor Strange 3

En ese sentido, la trama del filme le otorga un valor inusitado al misticismo oriental por encima de la medicina occidental, lo que resulta ciertamente refrescante, aunque es probable que no haya que intentar demasiadas lecturas sobre ello, porque, a fin de cuentas, estamos frente a una historia de superhéroes en la que el protagonista es capaz de realizar una serie de proezas fantásticas que no deben encontrarse en el manual de los monjes tibetanos (y que lucen estupendamente con los lentes de 3D).

Como ya lo hemos dicho, no estábamos demasiado familiarizados con este personaje, creado por Lee en colaboración con el ilustrador Steve Dikto (quien tuvo de hecho la idea original); pero al leer sobre él, nos enteramos de que el maestro principal de Strange era Ancient One, un anciano asiático. Por ese lado, los fanáticos de los cómics originales podrán poner el grito en el cielo ante el cambio de sexo del aludido, convertido aquí en mujer; pero si bien es cierto que la idea detrás de esto responde probablemente a los intentos actuales por revalidar a las damas en el mundo de la ficción, el consuelo mayor es el que el papel ha sido encomendado a Tilda Swinton, la excelente actriz escocesa de “Michael Clayton”, “We Need to Talk About Kevin” y “Only Lovers Left Alive”, quien le otorga una interesante accesibilidad a una interpretación que pudo ser muy acartonada.

Fuera de lo que respecta al argumento mismo, los conceptos psicológicos de “Dr. Strange” se trasladan al plano visual, y es ahí también donde la película marca una diferencia, convirtiéndose en el título más ‘trippy’ del género, sobre todo por la temprana escena en la que Ancient One traslada a Strange a un universo paralelo, cuyas alusiones a las drogas quedan claras (“¿qué me diste? ¿LSD?”, reclama el médico) y que merece ya ser colocada en los anales del cine.

Doctor Strange 4

Este no es el único atractivo en una puesta en escena que incluye escenas de acción en las que, como era de esperarse, no faltan las peleas, pero que se basan más en manejos mentales con los que se provocan deformaciones del espacio y manipulaciones del tiempo que en movimientos físicos directos, lo que le brinda al asunto entero un evidente sentido de originalidad y, de paso, logra un carácter alucinógeno normalmente ausente en producciones de este tipo, acercándose más a las sensaciones generadas por títulos como “The Matrix” e “Inception” que a las que surgen al ver las típicas historias de ‘vigilantes’ con disfraz, pero dejando a la vez espacio para la ligereza y el sentido del humor.

Ya mencionamos a Swinton, pero, en realidad, la verdadera joya de “Dr. Strange” es Cumberbatch, el actor inglés de la cinta “The Imitation Game” y de la teleserie “Sherlock” que, en este caso, se pone en la piel de un personaje cuyo egocentrismo podría haberlo convertido en un simple remedo del Tony Stark de Robert Downey Jr., pero que en sus manos obtiene una personalidad propia y una simpatía que trasciende el rechazo que se podría sentir ante un tipo así, además de lograr que las emociones que experimenta -entre las que se incluyen la rabia, la frustración y la alegría- se sientan reales.

No todo es tan brillante en la nueva empresa: fuera de Swinton, no hay otro actor que alcance las cumbres interpretativas de Cumberbatch, ni siquiera Chiwetel Ejiofor (“12 Years a Slave”), quien se convierte en su compañero más cercano de batalla; Rachel McAdams (“Spotlight”), con todo lo bella y compresiva que se muestra, no aporta mucho a la historia, y tenemos incluso menos recuerdos de los villanos, pese a que el principal, Kaecilius, es encomendado a Mads Mikkelsen, el gran actor danés de la igualmente brillante “The Hunt”. Finalmente, el director Scott Derrickson (“Sinister”) no parece apuntar hacia la obtención de una obra maestra, aunque logra un producto altamente recomendable y definitivamente inusual para esta época del año.