Reseñas de cine

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Dic
02

Reseña de THE EYES OF MY MOTHER

Escrito por Sergio Burstein

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Cuando se es un seguidor del cine de terror, resulta tentador tratar de favorecer a cuanto título mínimamente interesante se estrene en las salas, por el simple hecho de favorecer al género. Pero, en nuestro caso, existe no sólo la certeza de que muchos de los filmes que se lanzan son bastante discretos, por decir lo menos, sino también una clara inclinación por producciones de tinte menos comercial y de mucho mayor osadía.

Ese es por suerte el caso de “The Eyes of My Mother”, que consideramos ya como una de las mejores cintas del año que termina y que, además, tiene un espíritu semejante al de “The Witch” -otro de los puntos particularmente altos de esta escuela en el presente calendario- en lo que respecta a su capacidad de generar shock y espanto sin abusos de ‘gore’, pese a que, en este caso, las imágenes tienen un contenido mucho mas explícito, lo que se ha convertido justamente en motivo de discusión entre los críticos.

Al igual que “The Witch”, “The Eyes of My Mother” se desarrolla en un entorno rural estadounidense, aunque éste no es el del siglo XVII, sino el de un ambiente aparentemente contemporáneo; y a pesar de que lo que vemos no se siente completamente novedoso, posee un aroma de originalidad desde el hecho mismo que los trámites se desarrollan en el seno de una familia de ascendencia portuguesa, lo que permite la frecuente intromisión de palabras en ese idioma en medio de los esperados diálogos en inglés (que no son tampoco abundantes) y hasta el empleo de algo de fado en una impresionante escena de danza.

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Por supuesto, como se verá en el transcurso de la historia, esto se encuentra muy lejos de ser una loa a los inmigrantes, aunque tampoco se trata de un ataque contra ellos, porque el causante de desencadenar el horror y la brutalidad que se aprecian más adelante es Charlie (Will Brill), el vendedor ambulante y anglosajón que llega de pronto a la granja de la familia y que tiene en realidad planes mucho menos inofensivos que el uso del baño que ha requerido.

Desde el principio del relato, el foco de atención se encuentra en Francisca, quien aparece en los primeros minutos decisivos como una niña interpretada por Olivia Boand y que, por fortuna, es mostrada después (y en la mayor parte del metraje) en una etapa mayor -aunque todavía muy joven- bajo la inspirada interpretación de la misteriosa Kika Magalhaes, que también es bailarina. Sin querer adelantar demasiado de la trama, nos sentimos obligados a decir que Francisca no está precisamente bien de la cabeza desde lo que pasó años atrás (OK, no fue un abuso de tipo sexual), y que, para usar una figura no del todo simbólica en este caso, tiene varios esqueletos en el clóset, a la vez que un minucioso dominio de los instrumentos quirúrgicos que le fueron heredados por su madre doctora (¿van adivinando por dónde va la cosa?).

El aspecto perturbador se plasma incluso en los momentos de la cinta que no son supuestamente aterradores, cuando la muchacha tiene que encargarse de su padre, que era ya bastante viejo al inicio de la cinta, y que ahora se encuentra en un estado prácticamente vegetativo (¿o es algo peor?), por lo que Francisca es mostrada mientras lo acuesta, lo levanta, lo asea y, en este último trance, se mete súbitamente con él a la bañera para abrazarlo y decirle lo mucho que lo extraña.

TEMM 3

A partir de ahí, las cosas empiezan a ponerse más y más raras, ya que si bien sería razonable sentir lástima por una protagonista que a todas luces ha tenido una vida terrible, su actitud gélida e indiferente es ya suficiente como para alejarnos de ella, en medio de los atractivos físicos que ostenta; y cuando empieza a desfogar sus frustraciones de manera particularmente salvaje e injusta, el sentimiento que termina imperando es el espanto, a pesar de que las acciones violentas no se suelen mostrar, para revelar en cambio en toda su gloria las consecuencias que se producen.

“The Eyes of My Mother” dura únicamente 76 minutos, y no querer decir mucho de lo que pasa en ella nos deja literalmente cortos de palabras; pero lo que sí podemos afirmar es que está lejos, muy lejos de ser una cinta para toda clase de espectadores, por más adultos que estos sean, y que ha recibido incluso reseña negativas por la crudeza de sus tomas. Sin embargo, antes de que piensen que nos encontramos ante un simple producto de ‘exploitation’, es necesario señalar que el aspecto profundamente ominoso de la trama se ve acompañado por una puesta en escena preciosista y absolutamente inspirada que, además de emplear acertadamente el blanco y negro para contradecir la belleza del entorno natural, tiene unos ecos a Ingmar Bergman que la alejan de inmediato de la típica ‘slasher movie’ y dan cuenta del talento de su director y guionista, Nicolas Pesce, un joven cineasta neoyorquino que demuestra una gran visión artística a pesar de que ésta es su ópera prima.

No sería tampoco excesivo señalar que, con todo el impacto que genera, “The Eyes of My Mother” no es un filme de monstruos ni de hechos sobrenaturales, sino uno sobre la maldad que es capaz de generar el ser humano por razones que pueden tener un origen específico, pero que no terminan necesariamente justificando las barbaries que comete. Por ese lado, la película resultará frustrante y hasta ilógica para algunos, aunque, para nosotros, su falta de predictibilidad es una virtud adicional. Eso sí; hay que ver a esta chica en acción, pero no salir con ella.

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