Reseñas de cine

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Ene
27

Reseña de THE SALESMAN

Escrito por Sergio Burstein

Salesman 1

Aunque no suena necesariamente bien que una nota sobre una película sin fines políticos directos sea iniciada hablando de temas ajenos a lo cinematográfico, la cantidad de barbaridades perpetradas por Trump en su primera semana de trabajo han alcanzado incluso a la película que aquí se comenta, haciendo que su protagonista femenina, Taraneh Alidoosti, anuncie que no asistirá a la ceremonia del Oscar en protesta por la decisión del nuevo presidente de limitar seriamente la visita a los Estados Unidos de las personas que residen en países árabes.

De ese modo, la gravedad de lo que viene ocurriendo empieza a afectar al mundo artístico internacional, lo que en este caso específico es lamentable porque “The Salesman”, que se estrena justamente hoy en salas de la Unión Americana, es una de las cintas nominadas en la categoría de Mejor Película Extranjera para los premios de la Academia, así como el séptimo largometraje del aclamado cineasta iraní Asghar Farhadi, cuya obra “A Separation” triunfó en este mismo rubro a inicios del 2012.

Y si bien “The Salesman” no es directamente política, contiene más de un comentario sutil sobre lo que es vivir en un país marcado por el autoritarismo y las normas conservadoras, lo que, al paso que vamos, podría tocarnos más de cerca que nunca. En esencia, la historia que se cuenta es sobre una pareja de actores que empieza a tener problemas luego de un incidente traumático; pero si bien las causas del mismo parecen tener orígenes muy individuales, las complicaciones que se producen después dependen en gran medida de situaciones y de prejuicios relacionados al sistema dominante.

Salesman 2

Podría decirse que, al inicio del argumento, Emad (Shahab Hosseini) y Rana (Alidoosti) se encuentran “felizmente casados”, porque aparte de que parecen quererse mucho, comparten los papeles estelares en una puesta en escena local -pero muy profesional- de la tragedia del dramaturgo neoyorquino “Death of a Salesman”. Sin embargo, la escena de introducción los encuentra forzados a abandonar el departamento en el que viven debido a que el edificio en el que este se halla va a ser derribado, y poco después, ella le dice a él que tiene que hablar con unos censores sobre las partes de la obra que tendrán que ser eliminadas de su interpretación.

Lo primero funcionará pronto como una alegoría del desmoronamiento progresivo de la relación de la pareja que, puesta de este modo, luce demasiado evidente, pero que no se siente de ese modo debido a que Farhadi (quien dirige y escribe o coescribe sus películas) es un cineasta demasiado dotado como para crear algo sin sutileza alguna. También es un tipo capaz de saber que no puede meterse directamente en problemas con su gobierno, por lo que sus críticas sociales son probablemente mucho más indirectas de lo que podría parecer.

Lo cierto es que las desavenencias entre Emad y Rana -magníficamente interpretados por sus respectivos actores- surgen a partir del momento en que ella es atacada por un desconocido al que deja entrar por error en el nuevo departamento que los dos han conseguido en otro edificio, pero que le perteneció anteriormente a una mujer de ‘cascos ligeros’ que llevaba a muchos hombres al lugar. Desde ese instante, ella empieza a comportarse con un aire de distracción irreparable, mientras que él, que antes del hecho era un maestro de secundaria particularmente carismático, se obsesiona con la búsqueda del culpable y endurece considerablemente su personalidad. Lo que les ocurre termina afectando directamente a la obra en la que participan, que fuera de empezar a presentar aspectos cercanos a las experiencias reales que están teniendo, se ve perjudicada en un caso por la propensión de ella a llorar en medio de una función y en otro por el cambio agresivo de los diálogos por parte de él.

Salesman 3

Para los espectadores occidentales, ver invariablemente a Rana y a todas las mujeres de la película con la cabeza cubierta es algo que influye en nuestra percepción de las desigualdades de género en un país como el retratado; pero que Rama desista de hacer una denuncia a la policía por el temor al qué dirán y la manera en que sus vecinos se lo remarcan es una anotación precisa sobre el fenómeno que no solo aparece de manera natural, sino que es también un elemento que hace avanzar la trama.

En medio de sus anotaciones específicamente culturales y geográficas (no cabe duda de que estamos en Teherán, ciudad cuyos barrios de clase media son mostrados de manera frecuente), “The Salesman” alcanza una dimensión mundial por su accesibilidad y el interés que despierta la trama que maneja, con ecos de ‘thriller’ a lo Hitchcock pero una personalidad visual mucho más realista que le permite evitar de mejor modo el artificio.

La comparación es arriesgada, claro, y la verdad es que Farhadi no da siempre en el blanco, ya que si bien el realizador maneja una planificación rigurosa, sus intentos para que todo sea especialmente creíble flaquean cuando la trama llega a un punto en el que las acciones de los personajes se sienten demasiado dilatadas, específicamente en la parte final. Curiosamente, a pesar de ello, el desenlace es intrigante, lo que dice mucho de la habilidad de Farhadi para lograr primero que el espectador no pueda despegarse de sus relatos y, después, que tenga numerosos motivos de conversación sobre lo que le ha mostrado.

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