Reseñas de cine

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Mar
02

Reseña de LOGAN

Escrito por Sergio Burstein

Logan resena 1

Algunas cosas están cambiando para bien. Y no nos referimos a los nuevos residentes de la Casa Blanca, por supuesto, sino a la situación actual del cine de superhéroes, que ha venido tomando una complejidad cada vez mayor cuyas razones no se deben únicamente a una adaptación mercantilista destinada a sobrevivir en medio de la evidente saturación del género, sino también a la necesidad de ponerse a tono con una realidad mundial cada vez más alarmante.

En ciertos casos, esta mejoría viene de la mano de cineastas que por una u otra razón han estado relacionados a una saga determinada a lo largo de un periodo razonable de tiempo, como ocurre con James Mangold, que no es precisamente el cineasta más involucrado con la serie de los X-Men (ése sería Bryan Singer), pero que tiene a sus espaldas uno de sus ‘spin-offs’ más destacados, “The Wolverine” (2013), en el que lidió de manera directa con el personaje que sigue siendo el más popular de la franquicia, así como con el actor que lo ha interpretado a lo largo casi dos décadas, es decir, Hugh Jackman.

En vista de que el mismo Jackman, quien tiene actualmente 48 años, había venido diciendo desde hace mucho que quería dejar definitivamente a Wolverine de lado debido a que le resultaba cada vez más difícil ponerse en la piel de un sujeto caracterizado por sus extraordinarias habilidades físicas, el hecho de que "Logan" sea su última aparición en el citado papel (y créanlo, porque lo es) no debería extrañar a nadie; pero la sorpresa por aquí es que la despedida es no sólo particularmente digna y efectiva, sino que toma incluso una ruta llamativa en momentos en los que todo parecía haber sido dicho.

Logan resena 2

Con estos fines, Mangold -también coguionista- logró convencer al estudio productor, 20th Century Fox, para que le permitiera trabajar dentro de los márgenes de la clasificación R (para adultos), algo que es altamente inusual para las cintas de superhéroes pero que se ha convertido en una idea mucho más viable desde el impresionante éxito de “Deadpool” (2016), producida por Marvel pero distribuida por la misma Fox. Y aunque no debe pensarse que “Logan” sigue la ruta de la comedia (de hecho, va por el lado opuesto, aunque posee varios chispazos de humor), es indudable que aprovecha la coyuntura para darle rienda suelta a un nivel de violencia sumamente gráfico.

Sin embargo, en lo que respecta a las similitudes fílmicas, la huella que más sentimos al ver esta película durante una función especial le correspondió a la “Mad Max: Fury Road” (2015) de George Miller, lo que tuvo incluso más sentido esta semana, cuando se reveló que Mangold planea lanzar una versión en blanco y negro de su trabajo, tal y como lo hizo justamente Miller con el suyo. Se trata de una coincidencia demasiado grande como para ser una casualidad, y eso, sinceramente, afecta nuestra percepción de la obra aquí reseñada.

En otras palabras, “Logan” no se siente completamente original y, a nuestro parecer, ofrece menos de lo que promete, sobre todo porque ha llegado antecedida de unas críticas exuberantes; pero se trata de todos modos de un título absolutamente digno de aprecio, incluso cuando se considera que su nivel de agresividad espantará sin duda a muchos de los espectadores que tiene supuestamente asegurados. Para ser claros, hasta nosotros, que somos amantes del ‘gore’ y del terror, sentimos en varios momentos que las cuotas de sangre se habían exagerado, ya que la historia no las exigía.

LOGAN

Por otro lado, esta nueva libertad hace que sucedan cosas un tanto extrañas desde el comienzo mismo, como la enunciación de malas palabras por parte de unos personajes que nunca las habían dicho, lo que suena gracioso y natural en vista de que no son precisamente unas señoritas, pero nos sitúa involuntariamente en una especie de universo alternativo cuya impresión se ve resaltada por la aspereza intencional de la puesta en escena y de la trama, en la que nadie lleva un traje de superhéroe ni muestra atisbo alguno de glamour.

Esto sucede principalmente en el caso del protagonista, que si bien sigue luciendo imponente (Jackman no ha abandonado el ejercicio ni la excelencia en la actuación), se encuentra visiblemente envejecido y en un momento desafortunado de su existencia, debido a que sus poderes de autosanación están fallando. Él mismo vive en México, cerca de la frontera con Estados Unidos, al lado de otro mutante, Caliban (Stephen Merchant), quien lo ayuda a cuidar de un Charles Xavier (Patrick Stewart) evidentemente senil y propenso a unos arranques de desarreglo psíquico potencialmente letales.

La aparente tranquilidad le dura poco a nuestros amigos, por supuesto, y una serie de circunstancias nada amables y vinculadas a un nuevo villano, Donald Pierce (muy bien interpretado por Boyd Holbrook, de la teleserie “Narcos”), los ponen en contacto con una enfermera mexicana llamada Gabriela (Elizabeth Rodríguez), quien les presenta a una niña del mismo origen, Laura (la inglesa-española Dafne Keen), que requiere supuestamente de protección, aunque una de sus escenas tempranas demuestra que, en realidad, la chiquilla es mucho menos inofensiva de lo que se pensaba. De hecho, es capaz de sacar las garras de un modo no precisamente metafórico, como lo comprobarán quienes se sometan directamente a su descontrolada furia (porque es una fiera).

Logan resena 4

Laura parece ser muda, pero cuando decide finalmente romper esa regla, lo hace con un monólogo frenético de español atropellado que resulta ciertamente divertido; y a pesar de que su manejo del inglés mejora luego de manera súbita e inexplicable, su aspecto latino no cae nunca en el cliché. Pero lo que impresiona realmente en términos de propuesta ideológica es lo que sucede más adelante, luego de un viaje largo y lleno de contratiempos que apela a las convenciones de la ‘road movie’ para culminar con un mensaje a favor de los refugiados que no por contundente resulta forzado.

Ese simple detalle le brinda a la cinta un carácter especial que la distingue en medio de su ocasional falta de creatividad, mientras que el tratamiento del relato adopta frecuentemente unos aires de ‘western’ mucho menos discretos (nótese la escena en la que los protagonistas ven el clásico “Shane” en una televisión enorme) pero de todos modos logrados. El resultado es un título que esconde un nivel mucho más complejo de lo que podría insinuar la relativa simpleza de su guión y que, además de todo, emplea el sentimentalismo en los momentos adecuados y sin abusar de las dosis, en consonancia con las duras personalidades de su protagonista y de la pequeña que ahora lo acompaña.

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