Reseñas de cine

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Mar
18

Reseña de RAW

Escrito por Sergio Burstein

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A diferencia de lo que ocurre con el cine abiertamente comercial de cualquier género, que se empeña en repetir una y otra vez la misma fórmula, la escuela fílmica del terror se ha convertido en los últimos años en una de las fuentes más fecundas de historias creativas y propositivas, y eso incluye a la soberbia película “Raw” ("Grave" en su título original), que se ha ido estrenando en distintas salas de los Estados Unidos de manera paulatina a partir de la semana pasada.

Como ha venido sucediendo de manera cada vez más frecuente en esta rama, el título aquí comentado cuenta con una figura central femenina; pero eso no es todo, ya que fue escrito y dirigido por otra dama, Julia Ducournau, una artista parisina que había hecho anteriormente cortos y trabajos televisivos, pero que debuta ahora en el largometraje con una obra memorable que no muestra simplemente promesa, sino que nos presenta de manera incuestionable a un nuevo valor del espanto trasladado a la ficción.

Desde la primera escena de “Raw”, sabemos que nos encontramos ante un relato inusual y lleno de posibilidades, porque se nos muestra a una familia de vegetarianos que reacciona de manera un tanto desproporcionada en un restaurante luego de que su hija Justine (la excelente Garance Marillier) descubre que el puré de papas que ha pedido contiene en realidad un derivado de la carne. El momento nos sirve también para saber que ella es una muchacha tímida y sobreprotegida, lo que insinúa una adaptación complicada al ambiente universitario que la acaba de recibir y en el que se desarrollará el resto de la trama.

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Y ése no es el único problema, sino el hecho de que la escuela misma cuenta con una antigua tradición que ha transformado a sus alumnos mayores en verdaderos opresores de los recién llegados, a los que obligan a realizar actividades humillantes y peligrosas que involucran situaciones potencialmente sexuales. La existencia de estos tiranos indefinidos es de lo más interesante, porque si bien responde a situaciones de la vida real, adquiere un aire ciertamente siniestro ante una exageración que no por ello deja de ser verosímil.

De hecho, estos sujetos serían ya suficientes para sostener una historia de horror convencional, y hasta podrían ser los villanos de un filme estadounidense sobre ‘bullies’; pero Ducournau tiene planes mucho más ambiciosos para Justine, por lo que la pone en contacto con su hermana Alexia (Ella Rumpf), quien además de formar parte de los alumnos ‘veteranos’, es indudablemente mucho más extrovertida que ella y la obliga prácticamente a participar en un ritual de iniciación que implica devorar un hígado crudo de pato, algo que, para empezar, resulta mucho más repugnante para la jovencita que para cualquier carnívoro común y corriente.

Después de la infame ceremonia, algo ocurre en el organismo de Justine, por supuesto; y aunque no queremos adelantar mucho de lo que viene, nos atrevemos a decir que va por el lado de lo que ocurre en la serie de Netflix “Santa Clarita Diet”, pero con un tono completamente distinto que, sin prescindir del humor negro, adopta principalmente la ruta despiadada, en consonancia con una línea del cine francés de terror contemporáneo que ha parido títulos tan controvertidos como “Inside” (“À l'intérieur”, 2007) y “Martyrs” (2008).

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Para ser claros, “Raw” no es tan ‘hardcore’ como lo podrían insinuar estas comparaciones, sobre todo en lo que respecta a las dosis de ‘gore’; pero, en medio de su bienvenida complejidad, se encuentra lejos, muy lejos de ser amable, y posee al menos una de esas escenas repulsivas que resultan difíciles de apreciar sin desviar la mirada. Sin embargo, la idea por aquí no es buscar el ‘shock’ por el ‘shock’, sino emplear las situaciones descritas como excusa para narrar una historia de despertar femenino en medio de un entorno hostil y machista.

Por ese lado, y ya que insistimos tanto al inicio en el tema de la originalidad, debemos reconocer que “Raw” no sale tampoco completamente libre del desafío, porque además del homenaje intencional a “Carrie” que aparece por ahí, escribir todo esto nos ha llevado a recordar la memorable propuesta de género de “Ginger Snaps” (2000), una película canadiense que tenía también al frente a dos hermanas muy jóvenes y que usaba el tópico de la licantropía para referirse a los retos de la maduración, asumiendo con ello un concepto igualmente feminista.

Pero condenar a esta sorprendente cinta por haberse inspirado en una anterior significaría desconocer las reglas de un género cuyos encantos dependen en gran medida de esa misma retroalimentación. A fin de cuentas, los momentos más intensos de “Raw” son absolutamente auténticos, y eso incluye el impactante momento final, que explica muchas cosas mientras abre una serie de interrogantes, así como la ubicación del relato dentro de una escuela de veterinaria, que permite inquietantes paralelismos con el mundo animal.

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