Reseñas de cine

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Abr
06

Reseña de COLOSSAL

Escrito por Sergio Burstein

colossal 1

Luego de meterse en terrenos pantanosos y de complicarse la vida de manera innecesaria con la experimentación formal del fallido ‘techno-thriller’ “Open Windows” (2014), que fue además su primera película en Hollywood, el director español Nacho Vigalondo recupera el brillo perdido con “Colossal”, una producción igualmente estadounidense que, en consonancia con su título, le permite reconquistar a lo grande a sus seguidores confundidos.

Claro que, a pesar de que este es el proyecto más ambicioso del autor de “Los Cronocrímenes” (2007) en términos de logística, no se trata tampoco de una obra que califique como superproducción ni de una que alcance la espectacularidad que se podría esperar de una cinta con monstruos gigantes; pero no hay problema con eso, y no sólo porque Guillermo del Toro cumplió ya con esa parte al hacer “Pacific Rim” (2013), sino porque, en este caso, Vigalondo le otorga al fenómeno japonés del ‘kaiju’ un rol absolutamente adecuado para sus inclinaciones ‘indie’ y su interés habitual en los comportamientos humanos.

En ese sentido, con todo lo ‘retro’ que son sus criaturas y con la participación limitada que tienen los efectos especiales, lo que “Colossal” presenta por ese lado -y que se filmó realmente en las calles de Seúl, la capital coreana- maneja una estética conveniente para la propuesta general del trabajo, ya que hacerla más realista hubiera resultado incongruente con el estilo de la otra parte de la historia, es decir, la que se desarrolla en un pueblo estadounidense de un lugar indeterminado para plantear un relato de dimensiones aparentemente intrascendentes en el plano mundial.

Colossal 2

Todo empieza con Gloria (Anne Hathaway), una joven atractiva pero disfuncional que llega a su departamento de Nueva York en medio de una resaca para tener una fuerte discusión con su novio, Tim (Dan Stevens), quien no sólo le anuncia que no puede seguir a su lado debido a que esta clase de situaciones son ya el pan de cada mesa, sino que ha puesto sus pertenencias (las de ella) en maletas para que la muchacha se mude de inmediato.

Ante las circunstancias, Gloria, que ha sido además despedida de su trabajo y no tiene dónde quedarse en la Gran Manzana, decide regresar a su pueblo de origen (cuyo nombre no se menciona) en busca de una segunda oportunidad; y cuando se encuentra en plena calle con Oscar (Jason Sudeikis), un conocido suyo de la escuela secundaria que parece ser un tipo sincero, comprensivo y de lo más tranquilo, todo parece insinuar que estamos frente a una comedia romántica ligera en la que la protagonista obtendrá redención al redescubrir los encantos de una existencia sencilla al lado de alguien que realmente la quiere, así como otras tonterías por el estilo.

Pero ya señalamos antes por dónde va el asunto, y en lugar de que ocurra algo así, Oscar le ofrece a Gloria un trabajo como mesera en el bar que él mismo regenta desde la muerte de su padre, algo que no es precisamente la mejor idea para una persona que pretende dejar la bebida. Además, pese a que Oscar está evidentemente interesado en Gloria, esta prefiere hacerle ojitos a Joel (Austin Stowell), un amigo del primero que, en medio de sus serias limitaciones intelectuales, es mucho más guapo (¿no es eso lo que ocurre siempre?).

Colossal 3

Justo cuando el asunto empieza a adquirir más bien un tono de drama independiente, aparece el monstruo en cuestión al otro lado del mundo, retratado en todas las pantallas de televisión y observado por la audiencia local con interés, pero también con una suerte de indiferencia que alude sin duda al modo en que los estadounidenses reaccionan supuestamente ante situaciones graves que se producen en regiones alejadas del mundo. La que sí se muestra muy preocupada es Gloria, y esta es una preocupación que no disminuye al darse cuenta de que la aterradora criatura reproduce los gestos y los movimientos que ella misma hace cuando se encuentra en medio de un parque de la zona tras una noche feroz de juerga.

Es entonces cuando se revela a plenitud el espíritu irreverente y juguetón que Vigalondo mostró abiertamente en su segundo largometraje, “Extraterrestre” (2011), y que trató infructuosamente de colocar a un lado en “Open Windows” para ponerse más serio. Si lo que hemos adelantado de la trama te parece demasiado, espera a ver lo que pasa después, porque los giros ingeniosos no dejan de sucederse en una cinta que se siente profundamente fresca y que, en desmedro de sus descripciones de actos violentos, se las ingenia para generar impacto sin una sola pizca de ‘gore’.

Estamos seguros de que estos cambios de tono y estas mezclas de género no serán del agrado de todos los espectadores, como lo han probado las reseñas especializadas que cuestionan justamente el hecho; pero nosotros, al igual que mucho otros analistas, consideramos que el cineasta europeo ha salido airoso del reto con una producción que evita constantemente los excesos en los que pudo haber caído, que resulta tremendamente creativa y entretenida y que, sobre todo, cuenta con unos personajes de lo más interesantes, aunque no se trate de los seres más inteligentes -ni más decentes- que pueblan el planeta Tierra.

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