Reseñas de cine

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May
05

Reseña de GUARDIANS OF THE GALAXY VOL. 2

Escrito por Sergio Burstein

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Hemos dicho ya varias veces que las secuelas, los ‘reboots’ y todas esas artimañas usadas por Hollywood para vendernos una y otra vez la misma historia -o extender una idea inicialmente buena hasta límites insospechados- no son particularmente de nuestro gusto, por lo que nos resulta difícil entusiasmarnos con una producción que vaya por ese lado, como es el caso de “Guardians of the Galaxy Vol. 2”.

Pero eso no quiere decir que rechacemos de plano un trabajo de esta clase, sobre todo porque nos gustan mucho algunos aspectos de la cultura popular, incluyendo los cómics, que en su vertiente de superhéroes estadounidenses han aprovechado siempre el éxito de cualquiera de sus marcas para insistir en la fórmula hasta que ésta se encuentre completamente agotada.

En lo que respecta a la entrega original de esta saga (es decir, la del 2014), los beneficios se veían reforzados por el hecho de que no sabíamos casi nada de sus personajes, lo que le brindó ante nuestros ojos un aire de frescura que no eliminaba la sensación de estar viendo algo demasiado inspirado por la saga de ”Star Wars”, pero que contaba con agregados que subsanaban la falta, como la presencia de un sentido del humor realmente logrado y el empleo de una banda sonora que acentuaba la diversión pese a no concordar con nuestros gustos personales.

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En ese sentido, esta secuela no es necesariamente más de lo mismo, aunque pierde naturalmente el aspecto de la novedad y lleva incluso las semejanzas con la serie de Lucas a un nivel mayor al hacer que el conflicto principal de su protagonista Peter Quill (Chris Pratt) -un humano criado fuera de nuestro planeta- sea un conjunto de ‘daddy issues’ que, en pleno 2017, recuerda no solo lo ocurrido entre Luke Skywalker y Darth Vader, sino también la relación entre Han Solo y Kylo Ren.

Claro que, en apariencia, el papá de Peter es un tipazo que vive en un lugar alucinante, lo que resulta fácil de creer en vista de que se encuentra interpretado por Kurt Russell, un veterano del cine que además de ser un excelente actor es tremendamente carismático. A estas alturas del partido, tenemos que imaginar que varios saben por dónde va esto, por lo que no creemos ofender a nadie si adelantamos que el señor tiene en realidad cierto apego por el Lado Oscuro (no hay manera de equivocarse: se llama Ego).

Visualmente, “Guardians 2” hace méritos suficientes como para merecer verse en una pantalla de grandes dimensiones, desde la temprana escena de una sola toma en la que el bebé Groot (todavía con la voz de Vin Diesel, sometida esta vez a un efecto agudísimo) baila en medio de un arduo combate entre los Guardianes y un pulpo gigante, hasta la secuencia en la que Yondu Udonda (Michael Rocker) se deshace de un ejército entero empleando su fabulosa aguja voladora, pasando por la encantadora presentación de un prostíbulo de robots (es decir, esa clase de detalles que no encontrarás en uno de los episodios ya vistos de la competencia espacial, porque no podemos adivinar el futuro).

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La puesta en escena es tan vistosa que trasciende la calidad de cualquier trabajo por encargo y demuestra de paso que Gunn se encuentra seriamente comprometido con lo que presenta, lo que tiene sentido cuando se considera que él mismo escribió los guiones de las dos cintas y que el relativo desconocimiento de la historieta original por parte de la audiencia le ha otorgado la libertad necesaria para agregar múltiples detalles de su cosecha.

En ese sentido, el cineasta intenta también por todos los medios desarrollar a sus personajes, que en el filme de debut resultaban ya interesantes y distintivos, pero que ahora revelan con mayor amplitud sus dramas existenciales; aparte de Peter, por ejemplo, se profundiza mucho más en la relación entre la guardiana Gamora (Zoe Saldaña) y su hermana Nebula (Karen Gillan), que empiezan queriéndose matar -de manera literal- y que aprenden poco a poco a resolver sus abismales diferencias.

Estamos conscientes de que el final del párrafo anterior tiene sabor potencial a cliché, y esto no es algo gratuito, porque si bien la historia evita en varios momentos los lugares comunes en los que podría haber caído mientras sigue poniendo en alto esa comicidad irreverente y agresiva que le permite la clasificación de PG-13 (el Rocket de Bradley Cooper es el mejor para esas cosas), termina por abusar del sentimentalismo en sus intentos porque cada personaje tenga un pasado duro y una posibilidad personal de redención.

El problema con esta estrategia no es únicamente la creación de momentos bastante melodramáticos, sobre todo en lo que respecta a algunos discursos excesivos e innecesarios, sino la inestabilidad de tono que genera, afectando nuestra apreciación emocional de lo que se cuenta. Pero le estamos pidiendo quizás demasiado a una cinta que, a fin de cuentas, tiene a un mapache como uno de sus héroes principales. Uy.

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