Reseñas de cine

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Jun
16

Reseña de CARS 3

Escrito por Sergio Burstein

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En una de las escenas iniciales de “Cars 3”, Lightning McQueen, el auto rojo de carreras que ha protagonizado esta saga desde 2006 -y cuya voz original sigue siendo interpretada por Owen Wilson-, golpea uno de los muros de la pista de competencia en la que se encuentra, vuela por los aires y se estrella aparatosamente contra el suelo, terminando seriamente dañado.

Por más que el personaje sea un automóvil animado, esta secuencia se siente particularmente dura para ser parte de una cinta que se encuentra dirigida en esencia a la audiencia infantil, pero que, como suele ocurrir con la compañía de producción Pixar, tiene siempre algo de provecho para los adultos, sin dejar por ello de lado la inocencia y el ‘buen mensaje’ que forman parte del discurso habitual de Disney, la megaempresa que absorbió a la anterior hace algunos años.

Claro que siempre hay reparos posibles, como el hecho de que Lightning sale muy bien parado del accidente, hasta el punto de que cuando se lo vuelve a mostrar cuatro meses después, fuera del evidente ‘planchado’ al que ha sido sometido, no tiene secuelas evidentes en el plano físico, lo que hubiera sido interesante de mostrar en una cinta que, sin ser precisamente realista, se centra en la madurez del protagonista y en el eventual retiro de las competencias que le dan su razón de ser.

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Lo que sí sale lastimado en Lightning es el orgullo, aunque no el deseo de regresar a lo que mejor sabe hacer, para tener la oportunidad de cobrarse la revancha sobre Jackson Storm (voz de Armie Hammer), el ‘joven’ recién llegado que, por todo lo visto, parece imbatible. Nuestro héroe no ve cerradas las puertas, pero se ve ahora obligado a trabajar bajo las condiciones de una empresa que ha cambiado de dueño y que plantea unas condiciones de entrenamiento mucho más modernas y tecnológicas que la tendencia de la ‘vieja escuela’ a la que él mismo estaba acostumbrado.

Es allí donde conoce a Cruz Ramírez (voz de Cristela Alonzo), una preparadora de evidente ascendencia latina -aunque no se habla realmente del tema- que insiste en inculcarle la nueva metodología, pero que en realidad, como se sabrá después, anhela ser parte del circuito de carreras como participante activa, y que va adquiriendo poco a poco una relevancia relacionada sin duda a los intentos de Hollywood por darle roles importantes a personajes femeninos y, de paso, hispanos, incluso cuando estos se desplazan sobre ruedas.

Inicialmente, Cruz no se saldrá con la suya, porque Lightning la convence de recorrer el mundo cercano para exponerse a experiencias auténticas, lo que redunda de inmediato en la participación de los dos en una carrera campestre de ‘autos salvajes’ que resulta sumamente entretenida y que se encuentra muy bien filmada. En contra de las expectativas y de los riesgos, el ganador de la contienda no es Lightning, sino Cruz; y aunque eso puede llevarnos a sentir que los trámites se están haciendo predecibles, los giros posteriores nos ofrecen más de una sorpresa, sin ser por ello del todo impredecibles.

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Afortunadamente, cada vez que se cae en un desvío de esa clase, el director debutante Brian Fee (quien ha trabajado extensamente en el área técnica de Pixar) se las arregla para regresar al espectador al plano de lo posible con recursos visuales e informativos que le brindan realce al universo representado y que alteran locaciones urbanas con ambientes rurales, como es el caso del campo de entrenamiento de Smokey, el veterano entrenador que cuenta con la voz de Chris Cooper.

Todo esto es el preludio de la gran carrera de Florida (sí, los lugares aquí corresponden a los de nuestra realidad) en la que los ojos de la población automovilística entera (¿o habría que decir simplemente faros?) se encuentran posados en el duelo entre Lightning y Jackson; las apuestas se inclinan masivamente hacia el segundo, pero como ya lo dijimos, el guión escrito por Kiel Murray, Bob Peterson y Mike Rich no adopta siempre el camino más fácil.

Tampoco el más difícil, obviamente; a fin de cuentas, la idea es mantenerse en cauces amistosos y sacarle partido a los incontables personajes que han aparecido regularmente en la saga, aunque eso implique dejar considerablemente de lado al popular Mater de Larry the Cable Guy (quien, eso sí, participa en un par de bromas bastante logradas). Sin embargo, en medio de estas inconsistencias, el argumento tiene el brillo suficiente para encontrar aspectos que serán disfrutados por los mayores, como unas referencias a la saga de “Rocky” que no podemos detallar, pero que colaboran en la buena fortuna de una entrega inmensamente superior a la segunda.

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