Reseñas de cine

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Jun
23

Reseña de THE BAD BATCH

Escrito por Sergio Burstein

Arlen Suki Waterhouse walks among boxcars in Ana Lily Amirpours THE BAD BATCH courtesy of NEON

La escena inicial de “The Bad Batch" es una de las más impresionantes que hemos visto en el cine de los últimos tiempos, así como una que nos impactó realmente por su violencia, lo que es mucho decir en el caso de alguien como yo, que se encuentra acostumbrado a ver películas de terror y no es ajeno a las prácticas más extremas del “gore” en el plano de la ficción.

En ella, se nos presenta a Arlen (la ex modelo Suki Waterhouse), una atractiva muchacha rubia que, luego de salir de una prisión y de ser aparentemente expulsada del territorio estadounidense por una falta indeterminada, deambula penosamente por un desierto hasta que es capturada por unos bárbaros que, luego de drogarla, emplean una sierra para cortarle el brazo derecho y la pierna del mismo lado. Ambos terminan en una olla cercana, y todo se produce mientras se escucha de fondo "All That She Wants", un tema musical del grupo de pop Ace of Base que, obviamente, no se emplearía normalmente en un momento tan funesto.

Se trata de una brutal introducción que, en otras circunstancias, hubiéramos adjudicado a una cinta del llamado ‘torture porn’ y a la corriente de la ‘exploitation’, pero que sabíamos ya que iba a desembocar en algo más complejo; y no sólo por la destreza de la puesta en escena, sino también porque estábamos conscientes de que éste era el segundo largometraje de Ana Lily Amirpour, la directora estadounidense de ascendencia iraní que sorprendió al mundo del cine independiente con su ópera prima “A Girl Walks Home Alone at Night”, una historia de vampiros altamente original y artística que se exhibió en blanco y negro.

The Bad Batch 2

Para ser claros, “The Bad Batch” es mucho más agresiva que “A Girl”, donde la violencia era ciertamente discreta; y es también menos original, en el sentido de que, luego del ‘shock’ provocado por la secuencia de apertura, su propuesta temática y su ambientación remiten de inmediato a la saga de “Mad Max". Pero eso no la transforma en una simple copia ni en un trabajo sin un propósito específico: además de sus comentarios sociales acerca de fronteras e inmigrantes, justo cuando pensábamos que la muchacha de la que hablamos no tenía escape posible y que la historia que vendría propondría a otro personaje estelar, ella misma se levanta.

En realidad, no se levanta, porque con una pierna recién cercenada, resulta imposible cumplir con un trámite semejante; lo que hace más bien es arrastrarse para reducir a su vigilante y huir hacia lo desconocido, hasta que es rescatada por unos hombres que, afortunadamente, no buscan hacerle daño, sino que la llevan a Comfort, el lugar favorito de los renegados del sistema que le dan su nombre a la cinta.

Además de cumplir una función narrativa específica, Comfort justifica la implementación de una estética distintiva, ya que se trata de un espacio que recuerda tanto a un campo de refugiados como a un recinto propio de la escena ‘underground’ en el que los habitantes suelen relajarse con el uso de drogas psicodélicas y sesiones de ‘rave’ comandadas por un DJ interpretado por el mexicano Diego Luna (aunque será difícil que lo distingas, porque no se lo muestra nunca de cerca ni se le deja pronunciar palabra alguna). Para redondear un poco la idea, habría que agregar que el regente del lugar es un excéntrico personaje encomendado a un irreconocible Keanu Reeves.

The Bad Batch 3

En ese momento, notamos ya que lo que transcurre ante nuestros ojos tiene una cualidad especial, alejada del cine comercial y conectada con influencias menos atípicas; de hecho, la misma Amirpour ha declarado la influencia de “El topo”, de Alejandro Jodorowsky. Y ya para entonces, hemos visto también al grupo de caníbales que capturaron a Arlen bajo una luz distinta: levantando pesas y luciendo sus impresionantes musculaturas mientras escuchan ‘techno’.

De hecho, el líder de esta encantadora sociedad, Miami Man (Jason Momoa), no es un salvaje completo: cuida no solo muy bien a Honey (Jayda Fink), una niña rubia que parece ser su hija adoptiva, sino que muestra también inusuales tendencias artísticas al pintar hermosos retratos de quienes lo rodean. Pero una vez que su camino se cruza de manera involuntaria con el de Arlen, las cosas se complican para todos.

Contar más significaría revelar los giros presentes en un relato que tiene más de una sorpresa, pero que se sostiene esencialmente por los esfuerzos de su directora para desafiar las convenciones y crear algo que, sin ser concesivo, no deja ni por un segundo de ser interesante, incluso cuando adopta un aire demasiado extraño para lo que se ha venido presentando. Tampoco hay que menospreciar los aportes de Waterhouse, quien no tiene que mostrar aptitudes histriónicas excepcionales, pero que se muestra como una auténtica guerrera en vista de las escenas que tuvo que filmar y de los esfuerzos hechos para hacerla lucir como una persona mutilada.

De ese modo, sin ser perfecto, y a pesar de contar con un final insatisfactorio al que se suma un cúmulo de ideas apasionantes que no se desarrollan del todo, “The Bad Batch” es un título desafiante y propositivo en el que se combinan elementos del terror, del ‘western’ y del surrealismo, así como una película de visión imprescindible para los espectadores con ánimos aventureros y desprejuiciados. Habrá que ver lo que sigue en la carrera de su talentosa autora.

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