Reseñas de cine

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Jul
28

Reseña de ATOMIC BLONDE

Escrito por Sergio Burstein

atomic blonde charlize theron

Tenemos que confesar que, cuando Charlize Theron aparece en la pantalla, nada más importa para nosotros. A sus 41 años, ella ostenta una combinación de belleza y de talento que no se encuentra fácilmente en el mercado, y que se ve reforzada ante nuestros ojos por la dedicación particular para la elaboración propia de escenas de acción que la actriz sudafricana ha estado teniendo en los últimos tiempos.

Para dejarlo en claro, Theron hizo ya malabar y medio en “Æon Flux” (2005), una olvidada cinta de ciencia-ficción que se basó en una serie animada de televisión, que nunca vimos y que tuvo reseñas muy malas; pero le fue mucho mejor al ponerse en la piel de la fabulosa Imperator Furiosa de “Mad Max: Fury Road” (2015), y después de eso, se incorporó a la descomunal saga de las persecuciones automovilísticas para participar en “The Fate of the Furious” (2017), donde, sinceramente, no recordamos haberla visto mientras peleaba.

En “Atomic Blonde”, que se basa en el cómic "The Coldest City", ella misma hace la mayoría de sus actos físicos sin la ayuda de dobles, y eso no es sólo algo que se menciona con insistencia en las notas de producción del filme, sino también un hecho que se comprueba a ver la cinta, sobre todo durante una espectacular escena de pelea cuerpo a cuerpo que recorre diversos ambientes de un edificio, que desemboca en las calles y que nos maravilló incluso más cuando determinamos que era un plano secuencia de casi diez minutos, aunque leemos ahora con desencanto que es una “falsa toma única” cuyos secretos no logramos descubrir.

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Se trata de un momento digno de quedar registrado en los anales del género, así como de uno que le debe mucho a la rubia, pero también al director David Leitch, quien tuvo evidentemente que crear coreografías de lo más complejas para que esto luciera tan bien. En ese sentido, es necesario precisar que Leitch codirigió la primera “John Wick”, lo que explica sus extraordinarias habilidades para dichos menesteres.

Lo curioso es que si bien no todo lo que se muestra en este plano resulta creíble (tanto el personaje de Theron como los villanos se sobreponen a palizas descomunales y a balazos puntuales), se ve retratado de manera realista, aunque lo hace con un nivel de violencia que no será del agrado de todo el mundo (y en el que participan en sus fases más avanzadas un zapato con taco de lo más letal y un juego de llaves sediento de sangre).

Estos momentos contundentes justifican el precio de la entrada para quienes gusten de cosas así, lo que resulta especialmente conveniente cuando se considera que no todo en “Atomic Blonde” es tan maravilloso, empezando por el guión de Kurt Johnstad, que se mete en toda clase de enredos e incongruencias para contar la historia de Lorraine Broughton, una agente del Servicio Británico de Inteligencia envuelta en una peligrosa misión que involucra la recuperación de un microchip con información ultrasecreta y la eliminación de un informante entre las dos Alemanias de 1989, justo antes de la caída del Muro de Berlín.

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Los villanos no pertenecen a un solo bando y se van revelando e intercambiando poco a poco, pero no falta la representación caricaturesca del espía comunista despiadado y otros detalles semejantes, lo que termina por darle al plano narrativo un tono ochentero y hasta fantasioso que desentona con las ambiciones artísticas del planteamiento estético. Y si bien hay momentos de vuelo visual relacionados a la caída del muro (no, no el de Trump), el histórico hecho funciona más como un fondo pintoresco que como una circunstancia decisiva.

Además, Leitch no parece dejar nunca sus intentos por colocar detalles comerciales, como el desarrollo de una banda sonora que puede parecer distinta y original, pero que cae pronto en el cliché hollywoodense de tratar de reunir todas las canciones de la época retratada en una historia, empezando por hits predecibles del pop germano como “99 Luftballoons”, “Der Kommissar” y “Major Tom (Coming Home)”. No nos molesta, claro, que el maestro David Bowie aparezca sonoramente por partida doble -con “Cat People (Putting Out Fire)” y “Under Pressure”-, ni saber que el aspecto de Lorraine estuvo inspirado en él, lo que constituye un detalle simplemente encantador.

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Por suerte, fuera de su estrella y de las peleas (porque ni James McAvoy ni John Goodman impresionan demasiado), “Atomic Blonde” tiene una puesta en escena creativa y competente que logra recrear de manera creíble el ambiente de los dos Berlines durante la época en la que se desarrolla. Hay incluso uno que otro detalle enfocado en los cinéfilos, como el enfrentamiento que se produce en una sala de cine en la que se proyecta el “Stalker” de Andrei Tarkovsky, y que además de mostrar unos impresionantes afiches del clásico ruso, concluye teniendo como fondo una de sus escenas más emblemáticas.

Como lo dijimos anteriormente, Charlize (vamos, ya estamos en confianza) es un prodigio, una auténtica fuerza de la Naturaleza; y tampoco nos desagrada verla en otra clase de acrobacias, como cuando establece una relación romántica y carnal con Delphine Lasalle, una agente francesa que parece latina pero que es interpretada por Sofia Boutella, la exótica argelina que era lo único bueno de la reciente “The Mummy”.

Pese al gusto que nos dio ver entrelazadas a estas dos bellezas, no pudimos dejar de sentir al comienzo que se trataba de una treta sensacionalista para elevar de manera fácil la atención del espectador; pero caímos luego en cuenta que si Lorraine puede ser vista de algún modo como la respuesta femenina a James Bond, hacerla bisexual (porque también le gustan los hombres) es un detalle progresista que no debe pasarse por alto. A fin de cuentas, los caballeros están sobrevalorados, ¿verdad?

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