Reseñas de cine

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Sep
01

Reseña de HAZLO COMO HOMBRE (DO IT LIKE AN HOMBRE)

Escrito por Sergio Burstein

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Quiero pensar que mis gustos no se inclinan hacia lo descaradamente comercial, pero que tampoco soy todo lo radical que me gustaría a veces ser, para bien y para mal; y cuando se trata de cine, le pego una ojeada a las críticas convencionales de Rotten Tomatoes antes de ver una película a la que no he tenido acceso gratuito o que se me pasó simplemente cuando estuvo en cartelera.

Pero eso no quiere decir que mi opinión coincida con las reseñas del ‘mainstream’ ni, en realidad, con las de los especialistas que se le dan de eruditos, como ha sucedido con la obra del director y guionista chileno Nicolás López, que ha sido casi siempre rechazada por los escritores del tema a los que he consultado, pero con la que he disfrutado mucho, sobre todo cuando asume aires de serie B para meterse en terrenos del terror (“Aftershock”, “Knock Knock”), e incluso en los casos en los que explota su veta preferida, la de la comedia (se diga lo que se diga de ella, su ópera prima “Promedio rojo”' es un título que no me importaría revisar).

Sin embargo, soy consciente de que la declarada intención de López de “hacer cine para el público” puede dar ocasionalmente resultados embarazosos, insertados incluso en proyectos que tenían por otro lado detalles positivos; y en el caso de “Hazlo como hombre”, que se estrena hoy en salas de Estados Unidos y es probablemente su creación más cercana a las normas de la gran industria, esta combinación es más evidente que nunca, pese a que la misma producción tiene elementos que redimen de algún modo sus faltas.

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En el nivel más evidente, se trata de una propuesta mercantilista que coloca en su reparto a la pareja mexicana de moda, Mauricio Ochmann y Aislinn Derbez, con el fin de conectarse de inmediato con la audiencia de ese país, donde se filmó; pero lo cierto es que los recientemente casados no hacen de novios ni de coquetos pretendientes -como sucedió en “A la Mala”-, sino que interpretan ni más ni menos que a dos hermanos, lo que genera desde ya una interesante dinámica que, pese a sus retos evidentes, resulta verosímil, sin que eso evite que Derbez caiga con frecuencia en un nivel de sobreactuación que la relaciona más con una entrega de terror que con una de humor (y que puede deberse al otro género favorecido por López en su trayectoria).

Además, la historia se sostiene en el talento de Ochmann, un tipo que es masivamente conocido por ponerse en la piel del implacable narcotraficante “El Chema” en la serie televisiva “El Señor de los Cielos”, pero que muestra aquí habilidades insospechadas para hacer reír y nos recuerda de un modo u otro a Paul Rudd, lo que quiere decir en otras palabras que no sentimos rechazo absoluto por él debido a un carisma que trasciende la personalidad inicial de un protagonista (Raúl) altamente reprobable.

Es por ahí donde se introduce el otro factor de “Hazlo como hombre” que vuelve al filme mucho más propositivo de lo esperado, porque Raúl es un niño/hombre casado que aboga por la infidelidad y que entra en un estado de shock completo luego de que su mujer amigo Santiago (Alfonso Dosal), que está comprometido con su hermana Nati (Derbez), sale del closet. Ante ese suceso, el tipo sacar a relucir su faceta más machista y homofóbica, e intenta incluso recurrir a métodos que prometen devolver a su compadre a “la normalidad".

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Como es de esperarse, Raúl irá atravesando por un cambio que empezará a alinearlo con la forma de pensar correcta, es decir, la falta de prejuicios hacia los que son distintos y la aceptación de que la homosexualidad no es una enfermedad; y si bien lo hace mediante una evolución que tiene varios momentos excesivos e innecesarios (las escenas constantes de llanto en las que comienza a caer son el mejor empleo de ello), el hecho de que se muestre una transformación así en una película latinoamericana es un valor que vale la pena destacar.

En medio de todo lo dicho, López (quien escribió el guión al lado de su colaborador habitual Guillermo Amoedo, y que muestra poco vuelo visual como director) no toma siempre las mejores decisiones narrativas para transmitir sus intenciones, abusando de chistes sexuales que terminan por aburrir; y es probable que la misma comunidad LBGT a la que quiere evidentemente respaldar siendo heterosexual encuentre motivos de queja en la caracterización de algunos de los personajes que van por ese lado, ya que aunque se puso esmero en la construcción de un Santiago que evita en lo posible los clichés, no se puede decir lo mismo de los otros participantes que son gays -o que podrían serlo-.

Los ‘hombrecitos” (porque son muy inmaduros) caen también en un juego un tanto caricaturesco que se hace extensivo a unas secuencias de ducha que implican alusiones a la típica recogida del jabón que se ha caído en el suelo del baño, pero que evitan mayores riesgos al evitar casi por completo la posibilidad de que un ser humano que rechace de manera tan tajante a los gays sea homosexual. A fin de cuentas, el crítico del New York Times ha descalificado la cinta por tener a un personaje central insufrible y supuestamente imposible de encontrar en el mundo moderno, cuando lo cierto es que cualquier latino que se reconozca como tal ha tenido que convivir con personas semejantes en algún momento de su vida... o es directamente una de ellas.

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