Reseñas de cine

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Sep
07

Reseña de IT

Escrito por Sergio Burstein

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Es probable que la nueva versión cinematográfica de “It”, que es muy buena, no me haya impresionado tanto como debería debido a un hecho de lo más simple: dos días antes de verla, decidí ver por primera vez la miniserie de 1990 que se basó en la misma fuente -es decir, la novela de Stephen King que tampoco he leído pese a ser un seguidor del género-, pero solo de manera parcial, como para tener una referencia y no arruinar todas las sorpresas.

Mi idea supuestamente genial fue ver la mitad de la serie, que dura tres horas, sin saber que ésta le correspondía exactamente al relato centrado en unos niños que se enfrentan al villano titular, y sin sospechar que esa es justamente la parte a la que se limita la película actual, cuyos productores decidieron dejar el segmento de los adultos para una segunda entrega que, en vista del éxito asegurado de la presente, no debería demorar mucho en llegar a las salas, aunque los procesos de esta clase suelen tomar por lo menos un par de años.

De ese modo, me enteré de todos los hechos que iban a ocurrir en el filme, lo que, por otro lado, me puso en la misma posición de desventaja -si es que se la quiere llamar así- que los numerosos espectadores ya familiarizados con el asunto. Claro que, por el lado positivo, la decisión me permitió notar de cerca las profundas distancias entre una producción para la caja chica que tenía sus virtudes pero lucía muchas veces terriblemente precaria, y una obra para las salas que posee una factura inmensamente superior.

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Y no se trata simplemente de una cuestión de presupuesto; los $35 millones que aparentemente costó el filme son muy inferiores a las cifras de tres dígitos que se suelen invertir en las superproducciones hollywoodenses. En realidad, muchos de los méritos de este “It” provienen de su director, el argentino Andrés Muschietti (Andy para los amigos), quien había dado grandes muestras de aptitud visual para el terror con su ópera prima, “Mama” (2013), pero que contó aquí con el doble de recursos y una trama de probada solidez para darle vida a un título que merece ser celebrado.

En un caso como éste, siempre se pueden hacer reparos, empezando por el hecho de que el director previamente asignado al proyecto, Cary Fukunaga (“Sin nombre”, “Beasts of No Nation”), posee no solo un talento enorme, sino que planeaba según varios informes una versión mucho más ‘hardcore’ y explícita en términos de sexualidad, lo que podría parecer excesivo en vista de que estamos hablando de personajes menores de edad, pero que correspondería al menos en un caso a una suerte de orgía entre estos mismos que, curiosamente, aparecía en el libro de King, aunque ha sido cuestionada desde entonces como inapropiada e innecesaria.

Jamás podremos saber lo que habría hecho Fukunaga con esto, aunque su nombre sigue apareciendo en el guión adjudicado también a Chase Palmer y Gary Dauberman y que, llevado a la práctica, en medio de su tendencia comercial, resulta mucho más duro y contundente que el que se empleó en la versión televisiva dirigida por Tommy Lee Wallace (“Halloween III”) desde el inicio mismo, cuando la escena de la muerte de un niño pequeño a manos de Pennywise se plasma de manera mucho más gráfica.

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Pennywise es, por supuesto, el payaso/extraterrestre/entidad maléfica que se alimenta de niños y es capaz de materializar los miedos más profundos de sus víctimas, y que a pesar de haber adoptado un aspecto emblemático desde su memorable interpretación en manos de Tom Curry, alcanza una nueva dimensión bajo la piel de Bill Skarsgård, un joven sueco poco conocido (ha estado en “Allegiant”, “Hemlock Grove” y “Atomic Blonde”) pero dueño de una extraordinaria gestualidad, con la que es capaz de darle tanto rienda suelta al lado juguetón del aludido como a sus aspectos más malévolos, que no son pocos.

Skarsgård llega respaldado por unos efectos especiales que no lucen desproporcionados para una figura tan sobrenatural como ésta, pero que resultan ciertamente impresionantes, a diferencia de la precariedad exhibida por la encarnación previa; y el aire siniestro de su ‘performance’ se incrementa con una caracterización perturbadora en la que no faltan sólo el maquillaje y las prótesis necesarias, sino que altera el vestuario de fiesta infantil de Curry para presentar unas vestimentas de estilo mucho más antiguo y sugestivo.

Por el lado de los chicos del pueblo ficticio de Derry que se ven expuestos a las maldades de este tipo y a la extraña indiferencia de unos adultos que, literalmente, no pueden ver a Pennywise ni a sus acciones, tenemos en primer lugar a Bill (Jaeden Lieberher), el hermano del niño asesinado en la primera escena; a Ben (Jeremy Ray Taylor), el muchacho con sobrepeso que sufre de ‘bullying’; y a Richie (Finn Wolfhard), el más grosero del grupo de “Los Perdedores”, que al ser interpretado por el protagonista de “Stranger Things”, y al encontrarse en una producción igualmente ambientada en los ’80, ha provocado en algunos comparaciones excesivas con la reciente serie, cuando se trata en realidad de coincidencias meramente anecdóticas y, en todo caso, generacionales.

Pero quien se lleva sin duda alguna las palmas mayores es Beverly, la pre adolescente que se une al grupo completamente masculino por una serie de circunstancias y cuya irregular relación con su padre, únicamente insinuada en el proyecto televisivo de los ’90, resulta mucho más evidente, aunque no llega nunca al nivel explícito que buscaba aparentemente Fukunaga y que, según algunos informes, escandalizó a varios padres que asistieron con sus hijas a las audiciones. Sea como sea, Sophia Lillie, la encargada de interpretar a esta muchachita que tiene momentos de valentía, de vulnerabilidad y hasta de discreta sensualidad, cumple su cometido de manera notable.

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