Reseñas de cine

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Oct
05

Reseña de BLADE RUNNER 2049

Escrito por Sergio Burstein

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Todos los admiradores de “Blade Runner” (1982), un verdadero clásico del cine de culto y una de las cintas más fascinantes de ciencia-ficción que se hayan hecho, estaban con los dedos cruzados ante la realización de una secuela tardía que no dejaba de llamar la atención por su simple existencia, pero que desataba también sentimientos encontrados.

Y es que, en teoría, había muchas posibilidades de arruinar completamente el potaje, sobre todo cuando se supo que Ridley Scott, el legendario director del filme original, había decidido dejar el puesto creativo principal; pero las expectativas volvieron a crecer -al menos para el que escribe la presente nota- al anunciarse que el nuevo realizador iba a ser el canadiense Denis Villeneuve, uno de los cineastas más relevantes de los últimos tiempos y, además, un artista que no le ha temido nunca a la elaboración de historias oscuras con tintes depresivos, profundamente existencialistas y de múltiples significados, lo que se prestaba perfectamente para la sensibilidad de la labor asignada. Si no nos creen, péguenle un vistazo a “Enemy” (2013), aunque “Sicario” (2015) y “Arrival” (2016) tampoco se quedan atrás.

Además, Villeneuve no llegaba solo, sino que lo hacía de la mano de su colaborador más estrecho, el director de fotografía Roger Deakins, responsable en buena medida de mucha de la magia visual que ha obtenido a lo largo de su carrera. Y cuando se dijo que Harrison Ford iba a retomar su inolvidable papel de Rick Deckard, mientras que el rol protagónico estaría en manos de Ryan Gosling (quien es mucho más que el tipo simpático de “La La Land”, como lo sabrá cualquiera que haya visto la brutal “Drive”), las esperanzas se incrementaron.

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Hasta el plano correspondiente al guión lucía ideal, porque este fue encomendado no sólo a Michael Green, un amante de los cómics que ha escrito varios títulos para D.C., sino también a Hampton Fancher, un veterano de la industria que, además de haber estado casado con Sue Lyon (la seductora adolescente de la “Lolita” de Kubrick) y de haber tenido amoríos con Barbara Hershey y Teri Garr, fue coguionista de la primera “Blade Runner”, inspirada en una influyente novela de Philip K. Dick.

Con todos estos antecedentes, ¿qué podía salir mal? No mucho, aunque la duda permanecía en vista de la enorme reputación de la producción ochentera y de una noticia difundida hace unos cuantos años en la que se aseguraba que Alcon Entertainment, la compañía que adquirió los derechos de este relato, tenía la potestad de hacer lo que le diera la gana con éste, incluyendo secuelas, precuelas y hasta series televisivas, lo que insinuaba una incómoda intención comercial.

Tras este largo preámbulo, la buena noticia es que “Blade Runner 2049” es una gran película, así como una que debería poner a salivar a todos los fans de su antecesora. Pese a que me niego a calificarla de obra maestra debido a unos repartos que considero muy válidos, estuve casi siempre fascinado al verla, y sentí no solo que es una pieza cinematográfica que respeta el legado de Scott de manera particularmente efectiva, sino también un título que, al igual que el original, se presta a toda clase de discusiones y de análisis. 

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Para ser sincero, hay momentos por aquí que pueden lucir demasiado reverenciales para quienes busquen mayores intentos de frescura, incluso cuando se considera que, por esencia, una secuela no puede ser completamente original y que la falta de fidelidad hubiera complicado mucho más la aceptación de la aventura. Por ese lado, lo positivo del asunto es que la puesta en escena, además de resultar espectacular y deslumbrante, retoma la encomiable insistencia de Scott por emplear efectos prácticos y utilería real, incluso en medio del empleo de trucos digitales que le dan un aire mucho más expansivo a la construccióndel universo futurista, pero que mantienen de algún modo el espíritu de base, lo que es francamente admirable en vista de los 35 años transcurridos.

En lo que respecta a la trama, es difícil decir demasiado, ya que más allá de que el estudio distribuidor Warner Bros. tomó toda clase de medidas para que los periodistas que asistimos a las funciones de prensa adelantadas no reveláramos detalles específicos del argumento (se exigió la firma de un documento restrictivo y se pidió firmemente que no se tocaran estos temas durante las entrevistas otorgadas), contar mucho de lo visto significaría arruinarle la experiencia a los espectadores, debido a que este título llega completamente cargado de enigmas por resolver.

Sin embargo, es seguro decir que, al igual que Deckard -el personaje de Ford en la primera película-, K, quien es interpretado por Gosling con esmero (y con un abrigo inolvidable), es un agente del LAPD que trabaja eliminando a los androides conocidos como “replicantes” aunque no siente placer alguno en hacerlo, y que en algún momento del camino, se encontrará con Deckard, recluido ahora en un impresionante inmueble ubicado en una ciudad de Las Vegas que, más allá de ampliar los horizontes de lo que es ahora una franquicia (la cinta del 82 se limitaba al área de L.A.), luce de lo más ominosa, generando con ello una extraña sensación a raíz de los recientes sucesos en la Ciudad del Pecado.

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Figuran también en distintos papeles actores de la talla de Robin Wright, Jared Leto y Sylvia Hoeks, quien se pone en la piel de una villana impasible y letal; pero la verdadera sorpresa es la cubana Ana de Armas (“Knock Knock”, “Hands of Stone”), contratada para un papel sumamente complejo y altamente sugestivo: el de Joi, la novia de K, que es preciosa y encantadora, pero cuya evolución en el relato provocará más de un sobresalto, y que participa al lado de Mackenzie Davis (quien hace de la prostituta Mariette) en una de las escenas más memorables del género, marcada tanto por un gran despliegue de virtuosismo técnico como por una brillante labor interpretativa por parte de las implicadas.

Pese a que la banda sonora de Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch remite con frecuencia al estilo empleado en el pasado por Vangelis sin llegar a alcanzar el mismo impacto, el trabajo de sonido es impresionante y colabora generosamente con la elaboración de una atmósfera que usa elementos del ‘film noir’ semejantes a los de Scott pero les agrega toques de terror propios de Villeneuve, lo que nos obliga a insistir en la necesidad de ver esto en la sala con la pantalla más grande y las mejores condiciones de protección que se pueda encontrar.

Finalmente, si no caigo completamente rendido ante “Blade Runner 2049” es porque, sin ser decepcionante, el filme carece de un antagonista del nivel del Roy Batty de Rutger Hauer (Leto es el menos cumplidor); el segmento final me parece demasiado tributario del filme antiguo como para dejar una huella muy profunda; y ese mismo desenlace plantea algunos diálogos y algunas situaciones que no se encuentran a la altura de los momentos previos. De todos modos, se trata de una experiencia que no puedo dejar de recomendar y que ansío de hecho repetir lo más pronto que sea posible, pese a que el metraje supera las dos horas y media.

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