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Dic
14

Reseña de STAR WARS: THE LAST JEDI

Escrito por Sergio Burstein

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Para alguien como yo, que tuvo prácticamente su primera lección de vida al exponerse en una sala limeña de cine a algo que en ese momento se llamaba “Star Wars” (1977) -y que pasó luego a ser “A New Hope” debido al crecimiento vertiginoso de una saga que requería aparentemente de divisiones adicionales-, intentar un análisis decoroso de la segunda película de la nueva trilogía apañada por Disney tras haberla visto una sola vez es un desafío mayor.

Y es que, con todos los deslices que cometió, y con lo vilipendiada que ha sido la segunda trilogía lanzada entre 1999 y el 2005, mi punto de referencia en estos ámbitos ha sido siempre George Lucas, quien dirigió la primera e insuperable entrega y que, tras realizar del mismo modo dos precuelas ferozmente cuestionadas pero con indudables méritos (entre los que no se encuentran la existencia de Jar Jar Binks), nos brindó una tercera parte que era ciertamente brillante, aunque no se encontraba desprovista de defectos.

Lucas decidió darle fin al itinerario personal con “Revenge of the Sith”, un episodio que, se diga lo que se diga, era más oscuro que “The Empire Strikes Back”(1980), la segunda entrega de la primera trilogía; y esa fue una seriedad que le cayó pesada a muchos, pero que caló con mi propia sensibilidad en lo que respecta a esta clase de historias y que se encuentra definitivamente apartada de la cinta que se estrena mañana en los Estados Unidos, desprovista ya por completo de sus aportes creativos.

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“The Last Jedi” (que trataré de reseñar sin contar demasiados detalles de la trama) posee frecuentemente un tono de comedia que me parece excesivo en vista de las expectativas de los fans y del hecho de que sus creadores coquetearon generosamente con la idea generalizada de que iba a mantener el estilo dramático de “Empire”, incluso cuando la campaña de prensa se esforzó en mantener todas las revelaciones en secreto y las funciones de prensa se llevaron a cabo a último minuto con los mismos fines.

Esto no quiere decir que el nuevo filme traicione el espíritu de la saga, por supuesto, sobre todo cuando se considera que ésta ha contado con muchos cambios de tono y cuando se recuerda que, en medio de sus elementos eminentemente trágicos (como el asesinato de los familiares de uno de los protagonistas y la destrucción del planeta de otro), “A New Hope” marcó la pauta de las superproducciones fantasiosas que se empezaron a hacer inmediatamente después, y que cambiaron la tendencia hiperrealista y agresiva de los célebres ‘thrillers’ estadounidenses de los ’70 por una escuela en la que las historias eran mucho más digeribles y la competencia mayor era la que se establecía ante el uso de los mejores efectos especiales.

En ese sentido, “The Last Jedi” es muy cercana a la entrega de 1977; incluso más que“The Force Awakens” (2015), que se esforzó demasiado en imitarla. Siento que, más allá de su humor, es el capítulo más entretenido de todos y el que logra de mejor modo adaptar a los tiempos modernos la emoción de ver un relato clásico de aventuras, tal y como lo hacían los westerns y las ‘seriales’ en las que se inspiró justamente Lucas.

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Por ese lado, no podemos quitarle méritos al guionista y director Rian Johnson, responsable de la notable y arriesgada cinta de ciencia-ficción “Looper” (2012), que, sí, era de lo más oscura. Enfrentado a un presupuesto y a unas posibilidades que nunca habían estado en sus manos, Johnson filma unas escenas de batalla que se encuentran entre las mejores (si no son las mejores) de la saga entera, y hace además algo que no estaba garantizado: mencionar en varias ocasiones la enorme pérdida de vidas a la que se somete la Resistencia (ex Alianza Rebelde) cada que se enfrenta a los fenomenales recursos del Primer Orden (ex Imperio Galáctico).

Estamos ante una cinta de tinte familiar, por lo que, fuera del estallido aparatoso de las naves en contienda, no hay muestras directas de estas muertes. Pero la historia se preocupa no solo en remarcarlas, sino que las convierte en el centro de una de las disputas más interesantes sobre la pantalla: la que se produce entre Poe Dameron (el piloto interpretado por el excelente actor de ascendencia guatemalteca Oscar Isaac) y su superiora Amilyn Holdo (una oficial encomendada a la igualmente talentosa Laura Dern).

En realidad, el filme se encuentra lleno de duelos directamente físicos o de conducta: fuera de los severos desacuerdos entre Dameron y Holdo -que incorporan en cierto momento a la Generala Leia Organa (Carrie Fisher)-, encontramos las marcadas diferencias que se producen entre la protagonista Rey (la nueva abanderada de la Fuerza, encarnada otra vez por Daisy Ridley) y Luke Skywalker (el antiguo maestro jedi que regresa de la mano de Mark Hamill) -que incorporan luego a Kylo Ren, el representante actual del Lado Oscuro, interpretado nuevamente por Adam Driver-.

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Como se puede ver, “The Last Jedi” es entretenida, pero no deja por ello de ser compleja, hasta el punto de que resulta difícil enterarse de todo lo que ocurre en ella cuando se la ve por primera vez. No todos los que aparecen tienen una presencia destacada, y figuran por aquí y por allá unas criaturas nuevas llamadas Porgs que prometen despertar controversia, porque en medio de los simpáticas que son y de su rol activo en el área de la distensión humorística, parecen ser un guiño innecesario a los cuestionados Ewoks de “Return of the Jedi” (1983).

Sin embargo, hay que reconocer la habilidad de Johnson para manejar de modo mínimamente comprensible todos estos detalles, en los que se incluye además un relato paralelo que involucra al ex soldado del Primer Orden convertido en rebelde Finn (John Boyega, ya presente en “The Force Awakens”) y a la técnica espacial Tran (Kelly Marie, recién llegada), así como una participación mucho mayor de Snoke, el líder supremo del Primer Orden, que el increíble Andy Serkis (“The Lord of The Rings”, “Planet of the Apes”) logra transformar en un villano de consideración pese a haber hecho todas sus partes con un traje de captura del movimiento que sirvió posteriormente para la conversión digital.

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A estas alturas de la reseña, podría pensarse que he contado demasiado, pero no es así. Como era de esperarse, “The Last Jedi” contiene más de una sorpresa que me niego a revelar, aunque eso impida que podamos discutir circunstancias importantes con las que no estoy necesariamente de acuerdo y que afectarán irremediablemente a la tercera y última entrega de la presente trilogía.

Pero no hay que haber visto esta película para saber que Fisher murió al término de su rodaje, lo que impedirá su participación activa en la conclusión y hace de paso que se le preste especial atención al personaje de Leia, involucrada por necesidades ya previstas de la historia en momentos emotivos que tras su fallecimiento causan un mayor impacto en el espectador, aunque esperábamos que el recuerdo del caído Han Solo estuviera mucho más presente de lo que está.

Finalmente, soy la última persona en el mundo que puede quejarse amargamente de la existencia de una nueva cinta de “Star Wars”, sobre todo cuando esta le otorga un papel tan importante a Luke Skywalker y a su legendario intérprete Mark Hamill, quienes han sido figuras esenciales dentro de mi experiencia cultural. Estuve tan contento de poder verlos nuevamente en acción que hasta olvidé por un momento los chistes tipo Will Ferrell que Johnson les impuso.

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