Reseñas de cine

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Ene
12

Reseña de THE POST

Escrito por Sergio Burstein

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Tendría que ser muy cínico para decir que prefiero al Steven Spielberg que ha hecho películas serias y realistas que al creador de títulos tan fantásticos como “Raiders of the Lost Ark”, “E.T. the Extraterrestrial” y “Jurassic Park”. De hecho, para dejarlo en claro -y para no retroceder demasiado en el tiempo-, me aburrí bastante con “Lincoln” (2012), pese a reconocer la actuación monumental de Daniel Day-Lewis, y no quedé demasiado impresionado con “Bridge of Spies” (2015) ni mucho menos con “War Horse” (2011), aunque todas las películas citadas me parecen buenas.

Es por eso que me siento tan gratamente sorprendido con “The Post”, una cinta que no esperaba disfrutar tanto en vista de que remitía no solo a un clásico total (“All the President’s Men”, de 1976), sino también a otro trabajo reciente de gran envergadura sobre la denuncia periodística (“Spotlight”, del 2015), pero que además de contar con excelentes actuaciones y con una puesta en escena impecable, resulta tremendamente entretenida, al narrar su trama extraída de la vida real con un apasionante tono de ‘thriller’ que resulta inusual para una historia de escritorio.

La única escena de acción realmente física que se ve es la inicial, donde se reconstruye un enfrentamiento bélico en la Guerra de Vietnam que, pese a su brevedad, muestra chispazos del Spielberg más espectacular, y que concluye con una ingeniosa combinación del estruendo de las balas con los ruidos hechos por la hélice de un helicóptero; pero inmediatamente después, el relato nos lleva hasta un político estadounidense que, luego de enterarse de que las cosas van de mal en peor para sus tropas en el mismo conflicto, no tiene reparos en decirle a la prensa exactamente lo contrario. Nos trasladamos, por lo tanto, a ambientes más tranquilos; pero eso no quiere decir que las circunstancias dejen de ser peligrosas, ni mucho menos.

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Y es que lo que sigue, emplazado ahora en 1971, nos muestra los riesgos tomados por un sector de la prensa que decidió poner en evidencia las mentiras perpetradas por cuatro gobiernos estadounidenses consecutivos con el fin de encubrir lo que pasaba en el conflicto bélico para no ser avergonzados por un abandono con sabor a derrota, algo que, por supuesto, siguió produciendo bajas considerables entre las tropas del Tío Sam, pese a las protestas cada vez más intensas que se producían en las calles de la Unión Americana.

El guión de Liz Hannah y Josh Singer (uno de los guionistas de “Spotlight”) no resulta nunca confuso ni demasiado exigente; y, por supuesto, mantiene al frente a Meryl Streep, una actriz que a estas alturas no puede ser contratada para un papel menor, y que interpreta a Katharine Graham, directora en esos momentos del Washington Post. Graham es en términos generales una mujer decente que insiste en seguir pagándole excelentes sueldos a sus reporteros pese a que el medio que maneja atraviesa aprietos económicos, y que cree firmemente en la necesidad de publicar siempre la verdad, aunque las características de su puesto la lleven a participar en muchas fiestas y a trazar relaciones cercanas con personas influyentes de las que le convendría estar alejada (en un momento dado, llega a reconocer que “es difícil decirle que no al Presidente”, luego de que uno de sus allegados la cuestiona por haber aceptado invitaciones comprometedoras).

Como espectador, es probable que, en vista de lo que ha venido sucediendo con el tema del acoso sexual en Hollywood, yo haya estado más sensibilizado de lo habitual ante el modo en el que se representa a las mujeres en el cine al asistir a esta función especial; pero lo cierto es que, en este caso, Spielberg ofrece un retrato particularmente realista de una dama a la que, pese a la trascendencia de su puesto, le cuesta lidiar con los hombres que la rodean, quienes parecen siempre creer que las razones que ellos ostentan son mejores que las suyas y que, en casos específicos, cuestionan incluso sus aptitudes para el trabajo, que le fue de hecho encomendado tras la muerte de su esposo, quien estaba anteriormente a cargo. Como es de esperar, Streep logra plasmar todas estas dudas y fortalezas de modo sobresaliente.

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Esta lista de hombres acalorados y un tanto agresivos incluye a Ben Bradlee (Tom Hanks), el editor principal del Post, que no reacciona ante las sugerencias de Graham del modo más amable y que, como se verá después, ignora frecuentemente a su esposa Antoinette Pinchot (Sarah Paulson), aunque lo hace más por la exigencia de sus labores que por una falta de respeto, porque se trata sin duda de un tipo honesto y abocado a servir del mejor modo posible a sus lectores (es decir, una cualidad que no desentona con la imagen de su intérprete).

En ese sentido, Spielberg logra ofrecer un relato que se siente completamente creíble pese a tener como protagonistas a dos celebridades a las que hemos visto ya en incontables papeles y a emplear un estilo cinematográfico que, sin ser vanguardista (¿se podría pedirle algo así a estas alturas?), y de la mano del excelente director de fotografía Janusz Kaminski, maneja frecuentemente un tratamiento estético con deudas del ‘film noir’ para incrementar el suspenso que se encuentra en la historia misma, respaldado de manera adicional por la trepidante banda sonora del maestro John Williams.

En medio de la bienvenida claridad con la que presenta los hechos, “The Post” se desarrolla en medio de diferentes niveles de enfrentamiento: el que se da al interior del Post, el que se establece de manera amistosa pero ciertamente competitiva con The New Times (el diario que publicó inicialmente una parte de los documentos gubernamentales secretos que se revelan) y, por supuesto, el que se produce con la Administración Nixon, cuyo líder aparece siempre captado de espaldas o de medio perfil mientras habla por teléfono.

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Para ser claros, “The Post”, que en términos oficiales es el largometraje número 32 de Spielberg como realizador, se encuentra privado del ímpetu que podría haberle otorgado un director más joven, y peca ciertamente al enfocarse en el Post y dejar de lado lo logrado por el Times, al menos de manera directa; pero Spielberg merece ser alabado al menos por dos razones.

Una de ellas es la más evidente, descrita ya arriba y vinculada a sus cualidades fílmicas; y la otra es el compromiso moral que muestra la cinta en lo que se relaciona al respeto que se le debe dar a la prensa como elemento fiscalizador de los poderosos, sin que esto la lleve a caer en la tentación de mostrar a sus representantes más encumbrados como seres intachables y angelicales. Este simple detalle es el que hace inevitable trazar conexiones con lo que sucede en nuestros días, cuando la Casa Blanca intenta bloquear los esfuerzos de las publicaciones que se oponen a sus designios; y es también el que le permite a “The Post” ser mucho más que una simple intriga de época.

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