Reseñas de cine

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Feb
16

Reseña de BLACK PANTHER

Escrito por Sergio Burstein

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Con todo lo que me gustan las películas de superhéroes, y pese a ser consciente de los esfuerzos que se han venido haciendo para ofrecerle al público producciones que más allá de su espectacularidad contengan historias mínimamente relevantes y relacionadas a los problemas del mundo actual, no puedo dejar de sentirme abrumado ante una proliferación de cintas del género que tiene que afectar la originalidad de estas propuestas.

Tampoco se puede decir que encontrar giros extremadamente novedosos sea la mejor respuesta; lo sucedido con “Spider-Man: Homecoming” -donde los guionistas hicieron prácticamente lo que les dio la gana con los personajes clásicos hasta el punto de desvirtuar la esencia original- es un buen ejemplo de ello. Por ese lado, “Black Panther” me ha dejado un sabor de boca mucho mejor, aunque debo admitir que, a diferencia de mi devoción infantil por el arácnido, nunca estuve familiarizado con los cómics que inspiraron esta adaptación y que, por lo tanto, no estoy en condiciones de juzgar las semejanzas o las diferencias con el producto de base.

Lo que sí sé es que este filme se encuentra muy bien hecho, que no cae en la trampa habitual de Marvel de abusar del humor y que es probablemente la entrega del rubro que se conecta de manera más directa con las vivencias de nuestros días, algo que tiene definitivamente que ver con el hecho de que se encuentra dirigido y coescrito por Ryan Coogler, creador del fascinante ‘thriller’ social “Fruitvale Station” (basado en un caso real de abuso policial) y del sobresaliente drama deportivo “Creed” (que era a la vez una secuela y un ‘spin-off’ de la saga de “Rocky”).

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Como Marvel le pertenece ahora a Disney, el nivel de participación de la compañía del Ratón Miguelito en esta faena es ciertamente innegable, y esa es una razón suficiente para desconfiar al menos un poco de un proyecto como éste si se sabe de lo que son capaces las corporaciones; pero es necesario reconocer que, en términos generales, se tomaron las decisiones correctas para que esto tuviera legitimidad y llegara a buen puerto, como asignar a Coogler en puestos creativos tan importantes y recurrir a un reparto integrado de manera masiva por actores de ascendencia africana.

Para ser claros, no todo en la historia planteada se siente tan fresco como lo pretenden los críticos más extasiados; a fin de cuentas, la casa demandaba el respeto a ciertas pautas hollywoodenses que parecen a veces provenir de un manual, y que incluyen no solo el empleo de muchas locaciones para cumplir cuotas internacionales, sino también la extensión de unos conflictos que podrían haberse resuelto de manera más expeditiva.

En otras palabras, este “Black Panther” adopta los lineamientos de la compañía, pero los lleva por terrenos insospechados al incorporar una serie de elementos que trascienden los lineamientos predecibles para sentirse a veces como una aventura de ciencia ficción o como una entrega de James Bond (las alusiones son bastante directas en este último caso).

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Coogler tenía el reto de ofrecer una historia que se sintiera actual y convincente, pero que dependía a la vez de un trabajo previo en el que no tuvo nada que ver, es decir, “Captain America: Civil War”, donde el protagonista T'Challa/Black Panther era un personaje secundario pero de todos modos interesante, ya que surgía sobre la base de una tragedia específica: el asesinato de su padre, el rey de Wakanda, lo que permitió de paso ascender al trono. Por supuesto, esto significaba también que había que emplear al mismo intérprete, Chadwick Boseman, un actor entrenado de manera clásica que posee una incuestionable dignidad y que, por ello mismo, se presta de manera ideal para la encarnación de un líder político como el que le toca representar, aunque no posea el carisma de otros superhéroes.

En ese sentido, Coogler y el coguionista Joe Robert Cole (también afroamericano) desarrollan un argumento complejo con ramificaciones que pueden ser difíciles de entender, pero que no afectan la comprensión de los hechos que se muestran posteriormente y sirven de paso para darle consistencia y vida a la recreación de Wakanda (un país inventado pero ubicado en el continente africano) y sus habitantes (quienes integran una ambiciosa sociedad en la que las mujeres cumplen papeles relevantes). No los perjudica, por supuesto, estar en conexión con temáticas tan vigentes.

Uno de los aspectos más llamativos de “Black Panther” es justamente el paralelismo que se puede encontrar con los tiempos que atravesamos; en otras palabras, para alguien como Donald Trump, Wakanda sería probablemente “un país de mierda”, cuando se trata de un lugar que es visto en el exterior como tercermundista, pero que guarda más de una sorpresa. La ironía presente resulta inocultable.

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Además, es ampliamente significativo que, casi al final de la cinta (y no aquí ‘spoiler’ alguno), el protagonista lance una invocación a la paz y a la tolerancia que clama por la demolición de “barreras”; no hay que ir demasiado lejos para saber que la última palabra de la cita pudo haber sido reemplazada por “muros”, aunque durante una reciente entrevista, Coogler nos aseguró que el guión se terminó de escribir antes de que el actual mandatario estadounidense iniciara su campaña presidencial.

De ese modo, en medio de sus espectaculares escenas de combate y de su necesario despliegue de efectos especiales, el filme mantiene los pies en la tierra a través de sus personajes y de las motivaciones de estos; y por ese mismo lado, nos otorga a uno de los villanos más logrados del universo cinematográfico basado en los cómics: N'Jadaka/Erik Stevens /Killmonger, quien parece inicialmente ser un simple mercenario al servicio de Estados Unidos, pero que revela luego sus ímpetus revolucionarios.

Pese a sus evidentes rencores y a los extremos a los que está dispuesto a llegar para obtener sus metas, Killmonger toca una fibra sensible al no ser uno de esos ‘malos’ tradicionales que quieren conquistar el mundo por ambiciones estrictamente personales, sino un sujeto que, pese a partir de un deseo individual de venganza, representa de algún modo lo que ha sucedido a lo largo de la Historia con las personas que han decidido recurrir a la violencia para lograr cambios sociales que parecían imposibles de otro modo. Y todo esto se ve respaldado por la impresionante actuacion de Michael B. Jordan, quien fuera protagonista de las dos cintas anteriores de Coogler.

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El plano visual es el que se ve probablemente más afectado por las normas de Marvel, aunque muchas de las escenas de acción poseen un estilo distintivo, ya que si bien el desarrollo de las mismas resulta un tanto predecible en el plano narrativo (todos sabemos que el héroe terminará enfrentándose al villano), incorporan ocasionalmente ese fascinante manejo de las tomas largas que Coogler implementó ya en “Creed” y que son tan adecuadas para reforzar la impresión de realismo.

Para ser sincero, la introducción de la cinta, en la que se presenta la mitología de Wakanda, no me entusiasmó demasiado debido al abuso de CGI; pero esa sensación se fue disipando con el paso de los minutos y el refuerzo de una estética mucho más naturalista que la que se emplea normalmente en esta clase de propuestas, hasta llegar a una soberbia pelea en un casino que nos recordó a “Kill Bill”. En ese momento, fue posible notar que, pese a los 200 millones de dólares que se pusieron a su disposición, Coogler se ha olvidado de su vena artística e ‘indie’.