Reseñas de cine

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Sep
14

Reseña de THE PREDATOR

Escrito por Sergio Burstein

Predator 1

Cuando vi la cinta original de esta saga, “Predator” (1987), siendo un adolescente que daba sus primeras muestras de idealismo revolucionario y de cinefilia selectiva, no quedé demasiado entusiasmado con unos resultados que me parecían reaccionarios en el plano narrativo y un tanto mediocres en el área de la espectacularidad.

Pero recuerdo haber disfrutado de todos modos del filme de un modo u otro, justificando incluso ese raro gusto con la excusa de que se trataba de una producción de serie B sin que realmente lo fuera. Y esa es una sensación parecida a la que me ha dejado “The Predator”, que, curiosamente, no es un ‘reboot’ ni un ‘remake’, sino un episodio más de una saga que, tras cuatro entregas individuales y dos a dúo con la simpática estrella de “Alien”, sigue seduciendo a la taquilla, más allá de lo que digan los críticos.

Lo interesante es que esta película ha llegado con el mayor pedigrí disponible desde la original, sobre todo porque se encuentra dirigida y coescrita por Shane Black, quien además de ser un cineasta extremadamente competente (ha realizado títulos como “Iron Man 3” y “The Nice Guys” y ha escrito los guiones de las dos cintas de “Lethal Weapon”), tuvo un pequeño papel en “Predator”, lo que le ha dado de un modo u otro un nivel de distinción particular entre los fans de la franquicia.

Predator 2

El tono dramático de la nueva aventura es completamente distinto al de la primera, pero, por otro lado, la orientación es semejante en el sentido de que se trata de una historia sumamente sencilla en la que no faltan el ‘gore’ ni los excesos narrativos, así como unos despliegues de machismo que han sobrevivido en medio del Me Too y de los tibios intentos por darle un papel heroico a la única mujer en el reparto.

Las ganas de hacer un tributo se plasman desde la primera escena, en la que el protagonista es presentado en una zona boscosa de México que se encuentra controlada por narcotraficantes. Existe ahí una evidente referencia a los “malévolos” guerrilleros y a la locación centroamericana de “Predator”, a la que se suma el protagonismo otorgado a un comando de origen militar y, obviamente, estadounidense.

Hay variaciones, claro. El personaje central, Quinn McKenna (interpretado por Boyd Holbrook, protagonista de la primera temporada de la ”Narcos” de Netflix), es un ex Army Ranger convertido en mercenario que es testigo de la llegada de una nave espacial y se enfrenta a un Depredador antes de caer en manos de autoridades del gobierno que quieren encubrir lo sucedido y deciden mandarlo a una prisión secreta en compañía de otros veteranos de guerra con distintos grados de desarreglos psicológicos, entre los que destaca Williams (interpretado por Trevante Rhodes, protagonista de la celebrada “Moonlight”).

Predator 3

Es ahí donde empieza realmente la diversión y la ruptura de estilo con lo anteriormente visto, porque estos tipos tienen personalidades particulares que pueden llegar a ser muy explosivas, lo que da pie a un humor que, una vez presentado, no se desprende más del relato. Muchas de las bromas son ridículas y caen literalmente en la categoría de “Yo Momma”, logrando con ello que uno no sienta necesariamente admiración por esta pandilla pero poniendo a la vez a prueba nuestra capacidad para no soltar la risa.

Lo dicho no transforma al filme en una comedia debido a que lo divertido llega casi siempre a través de las conversaciones y no de las situaciones, con la excepción de una escena en la que el monstruo usa el brazo mutilado de una de sus víctimas para engañar al conductor de un vehículo, y que resulta tanto innecesaria como ridícula.

Estoy seguro de que habrá espectadores a los que no les dé gracia alguna lo que pasa en esta historia y que encuentren en ella miles de deficiencias, como lo revelan de hecho muchas de las reseñas adelantadas que vienen circulando. Pero si bien “The Predator” está lejos, muy lejos de ser una gran película, me parece que no desentona con el espíritu general de la saga en términos de desenfado y de ligereza, aunque tengo que admitir que estoy lejos de ser un experto o un fanático de esta franquicia, lo que me permite observarla sin desbordes de pasión.

Predator 4

No falta tampoco, por supuesto, esa combinación de terror, de ciencia ficción y de acción que tanto distinguió al producto original, y que por acumulación deja de lado al primer género, haciendo que el Depredador no produzca realmente demasiado miedo; pese a que el rostro que luce cuanto no lleva la máscara es de lo más espeluznante, su característica más llamativa es lo ‘cool’ que luce metido en su complejo uniforme, aunque el hecho de que lleve ‘dreads’ ha llevado a algunos comentaristas a cuestionar sus supuestos tintes racistas.

En realidad, a esta altura de su vida, Black parece decidido a retomar las fuentes ochenteras que él mismo ayudó a crear para darles una vuelta irónica de tuerca que puede lucir ingeniosa o arrogantemente pos modernista, según el cristal con el que se lo mire. De ese modo, hay analistas para los que colocar al hijo de McKenna, Rory (interpretado por Jacob Tremblay, el niño de la excelente “Room”), dentro del espectro del autismo, es un burdo intento por darle sensibilidad a un relato despiadado, y para los que la bióloga Casey Bracket (Olivia Munn) repite el típico papel asignado a las mujeres en las mentes de varones retrógrados.

Por ese lado, hay un hecho de dominio público que no le ha caído nada bien a Black y a sus defensores: la revelación de que el estudio productor de “Predator” tuvo que eliminar una escena de la cinta en la que aparecía Steven Wilder, un actor que es un agresor sexual registrado y que fue contratado por el director pese a que éste sabía de la situación. El recorte se hizo únicamente tras las denuncias de Munn, quien descubrió el hecho luego de la filmación, y aunque se trata de un hecho que no tendría que estar vinculado al contenido de la película, es un detalle que no puede pasar desapercibido en tiempos como los que vivimos.

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