Reseñas de cine

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Oct
26

Reseña de SUSPIRIA

Escrito por Sergio Burstein

Suspiria 1

¿Necesitaban realmente los fans de la película original un ‘remake’ de la obra de culto de Dario Argento, por más que hayan pasado 41 años desde su estreno en salas? Obviamente que no. ¿Es la nueva versión de “Suspiria”, dirigida por Luca Guadagnino ("Call Me by Your Name"), el desastre que muchos temían, o se trata en cambio de una maravillosa sorpresa? En este caso, la respuesta no es tan fácil.

Lo que sí es cierto es que el film que tenemos ahora ante nuestros ojos evita completamente ser la peor adaptación que se esperaba -es decir, una reinterpretación suavizada y comercial sin nada interesante que proponer- para convertirse en cambio en una cinta que, sin estar libre de defectos, sorprende constantemente, es saludablemente rabiosa y tiene claras intenciones artísticas, incluso durante los momentos en los que sus pretensiones desbocadas y su excesiva duración (se extiende a más de 2 horas y media, cerca de una hora más que la original) la hacen de difícil digestión.

¿Y qué ha hecho el guion de David Kajganich (“The Invasion”, “Blood Creek”) para sumarle tantos minutos a la trama original? Pues darle complejidad a un argumento que fue cuestionado por algunos críticos debido a su simpleza (Argento no ha sido nunca alabado por tener una narrativa precisamente intelectual) al llevar la premisa de base (una jovencita estadounidense que se inscribe sin saberlo en una escuela de danza regentada por brujas) al Berlín de fines de los ’70 y agregarle datos sociales y políticos del momento que, sin embargo, sirven más de fondo que de circunstancias decisivas en el plano narrativo.

Mia

Además, esta “Suspiria”, que se divide en seis actos y un epílogo, es de lenta cocción, es decir, eso que los gringos califican como un ‘slow burner', ya que si bien tiene referencias directas a trucos visuales del pasado (como esos ‘zooms’ intempestivos a las caras de los personajes), su puesta en escena se apoya en planos prolongados y momentos de silencio en medio de los diálogos, algo que, por otro lado, le otorga una contundencia adicional a las ineludibles escenas de violencia.

A diferencia de la versión de Argento, estas tardan en llegar, pero cuando lo hacen, dejan al espectador anonadado, porque la primera de ellas es un montaje paralelo entre una impetuosa danza desarrollada por Susie (la protagonista, interpretada por Dakota Johnson) y la impresionante aniquilación física de una bailarina disidente que se encuentra en otro recinto de la escuela, pero que es directamente afectada por los movimientos de la misma Susie, lo que revela abiertamente el carácter maléfico de esta institución.

A medida que la historia avanza, las situaciones se van haciendo menos racionales y más difíciles de comprender, trasladándonos a una atmósfera surrealista que causa desconcierto pero que prueba una vez más la falta de concesiones de Guadagnino al momento de enfrentar el proyecto, así como su conexión con el espíritu de Argento.

Dakota

Pero no hay que equivocarse: en medio de sus aires artísticos y de su belleza formal, la película desemboca irremediablemente en un estallido de ‘gore’, de vísceras y de fealdad que no será tolerado por los espectadores sensibles y que supera todo lo mostrado en la cinta original. Por otro lado, Guadagnino se separa estéticamente de Argento al privilegiar por lo general los tonos apagados en lugar de los colores vibrantes y saturados que abundaban en el film de 1977.

¿Y qué decir de las actuaciones, completamente adjudicadas a mujeres, en otro quiebre decisivo con la versión de Argento? Como era de esperarse, la maestra por aquí es Tilda Swinton, quien además de interpretar a Madame Blanc, la directora de la escuela, se puso en la piel de Josef Klemperer, el viejo psiquiatra que emprende la búsqueda de la desaparecida alumna Patricia (Chloë Grace Moretz en un breve papel) No podemos decir que éste sea su mejor trabajo, porque hay momentos decididamente muertos que la involucran, si nos dejan usar la expresión; pero su simple aspecto resulta ideal para el papel, tal y como lo fue para el rol de vampiresa que le tocó en la estupenda “Only Lovers Left Alive” de Jim Jarmusch.

Tilda

Por su parte, sin demostrar aptitudes excepcionales para la actuación, Johnson prueba tener mucho más talento que el exhibido en la saga de “Fifty Shades”, y cumple con nota sobresaliente todos sus momentos de danza (porque el baile es mucho más intenso y profesional que el que se presentaba en la otra cinta). Pero la que brilla realmente entre las jóvenes es Mia Goth, quien tuvo un breve pero agresivo rol en la “Nymphomaniac” de Von Trier y que, ahora, asume una posición mucho más dócil que le permite mostrar una faceta distinta de sus habilidades, al menos hasta que se produce un cambio radical en ella.

Finalmente, no podemos olvidarnos de la banda sonora, que en la versión original fue encomendada al grupo italiano de rock progresivo Goblin y que se convirtió en una pieza de admiración por cuenta propia (ese ‘leitmotif’ sigue siendo inolvidable), lo que ponía también en aprietos a los productores de la presente adaptación. La mejor idea que tuvieron por ese lado fue convocar a Thom Yorke, el talentoso líder de Radiohead, quien ha creado una musicalización mucho más delicada y menos evidente que la de Goblin, pero de todos modos inquietante y sugestiva.

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