Reseñas de cine

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Nov
09

Reseña de EL ÁNGEL

Escrito por Sergio Burstein

El Angel main

Hacer ‘biopics’ convencionales que reproduzcan de manera casi literal una gran cantidad de anécdotas en la vida de una persona y que pese a carecer de vuelo resulten entretenidas y hasta apreciables es un lujo que solo pueden darse los que cuentan con enormes presupuestos para tomar como referencia a personajes tan adorados y tan mediáticos como el que se puso al frente de la reciente “Bohemian Rhapsody”.

En cambio, cuando hay que encargarse de casos criminales del pasado que no están en la mente de todos y de los que se pueden tener varias interpretaciones, el camino más válido puede ser el de las grandes libertades y hasta el de tomar la historia original como una excusa para explorar fantasmas propios y hacer especulaciones sobre lo que lleva a una persona a actuar de manera incomprensible, como sucede en ”El ángel”, la intrigante cinta que se ha convertido en la apuesta de Argentina para la categoría de Mejor Película Extranjera en el Oscar y que se estrena este fin de semana en Los Ángeles y Nueva York.

No sé qué tan enterados están los habitantes actuales de esa nación sudamericana de los detalles relacionados a las andanzas de Carlos Robledo Puch, quien fue arrestado en 1971, cuando tenía 20 años, y acusado del asesinato de 11 personas; lo que sí sé es que yo no sabía ni siquiera de la existencia de este asesino en serie -que actualmente es el preso más antiguo de Argentina- hasta ver la película dirigida y escrita por Luis Ortega, quien había hecho antes tres largos que nunca pasaron por mis ojos, pero que fue también el artífice principal de la celebrada miniserie televisiva “Historia de un clan”, igualmente basada en un caso criminal de alto perfil que alguien más llevó a la pantalla grande.

El Angel main 3

En esas condiciones, “El ángel" es una película valiosa que ofrece una mirada desprejuiciada e inquisitiva sobre un personaje casi adolescente para analizar los motivos de una conducta evidentemente trastornada y para alcanzar incluso aires celebratorios que podrían llevar a algunos a imaginar una complicidad de pensamiento entre el asesino y el realizador fílmico, cuando la realidad es que esta suerte de identificación responde a la decisión de tomar el punto de vista de un protagonista con el que no tenemos que estar de acuerdo.

Al momento de su captura, Robledo Puch sorprendió a medio mundo por tratarse de un muchacho rubio y muy bien parecido de clase media que no respondía al molde de fealdad, pobreza y resentimiento social planteado por los discursos sobre la criminalidad de esa época. La circunstancia no pasa desapercibida en la película, que tiene al frente a Lorenzo Ferro, un debutante en la actuación con evidentes bondades físicas y una habilidad para desempeñarse con naturalismo que solo pudo provenir de alguien sin experiencia en estas lides.

Por lo que hemos leído, Ortega respetó varios de los hechos auténticos; pero, como él mismo nos lo dijo en una entrevista reciente, tomó vuelo en muchos otros aspectos de la historia, como la decisión de hacer que Carlitos (así se hace llamar el personaje) robe simplemente por la emoción que le produce hacerlo y que se distancie de las barbaridades que comete porque cree que la realidad -y por agregado la muerte- es algo artificial, una construcción ficticia que se emparienta con la puesta en escena cinematográfica.

El Angel 3

De ese modo, “El ángel” asume una búsqueda metalingüística en la que el protagonista mismo adopta posturas procedentes de clásicos del cine que admira y en la que el autor da cuenta de influencias declaradas de modo personal, como la “Bonnie & Clyde” de Arthur Penn y la “Badlands” de Terrence Malick, tamizadas por una paleta visual muy colorida, aunque le agrega al conjunto una generosa y bienvenida dosis de canciones rockeras gauchas de raigambre setentera, a las que se suma una sorprendente intervención de una pieza clave de Palito Ortega (que, sí, es el padre del director).

Podría decirse que este intento de análisis psicológico queda inconcluso o es mucho menos profundo de lo que se espera, pero resulta suficiente como para darle un toque de profundidad a una cinta que, por otro lado, es estilizada y entretenida, incluso cuando recurre a circunstancias aparentemente sensacionalistas que según Ortega (el hijo) forman parte de sus propias vivencias, y que filma de todos modos con contención y sin caer en efectismos visuales, insertando uno que otro detalle grotesco pero evitando la truculencia excesiva en medio de las escenas más violentas.

Lo realmente importante es que, en medio de la conciencia plena de fabulación que tiene el trabajo, lo que se ve en momentos decisivos se siente real y cercano, incluyendo una ambientación de época que resulta minuciosa y que no desatiende tampoco las actitudes del momento, los detalles de vestuario, el aspecto de los vehículos y toda esa clase de detalles culturales que resultan esenciales para que nos creamos un cuento que, en este caso, no tiene nada de infantil, pese a la cara de niño de su estrella.

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