Reseñas de cine

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Nov
16

Reseña de AT ETERNITY’S GATE

Escrito por Sergio Burstein

At Eternity 1

A diferencia de “Bohemian Rhapsody”, una versión desinfectada de la carrera de Freddie Mercury que, sin embargo, parece tocar las teclas convenientes y los hechos conocidos, “At Eternity’s Gate” es una mirada a la vida del pintor Vincent Van Gogh que, sin apegarse completamente a la realidad (sus mismos creadores lo han admitido), se siente especialmente auténtica y ofrece una perspectiva artística y arriesgada de un personaje que se siente dignamente representado en lo que termina siendo mucho más que una ‘biopic’ convencional con metas comerciales.

Se trata de un film que no despertará interés alguno en quienes busquen simplemente tener un rato entretenido en el cine, marcado por la nostalgia y por una sensación final de bienestar; de hecho, en esta historia no hay redención alguna, ya que la misma se encuentra marcada por las frustraciones y los desarreglos de un artista que no fue nunca apreciado mientras estaba vivo (se sabe que solo logró vender uno de sus más de 2,000 cuadros) y que tampoco gozó de una existencia precisamente próspera.

Eso no quiere decir que “At Eternity’s Gate” sea una cinta dura ni indiferente; los pesares de este maestro reconocido de manera tardía son sin duda conmovedores, del mismo modo en que deberían serlo las muestras de un talento que se plasmó en sus cuantiosas obras y que es exhibido de manera convincente por el director Julian Schnabel, quien es por su lado un pintor reconocido y que, como cineasta, goza de una sensibilidad que lo lleva a hacer películas interesantes pero no por ello aburridas sin importar el tema que traten, como es el caso de “The Diving Bell and the Butterfly” (2007), que le brindó dos Globos de Oro como Mejor Director y Mejor Película en Lengua Extranjera, y que se inspiraba también en un personaje real, Jean-Dominique Bauby, un periodista francés que quedó con el cuerpo casi completamente paralizado tras sufrir un ataque cerebrovascular.

31 Oscar Isaac Paul Gauguin and Emmanuelle Seigner Madame Ginoux in Julian Schnabels AT ETERNITYS GATE

En realidad, a estas alturas, Schnabel parece ser un experto en producciones biográficas creativas, ya que todos sus largometrajes de ficción hasta el momento (incluyendo su ópera prima “Basquiat”, de 1996) han sido protagonizados por figuras existentes. Entre ellos, “At Eternity’s Gate” es el que se sitúa en una época más distante (las postrimerías del SXIX), y esa distancia colabora probablemente con el plano de la verosimilitud.

Sin embargo, para mí, su aspecto más curioso e inesperado es lo bien que funciona el lenguaje cinematográfico claramente moderno al que recurre Schnabel (con cámara en mano y cortes abruptos) para contar un relato que es tan ‘de época’, lo que podría haber generado una falta de coherencia notable pero que, en cambio, se presta para transmitirnos las sensaciones de un personaje afectado por una mente febril y una enfermedad mental indefinida que, de todos modos, es considerado actualmente como un precursor del arte moderno.

Fuera de lo que respecta a la labor específica de Schnabel, hay que precisar que el guion fue escrito por el mismo realizador neoyorquino al lado de Louise Kugelberg y de Jean-Claude Carrière, quien es, por supuesto, uno de los colaboradores más cercanos que tuvo el legendario cineasta español Luis Buñuel, y cuyas teorías sobre la importancia de desarrollar un subconsciente elaborado en los personajes centrales parecen haberse aplicado a las páginas en las que se basó el título aquí comentado.

Dafoe

Por si estos méritos no fueran suficientes, el reparto se encuentra encabezado por Willem Dafoe, un actor excepcional que, como ha dicho ya alguien por ahí, parecía destinado a hacer de Van Gogh. Aunque su edad actual (tiene 63 años) lo volvía aparentemente inadecuado para ponerse en la piel de un sujeto que murió a los 37 años, el aspecto descuidado de un artista que lucía a todas luces mucho mayor de lo que era y lo bien conservado que se encuentra el actor a cargo son factores que favorecen la pertinencia de la ‘performance’.

Se ha dicho igualmente por ahí que, como Dafoe se inclina naturalmente a hacer interpretaciones grandilocuentes, su representación del pintor va por ese mismo lado; ¿pero hubiera sido acaso razonable mostrar a Van Gogh como un hombre apacible y relajado? Por fortuna, esta misma efervescencia no se traduce solo en los momentos menos positivos, sino que se muestra también en las escenas en la que el protagonista muestra su contagiosa admiración por la Naturaleza.

Dafoe 2

Más allá de las formas visuales y de los instantes de delirio que incluyen saltos temporales sin incurrir en el sensacionalismo (la famosa pérdida de la oreja no se muestra directamente), resultan apasionantes las discusiones sobre el arte y sus distintas manifestaciones, como las que se dan entre Van Gogh y una amiga suya a la que trata de convencer de la complejidad y del misterio inherentes a las creaciones literarias de Shakespeare, o los debates que sostiene con Paul Gauguin (dignamente interpretado por el guatemalteco Oscar Isaac), quien considera inicialmente que lo que su compañero hace es copiar paisajes y lo insta por ello a trabajar en el área de los retratos.

Finalmente, “At Eternity’s Gate” nos deja con ganas de saber mucho más de Van Gogh y de los autores de los que se habla a lo largo de la película, mientras nos lleva a sentir empatía por el personaje y hasta dolor por la pérdida de un genio incomprendido al que le faltaron muchos momentos de felicidad. Y eso es lo que debería hacer cualquier obra trascendente que tome como base a una personalidad histórica.

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