Reseñas de cine

Imprimir
Dic
20

Reseña de ROMA

Escrito por Sergio Burstein

Roma

Luego de hacer acumulado numerosas críticas positivas tras su paso por el Festival de Venecia (donde se llevó el León de Oro) y su exhibición en funciones privadas de prensa anteriores a su estreno limitado en salas, “Roma” llegó al servicio de ‘streaming’ de Netflix, y las cosas cambiaron por completo.

Y es que, por lo que estamos viendo, un número indeterminado de los comentarios subidos a las redes sociales por espectadores comunes y corrientes se dedican a lapidar una cinta que, en sus palabras, es desde pretenciosa hasta aburrida, aunque el consenso general parece ser que se trata de una película mediocre con una hermosa fotografía. Estas apreciaciones han sido de algún modo respaldadas por un conocido portal humorístico que acusa a quienes gustan del film de esnobismo y de desprecio por las clases populares.

Por más gracioso que quiera ser el asunto, lo cierto es que le da todavía más luz a una insufrible tendencia ‘malinchista’ que para algunas fuentes es una costumbre habitual en varios sectores mexicanos. En estas circunstancias, no nos queda claro que los ataques al trabajo de Alfonso Cuarón representen a “la verdadera voz del pueblo” o provengan más bien de sujetos semejante a los intolerables racistas que se burlaron de su protagonista de origen indígena Yalitza Aparicio luego de que esta posara para una conocida revista internacional con trajes de diseñadores famosos.

 Roma escena 3

Cualquiera puede decir que “Roma” es lenta, por supuesto, y esto se encuentra probablemente relacionado al controvertido lanzamiento en Netflix, casi inmediato tras el estreno en salas, lo que ha hecho que muchos la hayan visto en condiciones inadecuadas para lo que presenta, como por ejemplo a través de teléfonos móviles. Esta clase de lanzamiento fue una decisión supuestamente democrática y arriesgada que iba a tener consecuencias no siempre gratas.

Para nosotros, “Roma” es en cambio una obra de inmenso valor que combina de manera magistral las evidentes tendencias artísticas de su autor (nunca mejor dicho, porque Cuarón la dirigió, la escribió y la fotografió) con una narrativa sencilla que resulta accesible para cualquiera y que, por más cotidiana que resulte, no es nunca fácil de llevar a la pantalla grande con tanto naturalismo y tanta convicción, sobre todo cuando se ubica dentro de un relato de época.

Como lo debe saber ya mucha gente a estas alturas, “Roma” es una cinta con fuertes rasgos autobiográficos en la que Cuarón recrea la etapa de su infancia que se produjo entre 1970 y 1971 en la Ciudad de México, más precisamente, en la colonia Roma y sus alrededores. Pero no es una película centrada en él mismo, ni mucho menos; de hecho, no queda claro quién es el personaje que lo representa, aunque asumimos que se trata del niño más cercano a la empleada doméstica, ese que habla ingeniosamente de su supuesto futuro como si ya se hubiera dado.

Roma escena 2

El enfoque se encuentra en la misma criada, Cleo (Aparicio), directamente inspirada en la todavía viva “Libo” Rodríguez, que Cuarón parece considerar una suerte de segunda madre, hasta el punto de que Sofía (Marina de Tavira), el ama de casa que representa a la ya fallecida Cristina Orozco, aparece quizás intencionalmente desdibujada, aunque su presencia relativamente menor no le quita méritos a un personaje que empieza con una identidad contradictoria y hasta sumisa pero que termina decididamente envalentonado.

Temáticamente, a pesar de su aparente simpleza y cotidianidad, la historia tiene mucho contenido, ya que analiza no solo diferencias de clase que, en lugar de desembocar en abusos predecibles, adquieren connotaciones mucho más ambiguas y realistas, sino que pone también en vitrina las secuelas de ese machismo latinoamericano que trasciende las posiciones sociales y extiende sus alcances a situaciones políticas para brindar una lección parcial de Historia que no se siente como tal.

De ese modo, si nuestro conocimiento de las barbaridades cometidas por el eterno PRI (Partido Revolucionario Institucional) en la época retratada apuntaban mayormente a la matanza de Tlatelolco de octubre de 1968, Cuarón nos enfrenta aquí de manera contundente a un episodio que desconocíamos, el llamado “Halconazo” de junio de 1971, que dejó a más de 100 muertos y que según muchas fuentes fue perpetrado por el entonces presidente Luis Echeverría.

Roma 5

El mismo suceso aparece recreado con una fuerza y una maestría de lenguaje audiovisual que recuerdan los logros ya impresionantes de las escenas de lucha callejera de “Children of Men” (2006), la cinta antepenúltima del mismo realizador, cuyas incursiones en la ciencia ficción futurista tenían rasgos profundamente realistas y que establecieron definitivamente las bases de un talento cinematográfico que alcanza ahora la plenitud en una historia a la que otro cineasta podría haberle dado fácilmente el predecible tratamiento de la cámara en mano.

En lugar de eso, Cuarón despliega un portentoso manejo de la puesta en escena que no insiste en los interminables planos secuencia de sus dos trabajos anteriores, pero que sí privilegia esa clase de tomas largas, amplias y bien desarrolladas que nos ofrecen una mirada particularmente completa de las locaciones usadas mientras permiten un desempeño libre de los actores, lo que era especialmente importante en una película en la que el papel principal estaba en manos de una intérprete sin experiencia previa en estas lides, es decir, la oaxaqueña Aparicio, quien sorprende a cada momento por su actuación sin ser formalmente una actriz.

Además, y aunque los espectadores no lo noten, las generosas escenas exteriores de “Roma”, que nos sitúan en el DF de los ’70 con una precisión nunca antes vista, fueron no solo posibles debido a una meticulosa recreación que incluía la búsqueda de espacios específicos, automóviles de la época y vestuarios adecuados, sino también a un esmerado trabajo de posproducción en el que se emplearon numerosos efectos digitales para acentuar la impresión que se buscaba y eliminar elementos contemporáneos que estaban fuera de lugar en el planteamiento.

Roma 6

Como nos lo dijo el director en una reciente entrevista, el hecho de que estos retoques (por llamarlos de algún modo) no se noten es solo una prueba de lo bien que están hechos, aunque tampoco hay que desestimar instantes de carácter menos espacioso pero de tanta expresividad como el montaje con el que se presenta al padre ausente mientras estaciona su enorme coche y la escena al interior de un cine en el que se proyecta la comedia “La Grande Vadrouille”, de Gérard Oury, que mantiene el foco visual tanto en la lejana pantalla grande como en los asientos traseros donde se encuentran los personajes, lo que es ya de por sí un prodigio técnico.

Además del irremediable aspecto nostálgico de una banda sonora incidental por la que circulan Juan Gabriel, Leo Dan, José José y otros, llega hasta nuestros oídos un impecable trabajo de sonido que solo puede ser apreciado correctamente en una sala de cine debido a la provechosa utilización del novedoso sistema Dolby Atmos, que divide todo lo que se escucha en diferentes planos y que, fuera de generar asombro en las secuencias más caseras, resulta esencial en uno de los momentos más fascinantes del film, es decir, el que nos mete de lleno en el furioso mar al que se enfrenta Cleo, y que requirió para su filmación de la construcción de un muelle por el que podía desplazarse la cámara.

Estos detalles de vanguardia tecnológica son esenciales para entender que, sin dejar de ser válidas, las referencias al neorrealismo italiano que se han hecho al hablar de “Roma” son insuficientes para describir a una película que trasciende las influencias clásicas con el fin de aprovechar unos recursos actuales que se reservan normalmente a las superproducciones hollywoodenses, lo que justifica de algún modo el concepto de ”trabajo revolucionario" que algunos le han adjudicado a esta obra cuando se toma en cuenta que se hizo en español, en un país latinoamericano y en blanco y negro.

Se presta mucho más al debate la aplicación del mismo término a las intenciones narrativas de un film que, en palabras de Cuarón, no buscaba hacer comentarios políticos explícitos, y en la que se pueden encontrar si se quiere rasgos paternalistas en lo que respecta al personaje de la nana, que luce demasiado inmaculada en su comportamiento pese a los errores que comete en su vida personal (a no ser que no poder recoger permanentemente las cacas del perro sea un gran defecto).

Pero el simple hecho de que “Roma” haya provocado tantas palabras nuestras, tantas discusiones en torno al racismo y, en general, tantas inquietudes a pesar de sus características y de ser un trabajo tan personal es una muestra fehaciente de que nos hallamos ante una propuesta de valor considerable.