Reseñas de cine

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Ene
17

Reseña de GLASS

Escrito por Sergio Burstein

Glass 1

Sería interesante saber lo que pasa por la mente de M. Night Shyamalan, un cineasta estadounidense de origen indio que ha hecho algunas películas fascinantes y otras absolutamente desastrosas, pero que nunca ha dejado de llamar la atención con su obra fílmica.

En los últimos cuatro años, todo parecía indicar que la carrera del realizador se encontraba en una etapa de resurrección inesperada, en vista de la seguidilla aparentemente interminable de fracasos tan evidentes como “After Earth” (2013), “The Happening” (2008) y “Lady in the Water (2006)”. Y es que después de eso llegó “The Visit” (2015), un encantador título de presupuesto reducido y de sustos eficaces, seguido por “Split” (2016), un entretenido ‘thriller’ que terminó brindando mucho más de lo que se esperaba.

Bajo esas circunstancias, era razonable sentir entusiasmo ante “Glass”, anunciada no solo como una secuela de “Unbreakable” (2000), una de las mejores cintas de la cosecha temprana de Shyamalan, sino también de “Split”, en el sentido de que iba a reunir a los dos personajes principales de la segunda producción citada (David Dunn, un guardia de seguridad ‘indestructible’ interpretado por Bruce Willis, y Elijah Price, un archivillano de estructura quebradiza pero de mente prodigiosa encomendado a Samuel L. Jackson) con el protagonista de la tercera (Kevin Wendell Crumb, un sujeto afectado por 24 personalidades múltiples y encarnado por James McAvoy).

Glass main

Por ese lado, cualquiera que esté familiarizado con estas películas sabrá ya que todos los nombrados son figuras pertenecientes a un universo de superhéroes que Shyamalan desarrolló de manera distinta a la habitual, otorgándole un aspecto realista y dejando entrever en diversas instancias que lo que sucedía tenía orígenes psicológicos y no sobrenaturales.

Esa perspectiva, que le dio un valor particular a “Unbreakable”, se retoma en “Glass” con el fin de completar una trilogía que, como se ha señalado igualmente por ahí, desemboca en una suerte de “Avengers” de perfil bajo al que se suma Casey Cooke (Anya Taylor-Joy), la muchacha de ojos enormes y sensibilidad particular que se enfrentaba a Kevin en “Split”.

Pero Shyamalan (que es también el guionista) tiene evidentemente ambiciones muy distintas a las de los cineastas que se han encargado de las aventuras de Marvel y DC en la pantalla grande, y aunque el número de personajes que maneja es mucho menor al de esas sagas, los deseos que tiene de profundizar en los aspectos interiores de los mismos terminan por hacer que la mesa se sienta demasiado llena.

Glass 2

A estas alturas, con todo lo que ha pasado en el cine y la televisión, el empleo del metalenguaje y los comentarios irónicos pero aparentemente astutos sobre la cultura popular no resultan novedosos. Esto no quiere decir que el espectador sea incapaz de disfrutar de detalles semejantes, que en algunos casos son los puntos más altos en el transcurso de “Glass”; sin embargo, el director parece creer que lo que está diciendo es profundamente interesante incluso cuando no lo es, lo que termina generando un tedio innecesario debido al tiempo que se toma para plasmarlo.

Esto es más claro que nunca en lo que respecta a Kevin. En medio de los incontables clichés que maneja -y que fueron motivo de disgusto para varios especialistas en salud mental-, el personaje le permite a McAvoy un lucimiento que llega a ser notable, pero que nos satura luego por su sobreexposición y por la insistencia de Shyamalan en convertirlo en el punto casi permanente de atención en perjuicio de los demás participantes.

El más afectado en el proceso es David y, por ende, Willis, quien no se mostraba precisamente animado en “Unbreakable”, pero que poseía en ese caso una suerte de aura hipnótica que se ha desvanecido. Al inicio de la historia, el mismo David se ha convertido en un ‘vigilante’ experimentado que no se ha tomado ni siquiera el trabajo de encontrar un mejor traje de correrías (sigue con el impermeable a cuestas) y que, en términos narrativos, le ha cedido casi completamente la posta a su hijo Joseph, interpretado por el mismo actor de la cinta anterior, Spencer Treat Clark (lo que es un recurso importante en vista de que él mismo tenía 12 años en esos momentos, pero que no se convierte realmente en un aporte sustantivo a la trama porque el personaje no es lo suficientemente cautivante como para tener tanto peso).

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Ben se entera de que Kevin ha secuestrado a un grupo de porristas en un hangar abandonado y va a buscarlo, lo que desata un enfrentamiento filmado de manera intencional con mucha menos espectacularidad que los choques desmesurados de las películas más populares de superhéroes. Pero los dos terminan siendo capturados por la policía y encerrados en la institución mental en la que se encuentra Elijah/Mr. Glass, supuestamente en estado catatónico.

Es allí donde se desarrolla una gran parte de la película y donde se suma a Ellie Staple (Sarah Paulson), una doctora especializada en delirios de grandeza que permite eventualmente la visita de Casey con el fin de aplacar a Kevin (lo que no tiene mucho sentido cuando se toma en cuenta que la chica fue secuestrada por el tipo) y que, a pesar del generoso metraje que se le otorga, no es un personaje creíble ni muy bien desarrollado, sino uno que tendría más sentido en una historia de superhéroes convencional.

Sea como sea, “Glass” no es una experiencia necesariamente fallida. A pesar de su insistencia en los planos cerrados, Shyamalan es un cineasta suficientemente dotado y detallista como para que la puesta en escena que maneja resulte llamativa y por momentos brillante; el humor que se introduce de vez en cuando atenúa la seriedad de otras secuencias; la banda sonora genera la tensión adecuada, y las discusiones relacionadas a los cómics pueden ser muy entretenidas, aunque se encuentren lejos de tener el peso intelectual que su creador les atribuye.