Reseñas de cine

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Feb
14

Reseña de ALITA: BATTLE ANGEL

Escrito por Sergio Burstein

Alita 1

Estoy lejos de ser un conocedor profundo del universo ‘manga’, por lo que me enteré de que “Alita: Battle Angel” estaba basaba en un célebre cómic japonés escrito por Yukito Kishiro poco antes de asistir a la respectiva función de prensa, aunque había escuchado hablar mucho de la cinta y de las promesas que se habían hecho sobre sus supuestas maravillas técnicas.

La película me llamaba además la atención por el simple hecho de que se trataba de una prometedora colaboración entre Robert Rodríguez (a quien le tengo aprecio sin considerarlo por ello genial) y James Cameron (quien ha hecho películas tan emblemáticas como “The Terminator”, Terminator 2: Judgment Day”, “Titanic” y “Avatar”, y que ha revolucionado sin duda el modo en que se ve el cine actual).

En realidad, hasta hace algún tiempo, la misma colaboración no había sido prometedora, sino simplemente inesperada, porque se supone que Cameron -que aparece ahora como productor y coguionista- iba a dirigir el proyecto, aunque tuvo que dejar de lado el puesto debido a sus compromisos con las secuelas de “Avatar”.

Alita 2

Por ese lado, la cinta muestra una curiosa unión de dos sensibilidades que, sin ser necesariamente opuestas, habían transitado hasta el momento caminos muy distintos, ya que Rodríguez ha sido siempre el tipo ingenioso y amante de la serie B que le saca el jugo a presupuestos sumamente limitados, mientras que Cameron ha contado desde los inicios de su carrera con enormes sumas de dinero que le han permitido la elaboración de trabajos espectaculares en los que se recurría a la tecnología más avanzada que se encontrara disponible.

Rodríguez ha dicho sin reparos que su meta principal era que “Alita” se sintiera como una “película perdida” de Cameron, y en más de un sentido, esta arriesgada idea se plasma en la pantalla, sobre todo porque la producción cuenta con la participación directa de Lightstorm Entertainment, la compañía responsable de “T2” y “Avatar”. Pero lo interesante es que el estilo habitual del cineasta mexicoamericano no se ha perdido del todo, lo que se prueba principalmente en el planteamiento de las escenas de pelea, dueñas de una ferocidad que desafía las reglas de la clasificación PG-13 y que mantienen la irreverencia propia del creador de “El Mariachi” y “Desperado”.

Aunque no he podido leer los cómics originales (le debo cerca de 100 dólares a la biblioteca de mi ciudad por no devolver a tiempo el material prestado), he visto la versión animada de una hora que se hizo en 1993 sobre la base de los primeros libros, y puedo decir con certeza que lo realizado por Cameron y Rodriguez es sumamente fiel al material original, mientras que el hecho de que la historia misma no se desarrollara en un ambiente asiático (a diferencia de algo como “Ghost in the Shell”), sino en los Estados Unidos, limaba de antemano las acusaciones de apropiación cultural que se producen siempre en estos casos.

Alita 3

En realidad, como nos los comentó Rodríguez durante una reciente entrevista, la Iron City del film ha sido trasladada a Ciudad de Panamá, dándole supuestamente al lugar un ambiente latino que, sin embargo, no resulta del todo evidente, sobre todo porque se trata de una urbe multicultural del futuro (más precisamente, del año 2563) sobre la que se yergue Zalem, una ciudad flotante en la que viven los ricos y poderosos tras una guerra que arrasó casi completamente con la Tierra.

Alejándose completamente de los escenarios digitales de “Sin City” que se superpusieron en posproducción luego de que los actores hicieran lo suyo frente a pantallas verdes, Rodríguez filma ahora con escenografías reales que, sumadas a efectos especiales posteriores, transforman a Iron City en un lugar creíble y lleno de vida, realzado de manera constante por un uso de la 3D que luce de maravillosamente en las salas de IMAX.

Pero el verdadero prodigio de la película es la misma Alita, una cyborg encontrada por el Dr. Dyson Ido (Christoph Waltz) en un basurero perteneciente a la ciudad flotante cuyo único remanente humano es el cerebro y que, en lugar de haber sido elaborada directamente de manera digital, se trabajó sobre la base de la ‘captura de performance’, una evolución de la ‘captura del movimiento’ que encuentra igualmente a los intérpretes que la emplean en el set y en interacción constante con los demás actores mientras llevan sofisticados trajes de sensores, pero que facilita una reproducción incluso más impresionante de las acciones y los gestos de los elegidos.

Alita 4

La estrategia permite un lucimiento particular de Rosa Salazar, la estadounidense de ascendencia peruana que asume el papel de Alita, y cuyas expresiones se transmiten claramente al espectador con el refuerzo de los enormes ojos otorgados al personaje. Alita no luce humana, por supuesto, porque en el plano físico, no es un ser con piel y carne ‘reales’; pero el sentido de sorpresa que ella misma tiene al ser reactivada por Ido mientras sufre de amnesia es sin duda contagioso, incluso cuando se queda embelesada al ver por primera vez a Hugo (Keean Johnson), el joven ayudante de Ido del que queda inmediatamente prendada.

Eso es solo el comienzo, claro, porque poco a poco, ella misma va descubriendo habilidades físicas que desconocía y que la involucran en peleas espectaculares con otros cyborgs, como la que se produce en un callejón con una alucinante contrincante de contorsiones imposibles que es interpretada por la mexicana Eiza González (con el evidente respaldo de una CGI de alto vuelo) y la que se da más adelante en un bar lleno de individuos con los que preferiríamos no tomarnos un trago.

Los combates son siempre ruidosos y aparatosos, pero se encuentran filmados de modo tal que resultan comprensibles, y su evidente violencia -porque aquí se cercenan muchas partes corporales- se ve suavizada de algún modo por el empleo de sangre azul (en una variante interesante de lo que sucedía en los cómics, cuyo traslado literal hubiera dado una inmediata clasificación R).

Alita 5

Más adelante, los enfrentamientos se trasladan al Motorball, una competencia de alta velocidad a modo de ‘roller blade’ que sí se hizo de manera completamente digital, aunque aprovecha plenamente los avances de la industria para brindar otra sesión de adrenalina pura y sirve de paso para trazar unos tibios comentarios críticos referidos al uso del deporte corporativo como herramienta de embrutecimiento de las masas.

“Alita: Battle Angel” es siempre emocionante, tiene la dosis adecuada de humor y no deja de sorprender a cada vuelta de esquina, por lo que presta perfectamente para cualquier amante del cine comercial de ciencia ficción que se interese en ver propuestas de calidad. Eso no quiere decir que sea una maravilla, que no pueda llegar a saturarnos con el efluvio interminable de impactos sensoriales que genera ni que posea una historia especialmente provocativa o demasiado inteligente.

En realidad, fuera de su saludable mensaje de empoderamiento femenino, el empaque de lujo que la contiene no ofrece las satisfacciones esperadas en términos dramáticos y propositivos, y aparte de Salazar, no se encuentran actuaciones realmente destacadas, incluso en lo que respecta a Waltz, que es sin duda un actor de primer nivel. Pero el simple hecho de ver a su inusual protagonista abriendo los enormes ojos que tiene para gozar del intrigante mundo que se le pone por delante es un espectáculo digno de apreciarse en la pantalla más grande que se encuentre a la mano.

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