Reseñas de cine

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Jul
03

Reseña de MIDSOMMAR

Escrito por Sergio Burstein

Midsommar 1

Ari Aster no es una persona convencional. Pese a que “Hereditary” fue sin duda alguna la película de horror más lograda, más impresionante y más salvaje del 2018, no se considera a sí mismo como un director de terror; y su nueva cinta, “Midsommar”, parece querer demostrarlo, pese a que es hasta ahora uno de los estrenos más escalofriantes y fascinantes del año.

Para tenerlo claro, “Hereditary” sí era una cinta claramente inscrita en los parámetros del género del miedo dentro de su vertiente sobrenatural, porque aparte del ‘gore’ y de la brutalidad que contenía, desembocaba en una historia firmada por el satanismo que justificaba toda la locura ya vista. Pero el asunto es mucho más ambiguo en esta nueva aventura, cargada de metáforas que se pueden interpretar de distinto modo y enmarcada por una relación de pareja en absoluta decadencia.

Como es ya habitual en él, Aster desarrolla la historia sobre la base de una gran tragedia familiar, relacionada en este caso a la protagonista Dani (Florence Pugh), una jovencita llena de demandas afectivas justificadas que no está pasando precisamente el mejor de sus momentos con su novio Christian (Jack Reynor), quien parece representar al típico macho estadounidense e indiferente.

Midsummer 3

Acudiendo al meticuloso estilo visual que lo distingue, el director estadounidense de raíces judías nos transmite el impacto emocional del momento con una mezcla de salvajismo y belleza que no pueden dejar a nadie indiferente, y que se resume en una memorable toma estática de impecable composición.

Este tratamiento de espacios urbanos cerrados, que tan bien se la dan a Aster desde su etapa como autor de cortometrajes, se rompe súbita y completamente cuando Dani y Christian se suman a tres amigos del segundo para emprender un viaje a Suecia que saca completamente al realizador de su zona de confort, ya que el lugar al que nos traslada es una comunidad pagana cuya vida se desarrolla casi completamente al aire libre y que acoge con beneplácito a los visitantes durante la celebración del solsticio de verano. Hay más: debido a la estación y a la ubicación en las que nos encontramos, el sol brilla de manera constante.

En vista de lo que se mostró previamente y del estilo inquietante del relato entero, habría que ser muy despistado para creer que lo que se viene es una encantadora historia de sanación en medio de un ambiente bucólico. Pero lo interesante es que el proceso entero sí tiene un aspecto marcadamente espiritual, porque a pesar de la crudeza ocasional de lo que no se narra, no nos encontramos ante un trabajo de ‘torture porn’ asignado a Eli Roth.

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Eso no quiere decir que “Midsommer” se encuentre libre de momentos violentos y desagradables, aunque lo que muestra caiga siempre en una relatividad moral que tiene mucho que decir sobre las diferencias culturales y se encuentre frecuentemente aderezado por una rareza en la que se inmiscuye frecuentemente el humor más desconcertante. Por ese lado, la huella de Von Trier parece ser evidente.

Otro aspecto particularmente llamativo del film es que, si bien se basa en investigaciones sobre el folklore local, el pueblo presentado (Harga) es completamente ficticio, y está planteado no solo en sus costumbres (muchas veces aberrantes para el pensamiento occidental tradicional), sino también en el arte que exhibe (que es igualmente provocativo), en sus edificaciones (las cabañas que sirven para dormir) y hasta en un lenguaje que fue creado especialmente para la ocasión.

Todos estos detalles resultan esenciales para darle verosimilitud a una historia que, por otro lado, se desarrolla a un ritmo sumamente pausado y tiene varios momentos alucinógenos, debido sobre todo al modo en que los personajes apelan a sustancias psicotrópicas que alteran la percepción de la realidad pero no llegan a distorsionarla del todo, porque esta no es una película de Marvel ni una que abuse de los efectos especiales. En ese sentido, “Midsommar” es incluso una ‘stoner movie’.

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¿Pero qué es esto, en realidad? No lo sabemos, y ese es precisamente uno de sus mayores encantos. Lo que se muestra pregona por un lado las virtudes de la libertad y la sexualidad, pero es demasiado inquietante como para ser una celebración; y hay también aquí diversas muestras de empoderamiento femenino, aunque el costo de lograrlo puede ser muy alto.

Finalmente, lo importante es que Aster, acompañado por una estupenda actuación de Pugh, se ha negado a quitar el pie del acelerador, y que ha logrado una nueva obra digna de provocar innumerables discusiones… así como de afectar seriamente nuestras mentes.