Reseñas de cine

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Jul
12

Reseña de CRAWL

Escrito por Sergio Burstein

Crawl 1

La función especial de “Crawl" a la que asistí esta semana fue especialmente festiva, porque a diferencia del modesto ‘combo’ de bebida y palomitas que se le suele ofrecer a la prensa en estos casos, fuimos agasajados con una cantidad interminable de cocteles con ron, lo que sumado al aspecto un tanto precario de los afiches de la cinta, hacía presagiar a muchos de los presentes que esta era una de esas producciones que solo se pueden disfrutar cuando se lleva mucho alcohol en la sangre.

Pero yo sabía ya que las expectativas ajenas podían ser erróneas, debido a que el film ostentaba entre sus créditos la labor de Sam Raimi como productor y la de Alexander Aja como director, es decir, dos nombres que despiertan siempre interés en la comunidad seguidora del terror cinematográfico.

Afortunadamente, mis esperanzas no fueron vanas, ya que si bien “Crawl” está lejos de ser una gran película, posee los méritos suficientes como para despertar entusiasmo entre los fans del género, empezando por una puesta en escena sorprendente en la que la combinación de locaciones naturales y actores reales con elaborados efectos digitales ofrece resultados dignos de verse.

Crawl 2

Estas son buenas noticias cuando se considera que, a pesar de su reputación, ni Raimi ni Aja han sido infalibles en sus propuestas. Para ser sinceros, con todo lo buenas que fueron las dos primeras entregas de “Spider-Man”, Raimi no ha logrado hasta ahora recuperar el espíritu combativo logrado en la primera trilogía de “Evil Dead”, mientras que a Aja le ha pasado algo semejante, porque nada de lo que hizo después de su demoledora ópera prima “High Tension” (“Haute Tension” fue el título original) se encontró a la misma altura en términos de contundencia.

En realidad, la nueva cinta es mucho menos explícita de lo que muchos hubieran querido, sin que esto haya evitado que se le otorgue la clasificación R; y aunque tiene algunas escenas sumamente sangrientas que implican incluso partes humanas desgarradas, el nivel de ‘gore' no es solo moderado, sino que se evita siempre esa clase de crueldad que distingue a los filmes más despiadados para optar en cambio por una aproximación más comercial.

Pero lo importante es que, en medio de su clamorosa sencillez, la historia desarrollada en Miami -pero filmada en Serbia- luce creíble y hasta realista, ya que las decisiones tomadas por los personajes no son necesariamente absurdas y arbitrarias, sino que surgen de la construcción de esos mismos personajes, lo que habla bien del guion escrito por los desconocidos Michael y Shawn Rasmussen (aunque sabemos ahora que Raimi metió mucha mano en el texto).

Crawl 3

Claro que esto no es algo que suceda con el personal entero que figura en la pantalla. Para ser claros, casi todo el peso del relato recae en la protagonista, Haley (Kaya Scodelario), una ruda nadadora de Miami, Florida, cuyas características personales se definen claramente en la primera parte del metraje.

De ese modo, cuando llegamos al punto en el que la muchacha -que no deja de recordarnos a la Ripley de “Alien”- decide permanecer a la intemperie manejando su coche pese a encontrarse en medio de una furiosa tormenta de la que ha sido debidamente advertida, en lugar de desestimar sus acciones como producto de la estupidez, aceptamos que lo está haciendo para acudir al rescate de su padre Dave (Barry Pepper), quien no responde sus llamadas y podría hallarse en una situación de peligro debido a las labores que desempeña.

Y es que, fuera del desastre que empieza a ser causado más adelante por los cocodrilos enormes que tardan en aparecer, “Crawl” es esencialmente una cinta sobre un padre y una hija que han tenido diferencias, pero que se quieren mucho y harían cualquier cosa para protegerse mutuamente. Narrativamente, el único obstáculo en ese sentido es que el personaje de Dave no está tan bien construido como el de Haley, más allá del empleo de algunas secuencias de diálogo con carga emotiva pero irregular pegada.

Crawl 4

Por suerte, cuando la fragilidad de esta relación empieza a mostrarse de manera más evidente, surgen también en todo su esplendor los reptiles de marras, que no son el resultado de ningún experimento gubernamental (como sucedía en la “Alligator” de principios de los ‘80), pero que son capaces de hacer mucho daño y que, bajo la modalidad exhibida, recuerdan más bien a los dinosaurios letales de “Jurassic Park”.

Por ese lado, el asunto va en crescendo, cambiando el perfil de lo que parecía ser una película sobre un peligro específico por una aventura mucho más desafiante en la que el agua desbordada se convierte en un enemigo adicional para unos protagonistas que tienen muy mala suerte, y dándole de paso pie a una serie de ataques particularmente impactantes a medida que llegan más personas al lugar del desastre, incluyendo a un grupo de policías incautos. A fin de cuentas, si estas bestias se divierten, ¿por qué no podemos también hacerlo nosotros?