Reseñas de cine

Imprimir
Jul
19

Reseña de ROJO [Argentina]

Escrito por Sergio Burstein

ROJO 1

Las heridas dejadas por las dictaduras militares que azotaron a Argentina y a Chile desde inicios de los ‘70 no han sanado todavía, y eso lo saben bien los jóvenes directores de cine de esas regiones que ni siquiera habían nacido cuando las mismas se produjeron, pero cuyas familias sufrieron los embates de estos regímenes brutales y que cuentan además con una conciencia histórica.

Dicha circunstancia es incluso susceptible de provocar propuestas fílmicas que no se sientan tan militantes como las del pasado pero que adopten a cambio una perspectiva más artística en la que se hagan alusiones a situaciones preocupantes del presente, como sucede con “Rojo”, el tercer largometraje de Benjamín Naishtat (33), que llega hoy a Los Ángeles luego de su paso arrollador por el Festival de San Sebastián (donde se llevó los premios de Mejor Dirección, Mejor Actuación y Mejor Fotografía).

La historia empieza en un restaurante de la provincia argentina a mediados de los ’70. Un hombre del que no sabemos nada, y que se encuentra sentado en una de las mesas del concurrido lugar, es abordado por un tipo que no conoce y que se muestra evidentemente impaciente por obtener un lugar. Ante la molesta insistencia, el primero termina cediéndole su espacio.

ROJO 2

Pero el asunto no queda ahí. Frustrado por lo sucedido, el que se encuentra ahora de pie (interpretado por Darío Grandinetti) lanza un duro discurso destinado a hacerle daño psicológico al ahora sentado (interpretado por Diego Cremonesi), quien se pone de pie furiosamente y arma un escándalo de proporciones con el que se gana la expulsión del lugar. Todo esto podría ocurrir en cualquier época y en cualquier territorio, pero hay algo que marca la diferencia: en medio de la pelea, el sujeto acusa a los demás clientes de ser “unos nazis”.

El desacuerdo se prolongará luego al exterior del recinto, aunque brindar detalles sobre ello coquetearía con el ‘spoiler’. Lo interesante es que, a pesar de que lo que se ha mostrado es suficientemente significativo como para alertar a cualquier clase de espectador -esté o no esté enterado de lo que pasó en Argentina-, el manejo argumental se las arregla para no ser específico pero para no dejar tampoco de lado información que revela un claro ambiente de inestabilidad social.

De ese modo, y valiéndose de una puesta en escena ‘retro’ con numerosas referencias a ‘thrillers’ clásicos del cine estadounidense de los ’70 que fueron comandados por realizadores de la talla de Sidney Lumet y Francis Ford Coppola, Naishtat desarrolla un trabajo en el que tanto la estética como lo que se cuenta poseen alcances universales, y que alude por ello mismo de manera no declarada a situaciones que se producen actualmente en regiones distintas a la mostrada.

ROJO 3

No tardamos mucho en enterarnos de que el hombre que tenía originalmente la mesa en el restaurante es Claudio Morán, un exitoso abogado que, a pesar de no ser en teoría una “mala persona”, va aprovechando de manera cada vez más generosa la atmósfera de impunidad que se respira ya en un momento cercano al golpe de estado de marzo de 1976, que puso en el poder a una junta militar responsable de la desaparición y muerte de miles de personas.

El proceso no se presenta de manera acelerada, sino más bien paulatina, aunque todo no es igualmente discreto, como sucede con la aparición de Sinclair (Alfredo Castro), un ex policía y detective privado de procedencia chilena, lo que no resulta gratuito en vista de que, en la época mostrada, dicha nación andina se encontraba ya bajo el dominio pinochetista, y como se plasma también en diversas circunstancias que van apareciendo alrededor de la historia central, como un acto de magia que implica ‘desaparecer’ a personas del público, un eclipse que es visto desde la playa y la irrupción de unos ‘cowboys’ estadounidenses que planean presentarse en la zona (¿ha oído hablar del Plan Cóndor, estimado lector?).

Con calma pero con precisión, Naishtat construye un relato en el que no ocurre realmente nada explosivo después de los primeros minutos, pero en el que la sensación de un desastre inminente se encuentra siempre latente y en el que los demás personajes participan también de un modo u otro con su indiferencia o con su inocencia, como es el caso de Paula (Laura Grandinetti), la joven hija de Morán, que es justamente interpretada por la verdadera hija de Grandinetti.

Más allá de los necesarios comentarios políticos que hace y de su llamativo aspecto, en el que se incluye una efectiva reconstrucción de época -con canciones de Camilo Sesto y todo-, “Rojo” vale ya simplemente por la participación de Grandinetti y de Castro, dos de los mejores actores con los que cuenta el cine sudamericano actual. Verlos en acción al mando de papeles tan complejos justifica por completo el precio de la entrada.

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar