Reseñas de cine

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Sep
21

Reseña de RAMBO: LAST BLOOD

Escrito por Sergio Burstein

Rambo 1

Debe ser la edad. Cuando yo era mucho más joven -y mucho más combativo-, hubiera rechazado de inmediato ver “Rambo: Last Blood”, la quinta entrega de una saga cinematográfica que se creía ya muerta y que, a estas alturas, luce como producto de una forma de pensar que parece cuando menos arcaica.

Pero lo cierto es que, en la actualidad, este estreno llamó no solo poderosamente mi atención, sino que me llevó de manera escandalosa a volver a ver todas las cintas anteriores (ok, sin pagar) para poder apreciar de manera correcta la nueva, lo que no fue un problema en el caso de la primera, “First Blood” (1982) -conocida en Latinoamérica como ”Rambo”-, que me ha parecido notable desde que la vi siendo un niño, pero que se hizo mucho más incómodo a partir de las siguientes, donde se abandonó descaradamente el rumbo crítico y antisistema del debut para transformar al personaje en el héroe ‘americano’ invencible y supuestamente ideal que reclamaba la época de Ronald Reagan.

Claro que, para ser sincero, la tarea autoimpuesta no fue del todo penosa mientras veía “Rambo: First Blood Part II” (1985) y “Rambo III” (1988), que en lugar de colocar a nuestro amigo en contra de policías repudiables de pueblo ‘redneck’, destilan un patriotismo ‘gringo’ de fuertes tintes intervencionistas que se ganó naturalmente el repudio de todos los simpatizantes de la izquierda durante la década de los ‘80, pero que vistas ahora se resisten a ser tomadas en serio y pueden llegar incluso a ser muy divertidas, además de contener coreografías de acción nada despreciables.

Rambo 2 

Sin embargo, lo interesante es que, como leemos ahora, Sylvester Stallone -coguionista de los cinco filmes- creía firmemente que su propuesta era seria y bienintencionada, lo que lo terminó llevando a la “Rambo” (conocida a veces como “John Rambo”) del 2008, donde dejaba de lado la diversión al estilo hollywoodense para sumergirse por completo en la violencia más gráfica y mostrar de paso a un protagonista mucho más pesimista, desencantado y antipático que el del pasado, pero también más realista.

En ese sentido, Stallone está siendo consecuente, porque “Last Blood” es una prolongación natural de dicha película, con un nivel de agresividad incluso mayor y un derroche de ‘gore’ que haría palidecer de envidia a Eli Roth, amo del ‘torture porn’. Esperen a ver lo que es capaz de hacer ahora Rambo para destrozar (porque eso es lo que hace) a sus enemigos en medio de unos túneles subterráneos de su propia elaboración mientras el proceso entero es retratado de cerca -y con todos los detalles posibles- por el director Adrian Grunberg (”Get the Gringo”), cuya puesta en escena deja en general mucho que desear.

Uno de los problemas por aquí es no solo que esta aproximación causará desconcierto entre quienes dejaron de ver la saga tras el tercer capítulo, sino que cambia completamente la vocación contemplativa y apacible de la primera parte de la nueva cinta (que muestra a Rambo insertado en un hogar latino de Arizona conformado por María, una mujer madura y responsable -interpretada por la mexicana Adriana Barraza- y Gabrielle, la nieta de la misma -puesta en manos de la mexicoamericana Yvette Monreal-) para meterse en cambio con gusto malsano en una vorágine de fuerza pura y dura que elimina cualquier posibilidad de desarrollar la historia mínimamente compleja que se planteaba al inicio, aunque llegara marcada por significativas escenas de forzado sentimentalismo cuyo fondo musical resultaba innecesariamente edulcorado.

Rambo 4

Por otro lado, aunque Stallone se haya tomado el asunto en serio, y aunque una parte considerable del metraje muestre a su representado como un tipo convincentemente afectado por la edad y hasta vulnerable en el aspecto físico, el posterior exceso de sangre y de mutilaciones provocó primero sorpresa y luego risas estruendosas entre los asistentes a la función de prensa en la que me encontraba, cuando es probable que el actor no haya estado buscando precisamente generar reacciones que sí buscó intencionalmente la saga de “Evil Dead”, por dar un ejemplo propio del terror desbocado.

Y luego está el asunto de los nuevos enemigos de Rambo, por supuesto. El personaje estelar (que se mantiene en un estado estupendo pese a que el actor que lo interpreta cumplió los 73) ya no aparece enfrentado a los “terribles” comunistas que liquidó a partir de su segunda aventura fílmica (vietnamitas y soviéticos, para ser más preciso), sino a un grupo apolítico: un cartel mexicano que, además del negocio de drogas (que realmente no aparece), se dedica a la trata de blancas, y cuyos integrantes son justamente los que secuestran a Gabrielle una vez que la muchachita decide meterse en terrenos peligrosos con el fin de descubrir lo que ha sucedido con el padre que la abandonó (y que este otro mexicano miserable).

Durante la conferencia de prensa de “Last Blood” -a la que no se me invitó-, Stallone dijo que esta película no debe ser vista como un reflejo de las diferencias actuales entre Estados Unidos y México; ¿pero cómo confiar en ello cuando el Rambo de los ‘80 era justamente un reflejo del odio que los estadounidenses le tenían a los comunistas mientras financiaban a los ‘contras’ y a regímenes brutales de derecha? ¿No es demasiada casualidad que este filme muestre a un hombre blanco mayor despedazando literalmente a mexicanos cuando hay un hombre blanco mayor en la Casa Blanca que está despedazando de un modo menos directo -pero más destructivo a un nivel macro- a los mismos mexicanos?

En su defensa, Stallone dirá que no todos los latinos en “Last Blood” son malos. Y tiene razón: en medio de la cantidad impresionante de criminales desalmados que lo atacan -y que corren por ello la peor de las suertes-, tenemos a tres mujeres inocentes y buenas: la sobrina adoptiva de Monreal (con la que se establece la única relación afectiva del filme), la esposa sustituta de Barraza (que, sin embargo, le reza inexplicablemente a la Santa Muerte) y la apenas esbozada reportera de Paz Vega (con la que no hay ni siquiera una pasión evidente, porque Rambo continúa siendo completamente asexual).

Pero el hecho de que los líderes del cartel hayan sido interpretados por españoles (Sergio Peris-Mencheta y Óscar Jaenada) revela probablemente que estos papeles fueron rechazados por todos los actores mexicanos a los que se los ofrecieron. Y por si se les pasó el dato, Vega es igualmente ibérica. Ella misma aparece como habitante de una ciudad indeterminada de México (estos segmentos se rodaron en las Islas Canarias) que se presenta como hostil y peligrosa.

Curiosamente, en medio de la avalancha de críticas que se merece, “Last Blood” no aburre nunca, impresiona a veces por el aplomo de su comandante en jefe para hacer algo así en pleno 2019, nos da la primera oportunidad de escuchar numerosos diálogos en español dentro de un título de la serie y, sobre todo, despierta interés por las numerosas referencias que tiene a los hábitos icónicos de su protagonista, quien a pesar de no llevar más la cinta de rigor en la frente, demuestra nuevamente sus habilidades como herrero, arquero, estratega bélico y, por supuesto, dueño de un magnífico y aterrador cuchillo que, en esta ocasión, hace más daño que nunca. Habrá que ver lo que dice el Presidente de todo esto.

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