Reseñas de cine

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Oct
05

Reseña de DOLOR Y GLORIA (PAIN & GLORY)

Escrito por Sergio Burstein

Dolor y gloria 1

Pese al enorme respeto que siento por la trayectoria de Pedro Almodóvar y a que he visto todas sus películas (21 hasta ahora), no soy un seguidor incondicional de su obra, y prefiero de hecho su etapa intermedia, cuando hizo títulos del calibre de “Matador”, “La ley del deseo” y “Mujeres al borde de un ataque de nervios”.

Por ese mismo lado, soy consciente de la relativa inestabilidad de su periodo actual, en el que ha habido al menos un desastre completo (“Los amantes pasajeros)”, una cinta de género incomprendida que me gustó mucho (“La piel que habito”) y un drama femenino íntimo que me dejó indiferente (“Julieta”). Es aquí donde entra a tallar su creación más reciente, “Dolor y gloria”, que prescinde de la explosividad más vistosa del cineasta manchego y que puede llegar a ser un tanto lenta, pero que está estupendamente filmada y destila una madurez artística definitivamente encomiable.

“Dolor y gloria” es, además, un trabajo con fuertes rasgos autobiográficos que, sin embargo, se aparta aparentemente de las experiencias de vida de su director y guionista en muchos aspectos, aunque sea difícil creer eso debido a que su protagonista, Salvador Mallo (Antonio Banderas), ostenta incluso un ‘look’ que emula indiscutiblemente al autor europeo que comandó el rodaje.

Dolor y gloria 2

Mallo se asemeja también a realizador de la vida real en el sentido de que es un tipo aquejado por males físicos por los que el segundo también ha atravesado, aunque los suyos lo han llevado a abandonar prácticamente la carrera como director, cuando Almodóvar ha mantenido en cambio un ritmo constante de trabajo (repito: ha hecho 21 largometrajes).

Los padecimientos se grafican desde el comienzo con una ingeniosa escena animada que no tiene antecedente alguno en la filmografía del autor español y que, a pesar de su carácter inusual, se integra sin problemas a una puesta en escena cuidada y clásica en la que no faltan las composiciones inspiradas, así como ese uso expresivo del color (sobre todo el rojo) que es ya una huella de estilo en este artista.

Lo que no satisface del mismo modo es el hecho de que Banderas luzca un estado físico tan bueno como el que luce a pesar de estar supuestamente afectado por tantas dolencias, a lo que se suma el tratamiento de un asunto vinculado a las drogas duras que caería en el ‘spoiler’ si lo detalláramos más, pero que se usa como un recurso dramático demasiado conveniente.

Dolor y gloria 3

Pero ya que estamos hablando de Banderas, es imprescindible señalar que esta es una de las mejores actuaciones de toda su carrera, con un nivel de compromiso con el personaje que no cae nunca en los excesos, en concordancia con la sutileza de un guion que evita permanentemente el sensacionalismo y que trata la cuestión homoerótica con particular elegancia.

El actor es secundado por otros intérpretes que hacen estupendamente lo suyo, como Asier Etxeandia, quien asume la identidad de Alberto -un actor hedonista con costumbres cuestionables pero mucha actitud-, y, por supuesto, el argentino Leonardo Sbaraglia, quien se pone en la piel de Fernando -amante conflictivo de Salvador en épocas pasadas- con una sensibilidad conmovedora que contradice su limitada aparición en la pantalla.

Dolor y gloria 4

Hay una intervención especial en el filme que imaginábamos breve antes de verlo, por el simple motivo de que no aparece en los créditos estelares, pero que termina siendo de lo más importante: la de Penélope Cruz, quien empezó a trabajar con Almodóvar de manera tardía (en el 2006), pero que recibió una nominación al Oscar gracias a la primera de esas colaboraciones, “Volver”.

Cruz, que sigue teniendo una presencia imponente aunque aparezca desarreglada y con ropas de pobre (como lo hace aquí), cuenta con un papel sublime como la madre de Salvador en su etapa joven, desprovista de glamour pero no de dignidad como la esforzada trabajadora que se desvive por su hijo pequeño pero que puede todavía cantar al lado del río mientras lava la ropa, como se muestra en la brillante escena que nos la presenta por primera vez. El único daño que hace es desdibujar involuntariamente los esfuerzos de Julieta Serrano, la gran actriz que interpreta a la misma madre de anciana, y que se pone al frente de momentos muy emotivos.

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