Reseñas de cine

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Nov
01

Reseña de TERMINATOR: DARK FATE

Escrito por Sergio Burstein

Dark Fate 1

A Hollywood no le importa jugar con nuestras mentes si eso le sirve para incrementar generosamente las cuentas bancarias de sus ejecutivos. El año pasado, estrenó una cinta llamada “Halloween” que pretendía ser una secuela directa de la original de 1978 e ignoraba por completo todas las entregas posteriores de la misma saga, y esta semana lanza “Terminator: Dark Fate”, que se anuncia como una secuela directa de “Terminator 2: Judgment Day” (1991) y que ignora por completo las tres entregas posteriores de la misma saga.

Por suerte, hasta el momento, la estrategia (que no califica realmente como ‘reboot’ porque no recurre a actores nuevos ni replantea elementos esenciales de la trama central) se ha usado para enderezar lo que estaba torcido y tratar de devolverle cierto nivel de calidad a estas series, lo que se hace evidente en este caso a través de una entrega que depende mucho de la nostalgia pero que agrega elementos propios de sensibilidades actuales y que, al menos en su primera mitad, nos ofrece el desborde de emoción y de espectacularidad que tendría que esperarse de algo como esto, aunque termine cayendo luego en una incómoda medianía.

No es un secreto para nadie que este filme marca el regreso de Linda Hamilton y de Arnold Schwarzenegger en los célebres papeles de la heroína humana Sarah Connors y el androide T-800. Verlos reunidos tras casi tres décadas es toda una experiencia, claro; pero la que se coloca ahora inesperadamente al frente es Natalia Reyes, una joven actriz colombiana que se hizo conocida por su papel estelar en la teleserie “Lady, la vendedora de rosas” -actualmente en Netflix- y que interpreta a Dani Ramos, una muchacha mexicana de extracción popular que se convierte en el blanco de Rev-9, un nuevo súper androide, encomendado al mexicoamericano Gabriel Luna.

Dark Fate 2

De ese modo, si las dos películas de Cameron contaban con repartos casi completamente blancos, “Dark Fate” se abre generosamente a la diversidad al incluir numerosos diálogos en español y darle espacio a un equipo entero de talento hispano que incluye también al mexicano Diego Boneta (cuya popularidad en Latinoamérica se ha disparado desde que protagonizó “Luis Miguel: La serie”, y que canta aquí un fragmento de “Te lo pido por favor” de Juan Gabriel), aunque es necesario remarcar que el extenso fragmento que se desarrolla supuestamente en Ciudad de México se filmó en España -por razones de seguridad relacionadas al asesinato de un ‘scouter’ de la serie televisiva “Narcos”- y recordar que Reyes es una colombiana que hace de mexicana.

Resulta difícil saber si la decisión de apertura tuvo que ver con el hecho de que los creadores de esta nueva aventura simpatizan con nuestra comunidad, o si se trató únicamente de una estrategia de mercadotecnia; pero lo cierto es que, a diferencia de la reciente “Rambo: Last Blood”, donde los villanos eran todos ‘bad hombres’, no hay hispanos malévolos por aquí (Rev-9 es un robot), y se produce incluso un gesto simbólico de solidaridad con los inmigrantes indocumentados durante una escena de liberación en un centro de detención de “la migra” que, por otro lado, se presenta poco después de una secuencia en la que, de manera insólita para una producción de esta clase, se muestra el recorrido de “La Bestia”, el escalofriante tren que transporta (y mutila) a muchos aspirantes al sueño americano.

La fuga de esta prisión tiene que ver con los esfuerzos coordinados de Dani, que no entiende todavía bien lo que está pasando; Sara, que se integra a la historia en cierto momento; y Grace (Mackenzie Davis), una fiera ‘cyborg’ que ha llegado del futuro para proteger a la primera, lo que nos coloca rápidamente ante tres mujeres fuertes y combativas con las que se insinúa el tono feminista que adquirirá este relato, reforzado más adelante por un giro argumental que no revelaremos y que es bastante previsible, pero que no deja por ello de ser significativo.

Dark Fate 3

Todo esto es positivo, claro; pero lo que convence mucho menos son los enredos que empiezan a surgir cuando se decide justificar la existencia de ‘terminators’ de toda clase (o androides extremadamente parecidos, si así lo quieren) pese a que Skynet nunca llegó a existir (en concordancia con lo sucedido en “Judgment Day”). Ahondar en el asunto significaría caer en ‘spoilers’, por basta decir que la cinta tiene serios problemas de lógica que fueron hábilmente evitados por sus antecesoras.

En el plano visual, el director Tim Miller (“Deadpool”) logra recuperar la emoción generada por la entrega de 1991 (que es sin lugar a dudas su mayor referente) casi desde el comienzo, gracias a dos impresionantes escenas: la lucha inicial entre Grace y Rev-9 en una fábrica de CDMX y la persecución automovilística que se produce en las calles de la misma urbe latinoamericana (aunque se rodó en Murcia).

Posteriormente, el mismo cineasta nos impacta con un ‘flashback’ controvertido que altera lo que esperábamos de esta historia y que se vale de logrados efectos especiales para rejuvenecer a ciertos personajes (curiosamente, mucho más logrados -aunque mucho más breves- que los de “The Irishman” de Martin Scorsese, que se estrena el mismo día), y el desenlace general es bastante llamativo, aunque hay una escena anterior de acción que nos desconcertó por su defectuosa manufactura y que afecta lamentablemente la apreciación del filme. Y es que, a fin de cuentas, Miller no es Cameron, ni siquiera en lo que respecta al manejo técnico.

No quiero hablar mucho del retorno de Schwarzenegger (presente ya en la descartable “Terminator: Genisys” del 2015) para no arruinar las sorpresas, pero es justo decir que, más allá de otras inconsistencias narrativas relacionadas a su personaje, el veterano actor cumple su parte con dignidad y es incluso capaz de aportar no solo en el área del humor (algo que resulta especialmente necesario en una producción de esta clase), sino también en lo que respecta a un sorpresivo comentario sobre la abundancia de armas en ciertas regiones de los Estados Unidos y a una intervención adicional que se convierte en una hilarante -y a la vez discreta- referencia al espinoso tema de la identidad de género.