Reseñas de cine

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Nov
01

Reseña de THE IRISHMAN

Escrito por Sergio Burstein

Irishman 1

Durante los últimos días, Martin Scorsese ha estado dando de qué hablar a un nivel inusual debido a sus polémicas declaraciones sobre las películas de Marvel, a las que acusó de no ser cine. Afortunadamente para él y para los que admiramos su carrera entera, “The Irishman”, su más reciente esfuerzo como director, es una joya que merece verse en la pantalla grande, donde se encontrará desde hoy en los Estados Unidos y de manera previa a su lanzamiento del 27 de noviembre en Netflix.

Eso no la convierte automáticamente en una obra maestra ni en lo mejor que ha hecho este indiscutible maestro, pero se trata sin duda de un trabajo que, más allá de su inmensa capacidad cinematográfica (respaldada por el excelente trabajo de fotografía del mexicano Rodrigo Prieto) y de sus notables actuaciones, provoca entusiasmo debido a que marca el reencuentro de varios de los actores de la excelente -y ciertamente superior- “Goodfellas” (1990) mientras suma a sus filas a un espectacular Al Pacino, quien debuta como colaborador de Scorsese pese a que se siente de inmediato como un integrante natural de la misma familia.

Sinceramente, fuera del empleo de un proceso digital de rejuvenecimiento que no me convenció (pero que era necesario para mostrar a los personajes en su juventud, ya que el relato se desarrolla a lo largo de medio siglo) y de la ya comentada ausencia de personajes femeninos consistentes, el único reparo mayor que le puedo hacer a la cinta es su duración excesiva (casi tres horas y media), la misma que me hizo salir realmente exhausto de la función a la que asistí, aunque es importante decir que esta se dio como parte de la premier en Los Angeles, lo que hizo que empezara inusualmente tarde y que terminara al borde de la medianoche, luego de contar con una introducción del mismísimo director y de permitirnos disfrutar de una visita fugaz de todo su reparto principal.

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Es probable que yo espere un poco para volver a exponerme a ella, pero el hecho de que ansíe verla de nuevo en desmedro de su longitud es una muestra clara de su valor. Y es que, en efecto, como lo dijo hace poco Francis Ford Coppola (quien insertó justamente a Pacino en esta clase de cintas) al involucrarse de manera agresiva en la discusión sobre las películas de superhéroes para hablar de lo que él considera cine, este es un filme con personajes bien desarrollados que plantea toda clase de interrogantes, aunque lo haga dentro de un contexto propio de la mafia, no recurra a modelos de conducta a los que haya que seguir y logre ocasionalmente que nos riamos con las maldades de sus protagonistas (que son presentadas de todas maneras de forma expeditiva, sin regodeos de ninguna clase).

El guion es de Steven Zaillian, a quien no le ha ido necesariamente bien como director ocasional (su “All the King’s Men” del 2006 fue un desastre tanto comercial como de crítica), pero que además de haber sido el coescritor de la lograda “Gangs of New York” -2002- del mismo Scorsese, se llevó el Oscar al Mejor Guion Adaptado por la aclamada “Schindler’s List” (1993) de Steven Spielberg y firmó también los textos de “American Gangster” (2007), la vibrante película de Ridley Scott sobre un criminal afroamericano de la vida real.

Al igual que todos los filmes citados, “The Irishman” se basa en un manuscrito anterior: “I Heard You Paint Houses”, un libro biográfico publicado en el 2004 que reconstruía la vida de Frank Sheeran, un asesino a sueldo de ascendencia irlandesa que trabajaba para la familia mafiosa ítalo-americana Bufalino, aunque él mismo era de ascendencia irlandesa, y que formó parte del entorno íntimo de Jimmy Hoffa, un hampón de alto vuelo que se mostraba públicamente como un líder sindical.

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Trasladado a la pantalla grande, el relato adquiere ya carácter de lujo al hacer que el papel de Sheeran sea interpretado por Robert De Niro y el de Hoffa por Pacino, juntos por tercera vez. Si me preguntan, la simple dupla vale ya el precio de entrada; al ser dirigidos por Scorsese, este valor aumenta, sobre todo en el caso de Pacino, que está estupendo, derrocha carisma y muestra un nivel de energía inusual para un intérprete que cuenta con 79 años (aunque imagino que para algunos analistas lo suyo puede lucir sobreactuado).

Y ni siquiera he empezado a hablar de la excepcional participación de Joe Pesci, quien salió nuevamente de su retiro anunciado en 1999 (pero ocasionalmente roto) para ponerse en la piel del patriarca Russell Bufalino, lo que lo lleva a alejarse por completo del frenetismo implacable mostrado en “Goodfellas” para asumir brillantemente un rol que asume la tendencia contraria sin abandonar por ello el sentido de amenaza.

Ver las conversaciones que se producen entre todos los personajes presentes es un verdadero acontecimiento, no solo por el nivel de los implicados y la calidad de los diálogos, sino también por la imposición de un humor que no ha distinguido siempre a la obra de Scorsese, pero que fue retomado con particular fervor en su reciente “The Wolf of Wall Street” (2013). En ese sentido, además de ser un filme épico sobre la mafia, “The Irishman” es una comedia.

Pero eso no la vuelve intrascendente o superficial ni la transforma en una apología del crimen, comentario recibido ya por este realizador de parte de sus críticos más banales. Muchos de los maleantes presentados llegan con fecha de expiración incluida gracias a letreros sobre impuestos que detallan sus cruentos asesinatos posteriores; y el desenlace (que por supuesto no revelaremos) apunta a la esterilidad de una vida entera dedicada al crimen.

Por otro lado, en favor de la narrativa, la cinta toma varias licencias que le pondrán los pelos de punta a los conocedores exhaustivos de hechos del pasado y que se basan a veces en testimonios no comprobados, por lo que no debe ser tomada de ningún modo como una lección de Historia, pero sí como una de cine (con todas sus letras, tal y como le gusta a Scorsese) que sirve a la vez como una ambiciosa contemplación de lo que significa encontrarse constantemente fuera de los márgenes de la ley.

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