Reseñas de cine

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Jun
29

Reseña de “TRANSFORMERS: DARK OF THE MOON”

Escrito por Sergio Burstein

Texto: Sergio Burstein

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Luego de que la segunda película de la serie de “Transformers”, “Revenge of the Fallen”, fuera severamente atacada por los críticos y los fans, el director Michael Bay hizo un ‘mea culpa’ y prometió que la tercera parte iba a ser mucho, mucho mejor.

Los primeros avances que se vieron en salas de cine parecían anunciar un cambio de rumbo de lo más interesante, ya que mostraban unas escenas de aspecto siniestro que iban de la mano con un título especialmente sugerente: “Dark of the Moon”. Todo parecía indicar que el nuevo filme iba a ser mucho más oscuro y ambicioso (es decir, en términos narrativos) que sus antecesores, aunque nadie esperaba realmente que Bay asumiera la ruta de “The Dark Knight” o algo parecido.

Pero “Dark of the Moon” no es más siniestra que las anteriores, porque mantiene ese aire de ligereza del que su creador parece incapaz de desprenderse; y si es ciertamente más compleja que la segunda, lo hace simplemente por necesidad, ya que “Revenge of the Fallen” fue probablemente una de las súper producciones más tontas de los últimos tiempos.

Eso no quiere decir que esta nueva cinta vaya a ser automáticamente rechazada por los seguidores de la saga. En realidad, sus primeros minutos contienen algunos momentos dramáticos bastante logrados, que hacen presagiar el desarrollo de algo más interesante, mientras que la clamorosa falta de ambición narrativa se compensa con una magnificencia visual que, en este caso, ha dado como resultado algunas escenas de acción absolutamente brillantes, realizadas con un manejo de la tecnología y un planteamiento coreográfico que brillaba por su ausencia en “Revenge of the Fallen”, y que se inicia con una batalla espacial que deja a cualquiera boquiabierto.

Trans2Entendámonos: en la segunda cinta, las cámaras de Bay parecían haber sido colocadas al azar en posiciones injustificadas, lo que producía una sensación de caos que impedía seguir los movimientos. En este caso, las batallas siguen poseyendo una lógica descabellada, como de costumbre, pero se encuentran filmadas con un agudo sentido de la dirección y de la coherencia, lo que permite entender lo que está ocurriendo en todo momento, aún cuando desafía las leyes de la física y de la verosimilitud (como ocurre en una larga secuencia que se desarrolla en un edificio que se cae a pedazos, y que deja en estado infantil la escena semejante de “Spider-Man 3”).

El empleo de la 3D es también particularmente efectivo, ya que además de colocar al espectador en medio de la acción, resulta completamente nítido y no se empeña en recurrir a imágenes que saltan en la cara, sino en lograr un sentido de profundidad que, por ejemplo, permite vislumbrar el cuidado con el que se desarrolló la estructura metálica del impresionante Megatron, líder de los malévolos Decepticons.

¿Y qué decir de Rosie Huntington-Whiteley, la modelo británica de Victoria’s Secret que reemplaza a la estadounidense Megan Fox, expulsada de la saga tras una pelea pública con Bay? Nadie dijo nunca que Fox fuera una gran actriz, pero tenía al menos una belleza exótica que la distanciaba de sus competidoras. En ese sentido, Huntingon-Whiteley tiene no sólo un nombre mucho más largo y pesado, sino también una belleza que, por más esplendorosa que resulte, no deja de parecer genérica.

Además, aunque el precario guión de Erehn Kruger intenta darle cierta personalidad en la parte media de la película, forzándola a decir parlamentos supuestamente decisivos que no le corresponden, Bay deja muy en claro para lo que quiere a la chica en su primera escena: un largo plano en el que la cámara se dedica a seguir su trasero, apenas cubierto por un ligero vestido. Tras esta introducción, es sumamente difícil tomarla en serio.

¿Qué hay de la historia? “Dark of the Moon” empieza con una premisa interesante y original: las primeras misiones espaciales de los estadounidenses no intentaban descubrir nuevos mundos, sino investigar la llegada a la luna de una misteriosa nave espacial que, como se sabrá después, contenía una serie de ‘pilares’ esenciales para la supervivencia de la raza robótica del planeta Cybertron.

Cuando la acción se traslada al tiempo presente, vemos que los Autobots se encuentran integrados al mundo de los humanos; pero la relación empieza a resquebrajarse desde el momento en el que su máximo representante, Optimus Prime, descubre que la mentada nave espacial fue secretamente usada por los rusos con el fin de encontrar una nueva fuente de energía, pero desencadenando a cambio el desastre de Chernobyl (¡!).Trans3

La aparente complejidad de esta parte de la historia (con su respectiva acusación a los comunistas, por supuesto) se enfrenta al desarrollo elemental de los sucesos que rodean a Sam (Shia LaBeouf), quien a pesar de ser un “héroe nacional” se encuentra desempleado, pero tiene como novia a una súper modelo (Huntington-Whiteley) que, evidentemente, luce como una de esas mujeres completamente incapaces de mantener una relación con un hombre que nos la llene de lujos.

Sin embargo, las incoherentes circunstancias de vida de Sam tienen algunos momentos de interés que podrían haber sido mejor desarrollados, como su mala relación con un padre que no lo respeta y el trato que establece con unos compañeros de oficina encabezados por el estupendo actor John Malkovich (“Dangerouos Liaisons”, “Con Air” ) y secundados por el comediante Keon Jeong (una figura habitual en las comedias irreverentes de los últimos tiempos, cuya presencia insinúa un intento saludable pero fallido por agregarle a la saga pinceladas de la escuela Apatow).

Como es ya habitual en su obra, Bay recurre a demasiados personajes, a demasiados géneros y a demasiadas situaciones sin un sustento narrativo que lo amerite, e infiltra de manera descarada elementos ideológicos a favor del patriotismo y del militarismo abusivo de su país. Hubiera sido perfectamente posible cortar todos estos añadidos innecesarios (así como la insufrible banda sonora de Linkin Park) sin afectar a una película que, de hecho, hubiera resultado mucho más efectiva con una reducción de hasta una hora de metraje.

Y es que, con los 155 minutos que dura, “Dark of the Moon” corre el riesgo de abrumar y de echar por tierra las evidentes mejorías logradas con respecto a su antecesora.

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