Reseñas de cine

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Jun
29

Reseña de “SUPER 8”

Escrito por Sergio Burstein

Texto: Sergio Burstein

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Antes de que Hollywood inundara la pantalla con súper producciones de desastres “naturales” y de ciencia-ficción desmedida, en las que los efectos especiales son normalmente los únicos protagonistas, existió un director capaz de emplear los mismos recursos para reforzar sus intrigantes historias, y no para reemplazarlas.

El tipo se llamaba Steven Spielberg; hizo cintas tan milagrosas como “Close Encounters of the Third Kind”, “E.T. The Extraterrestrial” y “A.I. Artificial Intelligence”, y aunque en los últimos años no ha dirigido demasiado, se ha convertido en un productor insaciable, hasta el punto de que no todo lo que lleva su sello de aprobación se enmarca precisamente en los preceptos que él mismo estableció, sino que cae a veces en el estilo citado en la apertura de esta nota (a fin de cuentas, produjo las tres películas de “Transformers”, por el amor de Dios).

Pero la buena noticia es que lo que produce Spielberg puede ser todavía sinónimo de calidad y, lo más importante, que la huella que dejó en el cine fantástico es aún capaz de producir frutos interesantes, como lo demuestra “Super 8”, una encantadora película que, a pesar de haber sido dirigida y escrita por J.J. Abrams (“Star Trek”), posee una influencia directa del mejor trabajo hecho por el personaje que ha acaparado los primeros párrafos de esta reseña.

Los primeros avances de “Super 8” despertaron comentarios que hablaban de una impronta ‘spielbergiana’ demasiado obvia (¡los niños!, ¡la cosa espacial!, ¡el espectacular accidente ferroviario!), y lo cierto es que la película podría pasar fácilmente por una obra completamente hecha por Steven (sobre todo en lo que respecta a su final, que no detallaremos, y que debió ser más original). Pero imitar con tan buena fortuna a un maestro no es nada fácil; de hecho, ¿cuántas películas existen que evoquen tan vívidamente a “Close Encounters” y a “E.T.” y que, además, sean realmente buenas y ofrezcan algo mínimamente novedoso?

S8_2Hasta el momento, al menos para nosotros, la respuesta es una. Y se llama “Super 8”. Porque, en medio de sus concesiones sentimentales y de su defensa final de los valores familiares, el filme se encuentra impecablemente construido, conmueve donde tiene que conmover, maneja el metalenguaje cinematográfico y, claro, muestra el debut de una criatura decente.

Desgranemos. “Super 8” tiene una estructura completamente lineal, pero no resulta predecible. Al inicio, su sentido de la sorpresa no parece ser completo, ya que las primeras escenas insinúan la presencia de una fuerza sobrehumana (y extraterrestre, como se anunciaba ya discretamente en las promociones de adelanto); sin embargo, el desarrollo posterior de la trama demuestra que Abrams no está dispuesto a llevar las cosas por el camino apacible y pacifista del primer Spielberg. Esperen a ver lo que algunos ‘extranjeros’ se ven forzados a hacer cuando el sistema los maltrata (y no estamos hablando de los indocumentados que viven en los Estados Unidos, por si acaso).

El guión tampoco trata de cerrar líneas entre los buenos y los malos. Sus fuerzas policiales (que se encuentran en un pueblo imaginario de Ohio) no cometen abusos directos, pero muestran un carácter conservador y rígido que va muy de la mano con los preceptos que manejan las autoridades de este tipo. En todo caso, los que sí resultan mucho más malévolos son los representantes del gobierno federal (la cinta transcurre en 1979, en medio de la transición entre Jimmy Carter y Ronald Reagan), que le ocultan al pueblo la existencia de un fenómeno peligroso, lo que recordaría a “Close Encounters” si es que estos agentes no actuaran ahora de manera abiertamente criminal.

Pero a los malos siempre se les escapa algo, y en este caso, es la presencia de unos testigos inesperados: un grupo de niños de la localidad, entre los que se encuentra Joe (Joel Courtney), un adolescente que, además de ser hijo de un oficial de policía, acaba de perder a su madre, fallecida tras un accidente de trabajo. No estamos adelantando demasiado, porque el suceso se produce fuera de cámara en la primera escena del filme, y provoca más adelante una situación de tensión familiar completamente verosímil y lógica, que se ve reforzada por las estupendas actuaciones de Courtney y de Kyle Chandler (quien interpreta a su padre).

S8_3En consonancia con los esquemas de Spielberg, Joe es un niño muy bonito que se enamora de una niña muy bonita (interpretada brillantemente por Elle Fanning, la hermanita menor de Dakota), que es a la sazón hija de un borrachín de poca monta con quien el padre de Joe tiene malas relaciones. Pero la relación romántica tiene un sabor agridulce, y su grupo de amistades es variado y complejo; no incluye a latinos, a negros ni a asiáticos, claro (a fin de cuentas, estamos a fines de los 70s y en medio del país del Tío Sam), pero presenta a una serie de personalidades tan contrastadas como llamativas.

El grupo está encabezado por Charles (Riley Griffiths), un gordito insistente pero simpático con el que viene a cuento lo del metalenguaje, porque se trata de un personaje que, a pesar de su juventud, se encuentra completamente obsesionado con la dirección cinematográfica, que lleva a cabo con la ayuda de sus compañeros y de una cámara rudimentaria que le brinda su nombre a la película.

Las escenas que muestran a los niños convertidos en técnicos y actores improvisados son realmente fascinantes, y además de convertirse en un tributo evidente a los artistas del género fantástico (Charles hace películas de zombis), parecen conectarse con la infancia misma del director, que empezó a trabajar en el cine cuando era muy joven.

“Super 8” no se apura en mostrar a su monstruo central, sino que desarrolla pacientemente el sentido del suspenso sin caer nunca en el aburrimiento, porque las historias humanas que lo rodean (desde el drama de la familia que ha perdido a una madre hasta el complot del gobierno por ocultarle a su pueblo la verdad, pasando por la formación autodidacta de un genio del cine en potencia) son lo suficientemente interesantes como para mantener al espectador completamente entretenido.

Aunque parecen ser demasiadas, estas historias se hilvanan con una fluidez digna de los grandes narradores, apoyadas en un manejo del lenguaje que tiene nuevas deudas con Spielberg (hay una toma del pueblo desde una loma que parece directamente sacada de “E.T.”, por ejemplo), pero que no resulta por ello menos efectivo.