Reseñas de cine

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Jul
16

Reseña de “WINNIE THE POOH”

Escrito por Sergio Burstein

Texto: Sergio Burstein

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Desde fines de los 60, Winnie The Pooh (que en los países latinos es conocido simplemente como Winnie Pooh) ha sido una de las figuras más emblemáticas del universo de Disney. Pero, antes de eso, su popularidad entre los niños era ya considerable, porque el libro original de 1926 (escrito por el británico A.A. Milne e ilustrado por E.H. Shepard) generó una provechosa línea mercantil de muñecos, juegos y hasta programas de radio.

Por supuesto, el modo en que Disney se apropió de numerosos relatos tradicionales (léase Blanca Nieves, La Cenicienta y Pinocho, entre otros) para convertirlos en una suerte de franquicias corporativas ha sido siempre motivo de debate. Pero nadie puede menospreciar los notables resultados que el estudio de animación logró al adaptar las aventuras del osito y de sus amigos en una serie de brillantes cortometrajes que se empezaron a presentar en 1961, y que fueron reunidos en 1977 para armar un largometraje que en los Estados Unidos se llamó “The Many Adventures of Winnie the Pooh”.

WP2Aunque estos trabajos son todavía los más emblemáticos y celebrados en lo que respecta al personaje, desde entonces hasta la fecha se han producido y estrenado innumerables proyectos que lo tienen como protagonista, tanto para la televisión como para el cine (el título más reciente para la pantalla grande fue “Pooh's Heffalump Movie”).

Debido a la popularidad del animalito de peluche, casi todas las producciones que se han forjado a su alrededor han recaudado ganancias considerables; pero, en varias ocasiones, los resultados no se han encontrado a la altura de las expectativas. En ese sentido, la nueva película de “Winnie the Pooh” (que se llama así, sin añadido alguno) debería ser recibida con algarabía por los fans, porque se trata probablemente de la mejor versión que se haya visto desde que se lanzaron los cortos originales.

Plenamente conscientes de que la mejor aproximación para el encargo era un verdadero retorno a las raíces, los directores Stephen Anderson y Don Hall dejan no sólo como  protagonistas a los personajes más conocidos (Tigger, Rabbit, Owl, Piglet, Eeyore, Kaga, Roo, Christopher Robin y, por supuesto, Pooh), sino que mantienen siempre la mirada en ellos (el Backson es, en realidad, un villano imaginario), lo que les permite aprovechar plenamente las características de uno de los ‘ensambles’ más disparatados, torpes y divertidos en la historia de la animación infantil.

El empleo de trazos simples y directos, hechos inicialmente a mano, y el rechazo del formato tridimensional hacen también que la película mantenga un saludable sabor de ‘vieja escuela’ que se traslada del mismo modo a su guión, desarrollado bajo la valiosa supervisión de Burny Mattinson, un veterano de Disney (tiene 76 años) que trabajó como animador en las versiones iniciales de los 60.

Este “Winnie the Pooh” se desarrolla en los 20s, como el libro de Milne, por lo que no aparecen en ningún lado artilugios electrónicos ni elementos relacionados a la modernidad. Y la cinta no los necesita, ya que le sobra y le basta con el comportamiento de sus extravagantes personajes, poseedores en algunos casos de una energía contagiosa.

Las voces de Pooh y de Tigger son interpretadas por Jim Cummings, quien ha venido haciendo lo mismo en las series televisivas desde hace buen tiempo. Pero la verdadera sorpresa de la película es Rabbit (El Conejo, para los latinos), brillantemente interpretado en el plano vocal por Tom Kenny (quien se encuentra dedicado desde más de una década al legendario “SpongeBob SquarePants”). Aunque mantiene sus aires inteligentes (es probablemente el único animal astuto en la partida) y reduce su mal genio proverbial, el roedor se enfrasca a veces en unos ataques de histeria que son genialmente graficados por el reconocido animador Eric Goldberg.wp3

El mismo Goldberg es responsable de una memorable escena en la que Rabbit imagina lo que ocurriría si rescatara a sus amigos del foso en el que se encuentran metidos; en curiosa alusión a una forma de pensar que lo mantiene por encima de sus compañeros, pero que resulta todavía muy primitiva para los humanos, las viñetas que recrean esta alucinación se presentan con trazos especialmente crudos y sencillos, dando cuenta de una impresionante comicidad visual.

Rabbit no es el único que tiene alucinaciones; en determinado momento, luego de encontrarse privado de la miel que tanto adora por un periodo de tiempo demasiado largo, Pooh empieza a imaginar que todo lo que lo rodea se relaciona al dulce elemento, lo que da como resultado una ingeniosa escena musical con distintivos tonos dorados.

La película tiene algunos otros números musicales, pero no abusa nunca de ellos, y al igual que las versiones iniciales, emplea recursos visuales que la relacionan al formato de un libro, ya que los párrafos y las letras que constituyen supuestamente el sustento literario de la historia (que es original) se entrometen frecuentemente en las acciones de los personajes.

No podemos terminar esta reseña sin aludir a los discretos pero convincentes aportes hechos por la encantadora Zooey Deschanel en la banda sonora. Deschanel, que es principalmente conocida por su actuación en películas como “(500) Days of Summer” y “Yes Man”, se desempeña como cantante en sus ratos libres, y muestra aquí una seductora dulzura como intérprete de tres piezas musicales, incluyendo una actualización del tema principal de Pooh.

En consonancia con el estilo tradicional de Disney, “Winnie the Pooh” dura sólo 69 minutos, es decir, un periodo de tiempo conveniente para los más pequeños de la audiencia. Pero viene antecedido por “The Ballad of Nessie”, un entretenido cortometraje animado -sobre un dragón en busca de un lugar de residencia- que se mantiene también fiel al modelo de antaño.

Comentarios   

 
Guest
0 # Guest 29-11-2013 16:25
Tuve la oportunidad de verla con mis sobrinos y me encantó, con todo y que es una cinta 100 por ciento para pequeños. Winnie the Pooh es una apuesta a la animación tradicional que demuestra que, si bien la tecnología avanza y el CGI es casi inseparable de las bombas de Hollywood, tener la oportunidad de ver una buena propuesta dibujada como en los viejos tiempos es mucho más gratificante que ver varias de las cintas que se estrenan anualmente. No se la pierdan
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