Reseñas de cine

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Mar
11

Reseña de JANE EYRE

Escrito por Sergio Burstein

Texto: Sergio Burstein Eyre_1_fixed

En las notas de prensa de esta película, Michael Fassbender, uno de sus protagonistas, recuerda su sorpresa al enterarse de que alguien quería filmar una nueva versión de “Jane Eyre”. “No sé si el director estaba consciente de las veces que esta historia se ha representado en la televisión y el cine británicos”, dice. “Pero me parecía que era una persona muy valiente para encargarse de algo así”.

Y es que la novela de Charlotte Brontë (1816 – 1855) ha sido adaptada en innumerables ocasiones a las dos pantallas, conformando una lista impresionante que empieza en 1910, y en la que se combinan nombres de actores tan famosos como Orson Welles, Charlton Heston, Joan Fontaine, Timothy Dalton, William Hurt y Charlotte Gainsbourg, aunque la lista de directores no resulta tan impresionante (el más conocido de todos es el italiano Franco Zeffirelli).

 

Eyre_2_fixedLo primero que llama la atención en esta nueva versión es la designación del director; el elegido, Cary Fukunaga, no es precisamente una apuesta segura.  Antes de este ambicioso encargo, el joven cineasta de 33 años había dirigido y escrito un solo largometraje, “Sin nombre” (2009), que se podría describir como un drama urbano y absolutamente contemporáneo sobre las pandillas centroamericanas y la migración indocumentada a los Estados Unidos.

Se podría decir fácilmente que el realizador encargado de una historia así no tiene familiaridad alguna con el universo de Brontë  (que se desarrolla básicamente en ambientes de la alta sociedad británica de fines del siglo XIX); pero hacerlo implicaría ignorar que, a pesar de no tener tampoco contacto directo con el mundo latino, Fukunaga logró darle a “Sin nombre” un aspecto profundamente realista y verosímil, presente tanto en las situaciones contadas como en las conductas y los diálogos de sus personajes.

Lo cierto es que Fukunaga tiene una historia personal de lo más interesante: su padre es japonés y su madre sueca, y él mismo nació en California, aunque ha pasado mucho tiempo en Francia, Japón y México, y vive desde hace cerca de una década en Nueva York.

La diversidad étnica y cultural que lleva encima lo ha llevado evidentemente a interesarse en aspectos sociales de diversas procedencias, y su propio talento como creador tiene que estar relacionado con el deseo de desarrollar una carrera cinematográfica impredecible (aunque es necesario decir que el guión de su Jane Eyre no fue escrito por él, sino por la dramaturga inglesa Moira Buffini).

Sea como sea, y a diferencia de algunas de sus interpretaciones anteriores, el nuevo filme logra plasmar sobre el ecran las precursoras intenciones feministas del libro original, sin agregarle realmente novedades al relato ni alterando los detalles de época, pero reforzando el peso dramático de las actuaciones y empleando una combinación de tiempos narrativos bastante moderna.

A excepción de la adaptación televisiva y seriada que la BBC hizo en 1983, esta es probablemente la versión más fiel de la novela de Brontë; y si bien resume necesariamente muchas de las acciones (dura cerca de dos horas, mientras que la teleserie duraba más de cinco), pone en primer plano los interesantes conflictos religiosos y morales que caracterizaban a la atípica heroína en las páginas originales, además de mantener casi al pie de las letras sus mejores diálogos.

Eyre_3_fixedEl deseo de incluir a casi todos los personajes del libro es loable, claro, pero hace que la cinta adquiera una innecesaria densidad y que parezca más larga de lo que es. La primera parte de la historia (es decir, la que muestra a la huérfana Jane de niña -muy bien interpretada por Amelia Clarkson-, abusada por su tía e internada luego en una escuela plagada por el fanatismo cristiano) podría haber tenido un desarrollo más exhaustivo, que se reserva más bien para lo que ocurre una vez que la protagonista adquiera la mayoría de edad y empieza a trabajar para el acaudalado Edward Rochester, convertido posteriormente en su amante.

Pero la cinta evita sabiamente los excesos que podría haber tenido en manos de un realizador más efusivo, y reserva sus momentos explosivos a los apasionados intercambios que se dan entre Jane y Rochester, brillantemente interpretados por  Mia Wasikwoska (la australiana que protagonizó la “Alice in Wonderland” de Tim Burton) y Fassbender (el inglés que lideró el reparto de la estupenda “Hunger”).

Wasikwoska es una Jane perfecta, porque además de ser una gran actriz y de encontrarse muy cerca de la edad de su personaje  (tiene 21 años), parece ser lo suficientemente modesta para el encargo y no posee una belleza apabullante, en correspondencia con la creación de Brontë.

Sus escenas más intensas se encuentran muy bien logradas, sobre todo cuando se entrega o se enfrenta al conflictivo Rochester, personaje que, en manos de Fassbender, encuentra la harmonía necesaria entre el mal genio y la seducción que se insinuaba en la novela, pero que se lograba raramente en las adaptaciones del pasado.

Por otro lado, Fukunaga -al que se le permitió trabajar con el mismo director de fotografía de “Sin nombre”, el brasilero Adriano Goldman- evita el manejo visual preciosista que se podría haber esperado de un trabajo semejante.

Su “Jane Eyre” no recurre a travellings elaborados ni encuadres complejos, emplea casi siempre la luz natural y limita las vistas panorámicas a sus pasajes más románticos; pero, curiosamente, mantiene un aspecto clásico y sobrio que se muestra ideal para el proyecto.

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